Combustible líquido del sol

Combustible líquido del sol

Redacción Motor

09:55 p.m. 11 de febrero del 2015

No es la primera vez que hablamos de combustibles alternativos en Autoblog. En numerosas ocasiones te hemos explicado los desafíos tecnológicos y económicos de cambiar de paradigma energético a nivel de transporte automovilístico.

La tan manida "revolución de la economía del hidrógeno" es un aspecto que te hemos explicado en diversas ocasiones como una alternativa que, si bien nos intentan vender como la panacea, dista mucho de ser una alternativa válida a corto plazo.

¿La solución del hidrógeno? Todos sabemos que el futuro de la movilidad personal no está en el petróleo. Tarde o temprano, este bien cada día más escaso dejará de ser una opción real para nuestras necesidades, ya que llegará un momento en el que quede poco y tan oculto que no será rentable extraerlo y emplearlo en nuestros vehículos de uso diario. Sigue leyendo ->

De entre sus numerosos problemas, el primero y fundamental que un servidor ya os explicó tiempo atrás es que generar hidrógeno no es algo sencillo o eficiente con la tecnología que tenemos hoy en día disponible.

¿Es el hidrógeno una "fuente energética renovable"? No. El hidrógeno no es una "fuente energética", para empezar. No vamos por la tierra y encontramos hidrógeno saliendo a chorro por un agujero del suelo. El hidrógeno es una "unidad de transporte energético". Es decir, cogemos energía de una fuente, la empleamos para disociar átomos de hidrógeno de moléculas de agua, y entonces tenemos energía potencial almacenada en ese hidrógeno. Al volver a mezclarlo con átomos de oxígeno se produce una reacción química que libera energía. Esa energía se puede emplear entonces en un motor de combustión o en un motor eléctrico.

El problema de todo este proceso deriva de dos aspectos fundamentales. El primero es el de la eficiencia energética: Se necesita mucha energía para romper moléculas de agua, y el hidrógeno que sacamos de ahí guarda muy poca de esa energía empleada (perdemos aquí cerca del 30% de la energía aportada originalmente). Luego, al recombinar hidrógeno con oxígeno perdemos otro 20% en el proceso. El total del ciclo es que tenemos una eficiencia energética del 56%: Sólo el 56% de la energía empleada para desmontar moléculas de agua se convierte en energía útil que podamos emplear.

Pero todavía hay más problemas. ¿De dónde sacamos la energía para obtener hidrógeno? En un mundo ideal, donde busquemos fuentes limpias y renovables, esta electrólisis del agua la realizaríamos a partir de energía eléctrica obtenida mediante el sol (placas solares), el viento (molinos), u otras fuentes (mareas, saltos de agua...).

La realidad triste es que estas fuentes no son las más rentables para lograr hidrógeno en cantidad y precio interesantes para la industria, por lo que se tiende a buscar atajos como emplear hidrógeno extraído de pozos petrolíferos, obtenerlo a partir de metano y, bueno, otra serie de caminos que no son ni renovables ni ecológicos (aunque sí más ecológicos que quemar gasolina).

Pues bien, tras esta explicación de "la cruda realidad", hoy nos vamos a hacer eco de otro problema y de una posible solución.

Como bien sabes, la economía del hidrógeno tiene otro problema: ¿Cómo transportar el hidrógeno de donde se produce hasta nuestros depósitos? ¿cómo adaptar nuestros vehículos a soluciones como la pila de combustible?

Son dos cuestiones que tampoco son sencillas. El hidrógeno ha de transportarse de manera comprimida, lo que genera problemas tecnológicos y de infraestructuras, al no tener el mundo "listo y preparado" para ello. Y luego está el tema de las pilas de combustible para nuestros coches, que son caras, complicadas y todavía están lejos de ser una solución.

Un equipo de la universidad de Hardvard acaba de presentar un estudio en la publicación científica PNAS donde se solucionan estos dos problemas.

El equipo, capitaneado por el estadounidense Daniel Nocera propone evitar trasladar el hidrógeno, y reconvertirlo en un alcohol y en biomasa. El alcohol, un isopropílico, sería fácil de transportar, sin necesidades de hacerlo comprimido. Se podría surtir a través de cualquier gasolinera, y los motores actuales de combustión, con pocos cambios tecnológicos, podrían devorarlo. También podría ser empleado en calderas para calefacción o agua caliente.

La biomasa podría tener otros usos también. Pero, te estarás preguntando, ¿convertir el hidrógeno en estos dos elementos no nos llevaría, de nuevo, a uno de los problemas de origen de los combustibles fósiles, la emisión de CO2?

Pues no. El equipo de Nocera ha modificado una bacteria, la Ralstonia eutropha, para que tome este hidrógeno producido, y genere este alcohol, esta biomasa, y lo haga además alimentándose de CO2 como "extra".

En ciclo cerrado, cuando quememos este alcohol, el CO2 producido será menor que el CO2 empleado por la bacteria de marras para producirlo, por lo que el saldo neto de CO2 sería negativo. Estaríamos limpiando la atmósfera.

¿Lo bueno? Pues que si este proyecto se convirtiera en una solución a gran escala lograríamos reducir el CO2 de la atmósfera al tiempo que eliminamos las emisiones derivadas del transporte. Además, solucionaríamos los problemas logísticos de transporte de hidrógeno, y nos saltaríamos la necesidad tecnológica de desarrollar la pila de combustible.

¿El problema? Pues el ya citado más arriba: ¿De dónde sale el hidrógeno que empleamos con esta bacteria? Si alimentamos a esta bacteria con CO2 e hidrógneo obtenido de fuentes renovables, tenemos la cuadratura del círculo, y la solución a todos nuestros problemas. Pero si tiramos por el atajo de sacar el hidrógeno de otras fuentes no renovables, bueno, volvemos al problema original que nos ha llevado hasta donde estamos ahora.

Sólo el tiempo nos dirá si el invento de Nocera y su equipo nos acaba solucionando todos nuestros problemas y alguno más.

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