Especial: Los carros colombianos

Aunque hasta el momento no ha habido un automóvil totalmente nacional, los intentos que han buscado llevarse el honor no han faltado.

Redacción Vehículos

05:03 p.m. 01 de julio del 2016
Los carros colombianos

Lince Topless

Daniel Otero Bravo
Redactor de EL TIEMPO


A lo largo de los años han sido muchos los carros que se han ganado un lugar en la mente y corazón de los colombianos, desde aquellos cuya confiabilidad y durabilidad les permitió acompañarlos en largos y repetidos viajes en familia hasta los que terminaron funcionando mejor como una matera más del patio de la casa que como modo de transporte.

Es fácil conocer historias del más fiel de los amigos, el Renault 4; sobran los elogios a la durabilidad del Chevrolet Sprint; nada más fácil que cruzarse los inmortales Willys en las vías del Eje Cafetero; más de uno viajó con todos los primos o amigos en la banca trasera de un Dodge Dart; y no son pocos los que cuentan al Mazda 626 como el primer carro de lujo del país.

Como antagonistas de estas historias están aquellos vehículos que también dejaron impreso su recuerdo, pero por razones contrarias. Varios tuvieron su primer acercamiento a un recalentamiento de motor gracias al Renault 21; el atractivo del Dodge Alpine se convirtió en obligatorias clases de mecánica; y no faltaron los que agregaron un Oltcit o un Tavria a la colección de materas del jardín.

Pero independientemente de su impacto entre los colombianos, estos fueron carros que en los mejores casos la única intervención nacional que tuvieron en su creación fue la implementación de algunas piezas y su ensamble, y aunque hasta el momento ninguno se ha llevado el título del primer carro realmente colombiano, los intentos no han sido inexistentes.

A finales de la década del 60 el ensamble nacional de automóviles ya se encontraba bien establecido (Ver ‘Las ensambladoras’), pero fue también la época cuando se dio el primer intento de hacer el primer carro desarrollado en el país, un proyecto iniciado por el ingeniero alemán –pero residente en Colombia– Dieter Herber.

Los carros colombianos

Cacique Tayrona

Durante esa época el parque automotor era limitado y conseguir un carro que pudiera usarse en la calle y en las carreras (en ese momento aún no había un autódromo) no era cosa sencilla. Así que con el apoyo monetario inicial de tres amigos, en 1969 Herber comenzó a trabajar en el Cacique Tayrona, un vehículo cuya premisa según sus folletos de publicidad era “la amenaza colombiana de todos los autos deportivos del mundo, un monstruo que no es un auto de familia sino un pura sangre de dos puestos que hace hervir la sangre a los verdaderos conocedores”.

Uno de los patrocinadores y quien recibiría uno de los tres primeros carros fue el doctor Ignacio Barraquer, hijo del célebre profesor del mismo nombre, quien además prestó el sótano de su recientemente inaugurada Clínica Barraquer (el 20 de diciembre de 1968) en la calle 100 de Bogotá.

Salvo el curioso motor V4 de 1.5 litros y la respectiva transmisión provenientes del Ford Taunus que se vendía en el país, el resto de la construcción del Cacique era local, incluyendo la carrocería en fibra de vidrio hecha por Herber e inspirada en el Ferrari P4.

Los carros colombianos

Lince Topless

El primer inconveniente apareció una vez se tuvo listo el primer prototipo montado sobre un chasís tubular y el motor en el centro, pues al haber sido construido desde ceros dentro de dicho sótano, no había cómo sacarlo. Así que se desarmó el vehículo hasta que cupiera por el hueco del ascensor del edificio y una vez afuera trasladaron la operación a una bodega cerca a Chía.

El proyecto gestó entre cinco o seis autos cuyo precio, dice Herber, era inferior al de un Renault de la época, y de los cuales se conoce el paradero de dos (uno desarmado y otro en restauración). Ninguno, sin embargo, corresponde al último que se hizo, que recibió un motor seis cilindros de 2.3 litros de Fiat cuyo único propósito eran las carreras.

Según Herber el monopolio de las ya establecidas ensambladoras hundió el proyecto y por eso giró sus intereses a desarrollar únicamente carros de carreras, por lo cual el destino de estos Cacique fue similar al del proyecto mismo: aún nos tienen a la espera de cumplir sus promesas.

No sería sino hasta 1990 cuando nació una idea similar. El restringido mercado automotor de la época y la idea de tener un convertible se mezclaron en la cabeza del talentoso ingeniero Jorge Eduardo Álvarez para hacer el Lince Topless, carro que se apareció en la portada de la edición 102 (noviembre 7) de la Revista Motor de ese año.

Los carros colombianos

Lince Topless

La base para convertir la idea en realidad fue el Mazda 323 Coupé, pues contaba con puertas suficientemente grandes para dar acceso a las sillas traseras y era un modelo asequible, bastante comercial y fácilmente reparable en esa época.

Recortados el techo y los parales central y trasero, las modificaciones esenciales constaron de refuerzos estructurales por medio de la incorporación de un sub chasís en el piso del 323, tuberías en los estribos, un marco trasero acoplado a la suspensión trasera para soportar el mecanismo de la capota, y un refuerzo adicional.

La apariencia estaba comandada, obviamente, por la nueva capota de lona que se guardaba en los puestos traseros o en el baúl, según la conversión elegida, y los nuevos paneles de la carrocería (la tapa del baúl y el interior de este, la cubierta de la capota y la división entre la cabina y el baúl) fueron obra de la experiencia del mismo Álvarez con la fibra de vidrio, pues en ese momento construía los techos de los camperos que venían originalmente con capota de lona. Como punto final, los motores 1.3 del 323 Coupé se trabajaron para convertirlos a 1.5.

Sobre el precio base del Mazda 323 Coupé, que según esa misma Revista Motor era de 5.9 millones de pesos, debían pagarse otros 3.5 a Álvarez para estar, 21 días después, disfrutando de uno de los 26 Lince que se alcanzaron a fabricar antes de que la apertura económica del gobierno de César Gaviria opacara el alcance del proyecto.

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