Crónica: Nueve horas del Llano a Bogotá

Damos paso a este relato de un lector que vivió una odisea el pasado fin de semana en la vía al LLano donde hubo un deficiente manejo del tráfico.

Por Redacción Motor

04:41 p.m. 20 de octubre del 2017
Vía al Llano

Vía al Llano

Contrariando toda lógica me atreví a salir de Bogotá durante el pasado puente festivo del Día de la Raza, sabiendo que miles de personas harían lo mismo. De ida me fue bien pero el regreso fue una procesión hacia el infierno de la inmovilidad total".

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"Salí a las 3 de la tarde de San Luis de Cubarral, un municipio del Meta ubicado a 177 kilómetros de Bogotá y cuyo trayecto normalmente toma cuatro horas y en jornadas de máxima congestión un poco más de seis.

No alcanzamos a recorrer 10 kilómetros cuando nos engulló el denso tráfico y empezamos a formar parte de una interminable fila que era solo el comienzo del suplicio.

Desde allí y hasta llegar a Villavicencio, en una distancia que apenas supera los 65 kilómetros, nos tardamos tres horas y media cuando en circunstancias normales el recorrido es de máximo una hora y media.

Vía al Llano

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Allí tuvimos tiempo de degustar el pan de arroz de Guamal, los chorizos de La Cuncia, las piñas de Acacías y hasta los vendedores ambulantes hicieron su ‘agosto’ con bebidas y helados porque el trancón daba hasta para que la gente pudiera bajarse del carro, ir a los baños de los locales y volverse a subir a los autos sin que el panorama cambiara.

Yo pensé que había ocurrido un accidente de gravedad pero en los tres puestos de control que encontré en el camino a Villavicencio supe la razón.

Algunos de los guardas de tráfico, en una pésima gestión, paraban el desfile que se dirigía a Bogotá para dar paso a un par de carros que, o se incorporaban al trancón eterno o atravesaban esta dizque vía arteria con solo un carril hacia la capital, para ingresar o salir de los municipios y barrios cercanos.

Vía al Llano

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La dicha fue máxima cuando por fin pudimos pasar ese atasco y llegar a Villavicencio para empezar a subir a Bogotá, pues por fin pude ver cómo podía pasar a cuarta velocidad por primera vez en más de tres horas.

Pero no alcanzamos a recorrer más de dos kilómetros cuando vino la hecatombe de la parálisis. Antes del ingreso al túnel la procesión se detuvo por completo.

A las siete de la noche todos los carros se apagaron a dos kilómetros del primer túnel y nos cayó la horrible noche porque las especulaciones de la gente que ya se había bajado de los carros y caminaba para averiguar decían que había un accidente grave a esa hora en el túnel.

La espera, en medio de la nada y de la oscuridad, fue de una hora y 20 minutos, y para ese entonces ya el navegador Waze avisaba que estaríamos cerca de la media noche en Bogotá.

Vía al Llano

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Cuando por fin abrieron el paso, cuya demora había sido acomodar a un par de vehículos involucrados en un choque simple a la salida del túnel, pudimos avanzar a buena velocidad durante unos 10 minutos, pero de nuevo se volvió a armar, por tercera vez, la larga marcha. Y esta vez nos tomó más de una hora hacer 21 kilómetros, que es la distancia entre la salida del túnel de Bellavista y Guayabetal.

De nuevo, sin ningún incidente en la carretera, pues el origen del trancón en este caso era la gente que se detiene en los ‘comederos’ de esta última población, con la venia de las autoridades que a punta de pito y la mano en alto creían dar remedio a la situación. Y eso que íbamos sobre la vía nueva, pero en este caso el irrespeto de la gente que estaciona en las ventas a la orilla de la carretera dejó la vía reducida a un carril. Esto, y la inmovilidad de los agentes, agravaron la situación.

Vía al Llano

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Después de este punto y con 92 kilómetros por delante, de nuevo volvimos a poder llevar alegremente los carros hasta donde el ascenso lo permitía. La dicha de nuevo fue efímera y duró hasta Quetame, pues desde allí y hasta la entrada a Bogotá el paso fue como el ‘desgrano’ de un rosario.

Con el desespero atorado en la garganta, empezamos a ver cómo el contraflujo a Bogotá finalizó a las 10 de la noche sin tener en cuenta la magnitud de la fila hacia la capital, lo cual se sumó al paso a cuenta gotas por el túnel del Boquerón, luego de las múltiples casetas del último peaje que no sirvieron para nada ante semejante embudo.

Vía al Llano

Vía al Llano

Lo bueno fue que ingresamos a las fronteras bogotanas a la media noche, por lo que recorrer a esa hora el camino a casa fue un bálsamo en el estertor de este viacrucis para el que parece ser no habrá otro remedio, por el momento, que resignarse a convertir la capital en ‘escampadero’ de esa trampa llamada puentes festivos”.

Jorge Murillo

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