Ampliación de la Autonorte: un embudo más grande

Las obras que se ejecutarán entre la calle 245 y La Caro por la Séptima y la Autonorte no aportan solución al caos que es entrar o salir de Bogotá.

Redacción Vehículos

02:07 p.m. 13 de enero del 2017
Entrar o salir de Bogotá por la Autopista Norte sigue siendo significando un caos.

Entrar o salir de Bogotá por la Autopista Norte sigue siendo significando un caos.

Esta semana, tras el anuncio de la firma del contrato para la ampliación de la autopista Norte y la Carrera Séptima, de la euforia se pasó al escepticismo. Cuando se aplacó en los medios el ruido de la noticia, algunos empezaron a digerirla con mayor atención.

¿Cuál va a ser la solución? ¿Van ampliar la vía dónde menos es necesario? ¿Vamos a seguir en las mismas? Estas fueron las preguntas que quedaron rondando en el ambiente. La obra anunciada con bombos y platillos por el vicepresidente Vargas, el alcalde Peñalosa y el gobernador de Cundinamarca, Jorge Rey, comenzará a partir de la calle 245 hacia La Caro. Es decir, poco aporta a la solución del enorme trancón en la capital.

Dicha obra deja a Bogotá tal cual como está hoy, como un gran embudo que tienen que padecer los residentes de la capital que transitan a diario entre las calles 170 y 245, tramos que son en realidad la parte neurálgica de la autopista Norte y la Carrera Séptima y para los cuales no parece haber una solución a corto plazo.

Así, mientras que para esos desarrollos ya hay un contrato firmado por $457.896 millones y arranca en firme el trámite de licencias y diseños definitivos, los bogotanos parecen estar condenados a padecer el tráfico y el pésimo estado de la mal llamada autopista y la carrera séptima.

Entrar o salir de Bogotá por la Autopista Norte sigue siendo significando un caos.

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Una posible solución solo está esbozada en el Plan de Desarrollo “para mejorar las conexiones con municipios vecinos”. Y los ha planteado en repetidas ocasiones el IDU, pero no pasan de ser proyectos para los cuales apenas están buscando asociaciones público privadas que los puedan ejecutar.

Y mientras pasa el tiempo y el problema se agrava, la ciudad tendrá que seguir soportando el lamentable espectáculo de los buses intermunicipales y las ventas ambulantes frente al Éxito de la calle 170, que asemejan ese sector a una calle de India o Bangladesh.

Ni la Alcaldía ni el IDU tampoco han dicho qué van a hacer con el elefante blanco en que quedó convertido el mal llamado terminal del Norte; ni cómo se va a solucionar el problema de las inundaciones en la Autopista, o cómo evitar los eternos trancones en los retornos y en las entradas a los barrios, universidades, colegios y los cementerios.

Entrar o salir de Bogotá por la Autopista Norte sigue siendo significando un caos.

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Por la Séptima el problema no es menos grave. En ambos sentidos es difícil saber en cuál calle comienzan los huecos y, peor aún, saber dónde empieza la calzada y en dónde los andenes. En cuanto a esta vía, la Alcaldía mantiene silencio sobre cómo se solucionará ese nudo que es entrar o salir de Bogotá por la calle 170, pasar al sector de El Codito y de ahí hasta la calle 245, que es el límite de la ciudad. Ni se avizora un plan al menos de mitigación o de reparcheo que haga menos traumático el tránsito por esa zona de la capital.

El año pasado, la directora del IDU le dijo a esta sección que ya habían algunos constructores interesados en participar en la ampliación de la Séptima y la Autonorte, pero el asunto no es fácil, pues esas empresas privadas tendrían que comprar cerca de 60 predios en una de las zonas de la ciudad en donde el metro cuadrado es de mayor costo; y no se descarta la instalación de peajes adicionales en ambas vías.

Todas las obras de ‘conectar’ a Bogotá con el resto de la sabana, incluida la ALO, están ‘pensadas’ para tener carriles de transporte público, zonas peatonales, ciclorrutas y carriles pagos. La inversión estimada es de $9,5 billones. El asunto es cuánto tiempo más tendrán que esperar los bogotanos para tener una ciudad con entradas decentes.

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