Del diseño visible al desarrollo de lo invisible

De carros con elaborados diseños y claras identidades de marca se ha pasado a máquinas menos personales en las que cuenta más lo que no se ve.

Redacción Vehículos

03:40 p.m. 14 de abril del 2017
Jaguar XJ 2017

Jaguar XJ 2017

Hace algún tiempo en esta sección hablamos sobre cómo sin pedirlo toda la gente quería vehículos de nichos antes impensables: desde los populares utilitarios deportivos, pasando por los irónicos cupés de cuatro puertas y llegando a la terrible mezcla de estos dos: los SUV cupé.

Sea por exitosas campañas de mercadeo que cumplen su cometido entre los compradores, el deseo de estos de querer diferenciarse de los demás, o simplemente por una intrincada lista de necesidades cumplida solo por uno de esos nichos entre nichos, las personas van detrás de estos carros en un intento por diferenciarse. Sin embargo, ¿qué tan distintos entre sí son los carros hoy en día?

Atrás quedó la época en que los diseñadores daban rienda suelta a su creatividad y sus manos crear bellezas y/o excentricidades que a su manera pasaban a las líneas de producción. Ahora, los requisitos de seguridad, aerodinámica, tecnología, departamentos de contabilidad y mercadeo, y claro, lo que al parecer quieren los clientes, son como una mamá sobreprotectora que no deja que sus diseñadores se excedan.

Los parecidos siempre han existido, desde las primeras décadas del automóvil donde aún se veía claramente la semejanza con las carrozas tiradas por caballos que reemplazaron; el exceso de defensas, aletas y accesorios cromados de los vehículos estadounidenses de los años 50; el casi universal frontal de parrilla negra, luces cuadradas y direccionales integradas que tuvo su auge en los años 80; hasta los frontales de ‘mirada brava’ (principalmente por el diseño de las luces) de hoy en día.

Jeep Cherokee Operación Libertad

Jeep Cherokee 

Pero la tendencia de seguir un mismo estilo parece estar ahora en su punto más alto. A pesar de que algunas marcas conservan sus rasgos característicos, cada vez es más común que algunas personas confundan modelos de diferentes marcas entre sí.

No basta sino tomar imágenes de carros de similares características, taparles el emblema de su marca e intercambiarlo con el de cualquier otra, y darse cuenta de que bien podrían ser así de fábrica porque nada se ve fuera de lugar.

Y no es algo que suceda únicamente entre vehículos de diferentes fabricantes. Un ejercicio interesante es tomar algunos de los carros de más larga vida y comparar su primera generación con la actual.

¿Qué tanto se parecen la Jeep Cherokee de 1984 y la 2017? ¿El Jaguar XJ 2017 parece una evolución del primer XJ de 1968? Incluso vehículos tan convencionales como un Ford Fiesta o un Toyota Corolla, poco o nada, más allá del nombre, conservan algún rasgo de sus primer modelo.

Obviamente sus cambios generacionales obedecen a tendencias igualmente cambiantes, pero así como hay algunos carros que se pueden identificar fácilmente sin importar el año-modelo (Ver ‘Las excepciones’), no hay duda de que actualmente la identidad de los carros se define más por el nombre que por su diseño.

Volviendo a la Cherokee 2017, esta también sirve para mostrar que, a pesar de todo, algunos fabricantes se siguen arriesgando con diseños que se alejan de la tendencia común, un terreno al que Nissan ya se había atrevido a entrar desde 2011 con la presentación del Juke. Pero no fue la primera.

Nissan Juke-R 2.0

Nissan Juke-R 2.0

Lanzado en 2009, el Skoda Yeti fue un éxito en ventas en Europa, pero su cara distintiva dio paso a una mirada genérica tras su primer rediseño en 2013.

Yendo más atrás en el tiempo, desde 1989 la Land Rover Discovery fue aquella cuadrada camioneta, como formada por un ladrillo sobre otro, que no le temía a ningún terreno. Una que ahora adoptó una figura convencional, más generalista, si se le puede llamar así, donde lo único que parece haber mantenido de sus antecesoras es una parte trasera asimétrica.

Y no es que los intentos por algo distinto no funcionen en términos de ventas. No es sino ver el caso de la BMW X6, una versión menos práctica, más cara y de una apariencia... distinta a la X5, que no solo dio paso a una gemela menor, la X4, sino a un dibujo prácticamente calcado por Mercedes-Benz, la GLE Coupé (una versión menos práctica, más cara y de una apariencia... distinta a la GLE).

Pero como en todo, las excepciones a la regla son más bien pocas y al mirar el espectro general del mundo del automóvil pareciera como si involuntariamente el diseño exterior estuviera tomando un rumbo encaminado hacia rasgos similares y con una identidad cada vez menos marcada. Todo esto, por si fuera poco, coloreado en una escala de grises que solo acrecienta la monotonía.

Es como si la atención al diseño exterior hubiera sido reemplazada por el desarrollo de todo lo que sucede al interior del vehículo, desde indicadores analógicos que han dado paso a imágenes digitales, hasta lo que no se ve cómo funciona pero que se extraña cuando no lo hace: conectividad con teléfonos móviles, reconocimiento de voz, sistemas de navegación, etc.

Si la mirada de los compradores ha pasado de centrarse en el camino a las pantallas que poco se desprenden de sus manos, los fabricantes de automóviles han entendido que sus esfuerzos deben centrarse en eso. No en vano los carros autónomos parecen tomar fuerza para un futuro donde ni siquiera serán máquinas con dueño sino una especie de red ‘wi-fi’ que mueve personas.

Final para el Rolls-Royce Phantom VII

Rolls-Royce Phantom VII

Las excepciones

Entre la infinita monotonía de carros cada vez más parecidos, aquí algunos ejemplos de esos modelos o fabricantes completos que se las han arreglado para hacer las cosas a su manera y seguir destacándose.

Una gran parrilla brillante e imponente, acompañada en su parte más alta por una alada figura, sigue haciendo inconfundible a cualquier creación de Rolls-Royce. Una figura redondeada, de guardabarros ‘hinchados’ y cara tierna sigue siendo el eterno Beetle, en tanto que una muy modificada y avanzada interpretación de este, de silueta más aerodinámica, ‘ojos saltones’ y anchura de cadera y adorno trasero según versión, nunca dejará de ser el Porsche 911.

Los Jeep puede que se diferencien por su parrilla de siete ranuras, pero el Wrangler es un conglomerado mucho más amplio de rasgos que apenas sin cambios han superado la prueba del tiempo, similar a lo que sucede con el Clase G de Mercedes-Benz que se rehúsa a pasar de moda.

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