Rally Dakar: un sacrificio invisible

Estar lejos de la punta o fuera de los equipos de renombre hizo que los colombianos parecieran ‘invisibles’ a las cámaras, pero no apagaron su sueño.

Por Redacción Motor

11:19 a.m. 26 de enero del 2018
Mauricio Salazar

Mauricio Salazar

Daniel Otero – Redacción Vehículos

Son cerca de las dos de la tarde del viernes 19 de enero y el desierto de San Juan, en Argentina, es el escenario de la penúltima etapa de la edición 40 del Dakar. Mauricio Salazar Velásquez y Mauricio Salazar Sierra, manizalitas homónimos mas no parientes, han recorrido unos 50 kilómetros de ruta cuando detectan fallos en su Toyota Hilux marcada con el número 363.

Llevan tres días sin dormir y una volcada el día anterior, que causó daños en un eje, vuelve a manifestarse. Al hacer las reparaciones previas no notaron que el diferencial también se había averiado y ahora se encuentran en el desierto tratando de arreglar los daños. Pero cuando retoman la ruta a las nueve de la noche la camioneta aún no está en condiciones óptimas.

Con la doble tracción sin funcionar y un turbo que comienza a fallar, enfrentar las dunas se convierte en algo aún más complicado y es entonces cuando aparece el dolor más fuerte que han sentido en los 13 días de intensa competencia: la decisión de tener que abandonar a un día de cruzar la meta final estando de segundos en su categoría (T1S) y en el puesto 40 de la general.

El Dakar es constantemente catalogado como la competencia más dura del mundo y el porcentaje de abandonos (y de fallecidos, que por fortuna no se reportaron este año) solo lo reafirma. Pero abajo en la lista de clasificados, lideradas siempre por pilotos de renombre con hojas de vida tan extravagantes como el músculo financiero de sus equipos, y detrás de las cámaras y entrevistas que muestran los medios, se libra otro Dakar: el Dakar de los soñadores que no renuncian.

Christian Cajicá

Christian Cajicá

Tan solo poder llegar a línea de salida ya ha significado un exigente esfuerzo. “Es la parte más difícil del rally; se entrenan 300 días para correr 20”, dice Christian Cajicá, quien volvió este año al Dakar en su cuatrimoto. Y especialmente difícil es conseguir patrocinadores, pues tal como dice Santiago Bernal, motociclista que terminó en el puesto 67 de la general, “el Dakar duele y cuesta”.

Pero cuando se trata de perseguir un sueño, de cumplir un reto personal, todo pasa a un segundo plano. “Para retirarse solo es parar y presionar un botón, pero es más difícil seguir”, dice Bernal, y aquí es donde entra en juego la fortaleza mental. En el caso de Nicolás Robledo, quien corrió en cuatrimoto, “el apoyo de la gente da un impulso mental enorme”, algo que Cajicá complementa cuando dice que de las cosas que más recuerda es ver a esos pocos colombianos que en diferentes puntos de la ruta los esperan para verlos pasar y animarlos.

Y no es solo durante la ruta que se exigen el cuerpo y la mente. Luego de culminar cada etapa, la línea de meta del día aún no se cruza, pues al volver al biouvac es que comienza un Dakar que poco se ve. Teniendo que iniciar la rutina del día siguiente a alrededor de las cinco de la mañana, cada tarde o noche arranca una carrera contra el tiempo: hay que entregar la moto, cuatrimoto o carro a los mecánicos para las reparaciones y arreglos, hay que comer, hidratarse, ojalá bañarse, asistir a la reunión de pilotos, preparar la hoja de ruta del día siguiente (que puede tardar hasta más de dos horas) y, lo más importante, tratar de dormir.

Nicolás Robledo

Nicolás Robledo

Claro, todo esto es contando con que se llegue el mismo día. En el caso de los Salazar lo más temprano que lograron acostarse fue a las dos de la mañana, y en algunas etapas Robledo tuvo que detenerse en la ruta y dormir un poco antes de poder seguir. Su reto fue cuidarse esos 14 días (más aún viniendo de una operación de la rodilla) y centrarse en ganarle a la carrera para que la carrera no le ganara a él.

Una carrera, vale decir, que no sobrellevan solos: detrás de ellos están sus familias que desde casa los siguen como pueden. “Es muy duro porque nadie duerme. Ni mi esposa, ni mis hijos, ni mis hermanos, y sobre todo mis padres. Pero sin esa fuerza esto no sería posible”, dice Salazar Sierra.

Entender lo que realmente es el Dakar no es fácil. “Hasta que uno no lo ve, no entiende la magnitud”, dice Cajicá, quien se dio cuenta por primera vez antes de su primera participación cuando fue a seguirlo por su cuenta.

No es solo la logística detrás de la carrera, no es solo la lucha por conseguir los patrocinios o la lucha por terminar la etapa de cada día; es cumplir un sueño que es guiado por la pasión. Al final de cada día “lo que más hace falta es el sueño”, dice Bernal, pero al final de la competencia lo único que no acaba es el sueño del Dakar.

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.