No cometa estos pecados capitales al volante

Este tiempo de reflexión también es un buen momento para mencionar los principales pecados que cometen los conductores a la hora de manejar en ciudad o carretera. Los hay capitales y veniales.

Redacción Motor

09:41 p.m. 14 de abril del 2014

Es hora de hacer un acto de contricción o arrepentimiento sobre la forma en la que manejamos, tanto en la ciudad como en la carretera, ya que muchas veces por omisión o con intención cometemos faltas a las normas básicas de conducción por lo cual nos debemos hacer responsables de revisar cuáles pecados cometemos tras el volante y tratar de buscar la absolución con la promesa de un mejor comportamiento.

Sin embargo, si ninguno de los mencionados a continuación le aplica y cree que está libre de los pecados, tire la primera ‘piedra’ y cuéntenos cuál nos faltó en esta letanía por la que de antemano pedimos perdón.

Manejar borracho o sin dormir bien: cualquiera de los dos comportamientos es temerario y suicida y viola el principal mandamiento: no matarás. El carro en cualquiera de estos estados se convierte en una potencial arma y hacerlo no tiene perdón de Dios. Se aplica igual para alucinógenos y medicamentos con restricciones.

Chatear o hablar por celular mientras se maneja: cualquiera de los dos son tipificados como pecados mortales. Está más que comprobado que chatear mientras se conduce es tan riesgoso como conducir borracho. La distracción es altísima y obliga a quitar los ojos de la carretera mientras se conduce, lo cual es un suicidio y un atentado contra los demás. Quienes lo cometen están condenados a un desastre.

Desobedecer las señales de tránsito: está tipificado como orgullo. La gravedad de este pecado va en la misma proporción a la señal desobedecida. Por ejemplo, irrespetar la direccionalidad de una calle es gravísimo, así como adelantar en curva, mientras que pitar en una zona prohibida no lo es tanto pero sigue siendo una falta a la convivencia.

Los excesos de acelerador o freno: este pecado capital está relacionado con la Gula y le corresponde a aquellos que no se miden y se exceden en comportamientos peligrosos tras el volante. Por ejemplo, pecan aquellos que usan en exceso el acelerador y con sus maniobras pueden poner en riesgo la vida de los demás en las vías, incluidos peatones, pero también los que frenan intempestivamente porque les entró una llamada al celular o van a cambiar de emisora.

No mirar los espejos antes de cambiar de carril: gravísima falta que casi siempre obliga a una brusca detención cuando no a un accidente en plena vía. Debería ser una rutina de obligatorio cumplimiento antes de girar el volante. Recuerde que siempre habrá una moto aproximándose.

Manejar lento por la izquierda: el carril izquierdo siempre debe ser utilizado por quienes pueden ir al límite de la velocidad permitida en los trayectos. Es decir, si usted va a 30 en un lugar que se permite 80 kph y ocupa este espacio, está incurriendo en un pecado capital al volante, el de la Pereza. Los vehículos de carga SIEMPRE deben ir por la derecha.

No ceder el paso: pecado cometido en exceso en las ciudades y que está relacionado con la Envidia. Quien no cede el paso está condenado a recibir el mismo trato y a pagar en el purgatorio del interminable trancón. En los mandamientos de la conducción está escrito, quien cede el paso entrará en el reino de las vías fluidas pues por perder un puesto no se llega más rápido ni tampoco se alcanza el paraíso.

No activar las direccionales antes de hacer una maniobra: el Orgullo muchas veces nos indica que no debemos avisar a los vehículos que nos preceden que nos acordamos a última hora de entrar en un cruce o que requerimos hacer un adelantamiento. No hay que pecar, muchas veces esta indicación usada con humildad y en el momento adecuado nos puede amparar de daños y malos momentos.

No compartir la vía: la Avaricia al volante hace que pensemos que siempre vamos por nuestra vía, sentados al mando de nuestro derecho del que gozamos en todo momento de nuestro recorrido. Esto nos puede conducir a vivir los ‘dolorosos’ al no anticipar que hay imprevistos que le ocurren a los que van en nuestro recorrido y a creer que los demás van a obedecer y cumplir las señales de tránsito sin ninguna falta. No hay que caer en la tentación de pensar por otros cuando se está tras el volante. También es de obligatorio cumplimiento que, a pesar de la pericia y velocidad, hay que respetar a quienes llevan la vía en cruces y glorietas.

No mantener en perfecto estado mecánico el vehículo: es de perezosos no hacerle un debido mantenimiento al carro. Sobre todo es mortal no estar pendiente del buen funcionamiento del sistema de frenos que es el que en últimas lo salvará de cualquier accidente. Estos pecadores siempre quedarán a la orilla del camino y por lo general no llegarán a su destino.

Pero sobre todo, recuerde que la Ira es el primer pecado que hay que dejar por fuera del carro ya que si lo comete se expone a la condena eterna y puede generarle más de un problema nervioso. Es altamente perjudicial para su saludo y para la integridad de los demás y de sus bienes.

Recuerde siempre manejar de forma preventiva, pensando que a pesar de que todas las señales indiquen que usted tiene la vía, esta no es suya porque a su encuentro puede venir un pecador al volante que le puede hacer pasar por un rosario de problemas.

Pecados veniales
Hay muchos pecados menores pero los principales tienen que ver con:


Detenerse en lugares prohibidos y vías principales

Encandilar al tráfico que circula en sentido contrario

Cargar en exceso un vehículo

Maquillarse mientras conduce

Estacionar en doble fila

Usar luces ilegales en su vehículo

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