Los carros colombianos (parte II)

Aunque hasta el momento no ha habido un automóvil totalmente nacional, los intentos que han buscado llevarse el honor no han faltado.

Redacción Vehículos

05:16 p.m. 01 de julio del 2016
Corcel Cargo

Corcel Cargo

En septiembre de 1992, el industrial vallecaucano Raúl Grajales realizó en Cali una presentación privada y confidencial de lo que iba a ser su primer vehículo. El Corcel Cargo 1.6 era un pequeño aparato de carga, diseñado por Luis Alfonso Calderón, con un chasís compuesto por dos largueros longitudinales unidos adelante por el tren delantero de un Chevette y atrás por un eje y suspensión del Volkswagen 1600 brasilero, vehículo del que también se utilizaron el motor y la caja.

La cabina se valió de los materiales sobrantes de las LUV utilizadas como colectivos, por lo cual el piso, las puertas, el parabrisas y la cabina compartían este origen, en tanto que el frontal del vehículo se dejó plano y en la parte trasera se adecuó un platón con sus tres compuertas.

Sencillo pero más eficaz y útil que los modelos competidores contemporáneos –los motocarros– era el propósito del Corcel, uno que finalmente no concretó sino la producción de algunos prototipos.

En 1995 muchos colombianos conocieron el Willco a través de la portada de la edición 181 de la Revista Motor (12 de julio) y su respectivo artículo. Además de la inquietud mecánica de su conceptor, el Willco se hizo para usar el nombre Willys que, a pesar de su enorme popularidad y cantidad de camperos circulante, nunca había sido registrado comercialmente de ninguna forma en el país.
El Willco fue calificado como “puro machete” por Lorenzo Jaramillo, su diseñador, quien lo fabricó con un grupo de industriales de Pereira y Armenia.

Valiéndose del amplio mercado de repuestos disponible y la gran aceptación del Willys, muchas de las partes del Willco eran copiadas de este, aunque el nuevo chasís creado por Jaramillo fue hecho para recibir un motor Hércules de 2.7 litros y 87 caballos, acoplado a una caja Dana de cuatro marchas con la primera no sincronizada.

Willco

Willco

Los dos ejes eran proveídos por Transejes (de Bucaramanga), los paneles de la carrocería se hacían localmente en una prensa comprada en España y la industria nacional de autopartes proporcionaba otra buena parte del vehículo, para una integración nacional del 53 por ciento. El precio al público de este Willys colombiano, algo más cuadrado y largo que el original, pero igualmente sencillo y efectivo, era de 12 millones de pesos.

Establecida la planta en Pereira y luego trasladada a La Tebaida, se alcanzaron a producir varios ejemplares e incluso se exportaron algunos. Sin embargo, problemas principalmente financieros pusieron fin al proyecto, pero no a su creación, pues aún se ven algunos Willco rodando en las vías que los vieron nacer.

Willco

Willco

Uno o dos años después del cambio de siglo, Jorge Eduardo Álvarez, el mismo que una década antes había creado el 323 Lince, se dio a la tarea de un nuevo proyecto. Se trataba de algunas réplicas del Lotus Seven de los años 60, para lo que Álvarez comenzó tomando las medidas y conceptos del chasís del modelo original.

Sobre esta base diseñó un nuevo chasís tubular 10 centímetros más largo y más ancho para acoger la mecánica (motor y caja) de un Mazda MX-5 1.8 litros, del cual también se extrajeron el sistema de dirección y los frenos. La carrocería, una vez más, fue obra de la experiencia de Álvarez con la fibra de vidrio y el aluminio trabajado artesanalmente, y en el espacio de cuatro años sacó al ruedo cuatro unidades que aún pueden verse ocasionalmente.

El carro colombiano, concebido, nacido y desarrollado en el país, ha sido un sueño recurrente de varias cabezas ambiciosas y capaces que a pesar de los inconvenientes técnicos y financieros de sus respectivas épocas pudieron hacerlo realidad en mayor o menor medida.

Y aunque ninguno fue totalmente nacional en su construcción, sí fueron tan colombianos como esos amigos fieles que acompañaron familias y como esos atractivos instructores de mecánica que aún reposan en jardines o bodegas.

Réplica del Lotus Seven

Réplica del Lotus Seven

Las ensambladoras

La industria automotriz nacional podría marcar su inicio, según algunos registros, a finales de 1950 cuando la planta barranquillera Dugand Hermanos y Cía. Ltda, dirigida por el ingeniero Jack Mocacin y ubicada en la carrera 44 entre calles 43 y 44, hoy en el centro de esa ciudad, inició su operación.

Se dice que de allí comenzarían a salir modelos de Volkswagen y Studebaker, aunque únicamente parece haber registro de modelos de esta última. Específicamente se trata de una fotografía de un carro en un concesionario y la historia que cuenta que Alberto Mario Pumarejo compró uno equipado con motor V8 y pintura hecha en hornos importados para este fin.

Sin embargo, las restricciones económicas dadas por la situación del país en ese entonces no le permitieron tomar vuelo a esta ensambladora, destino similar al de la planta Panal que Octavio Villegas Llano –quien junto a Guillermo Vargas traerían en 1960 los primeros 135 Nissan Patrol– había comenzado a constituir con cerca de 1.000 socios y un complejo construido cerca a Soacha para armar modelos de Toyota y Nash.

Por fortuna este fallido intento no fue del todo en vano, pues una vez se disolvió el proyecto la mayoría de los socios pasaron a jugar con Germán Montoya, quien en 1956 recibió de parte del gobierno la licencia que daría luz verde a lo que hoy conocemos como Colmotores. El primer vehículo en salir de allí, en 1962, fue un camión Austin, producido gracias al convenio con la British Motor Corporation.

Pero Colmotores no era la única ensambladora que funcionaba en ese momento, pues siete meses atrás, en 1961, Leonidas Lara e Hijos (planta que posteriormente pasaría a llamarse Compañía Colombiana Automotriz, CCA) produjo un Jeep CJ5 con el amparo de patentes exclusivas de la Willys Overland Export.

A lo largo de los años se establecieron otras ensambladoras, sobre todo de motos, pero más allá del estampado local de algunas piezas para ciertos modelos estas plantas son, como bien dice su nombre, de ensamble, no de fabricación.

CORCEL CARGO

CORCEL CARGO

Colombianos de carreras

A finales de los años 60 podría decirse que Guillermo Pieschacón creó el primer carro colombiano de carreras, el Caribe 1600.
Dieter Herber aportó con la creación de prototipos y dos familias de Fórmulas (que dieron origen a la Fórmula Colombia), mientras que un grupo de kartistas diseñaron uno con motor de Wartburg y trataron de desarrollar otros con motores Fiat.

Con licencia de Van Diemen, Roberto José Guerrero, padre de Roberto Guerrero, construyó algunos Fórmula Ford ingleses y actualmente, sobre el chasís de los Radical ingleses, Javier Castillo (Niko Racing) ha hecho prototipos como el Salamandra.

Se buscan

Si usted tiene o sabe del paradero de alguno de estos carros colombianos, o conoce de otro proyecto del que no sepamos y no hayamos mencionado (que lo más seguro es que pase), escríbanos por correo electrónico contándonos la historia del vehículo en cuestión y ojalá acompañado de algunas imágenes para una continuación a esta publicación.

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