Ferrari 70 años (ii): ‘el huevo’

Ganar las Mille Miglia, la prueba rutera más famosa del mundo, era la cúspide para un fabricante de autos en los años 50 del siglo pasado.

Revista Motor

04:34 p.m. 18 de abril del 2017
'El huevo'

Fotos: Remi Dargegen 2017, cortesía de RM Sotheby’s

En 1951, los acaudalados hermanos Marzotto, insatisfechos con el rendimiento de un Ferrari que acababan de comprar, resolvieron modificar el chasís del momento, denominado 166, para darle una mejor penetración. El auto andaba más que los de la fábrica, pero estéticamente se ganó el apelativo de “horriblemente bello”. Único ejemplar, será rematado en agosto próximo en Monterrey, donde creen que pagarán unos 6 millones de dólares.

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Antes de los túneles de viento y de que existieran parámetros reales sobre el comportamiento de un carro al cortar el aire, la ciencia se basaba en la intuición óptica. De ahí que Giannino Marzotto, ganador de las Mille Miglia de 1950, competencia en la cual no solo se destacó por su pericia, sino por ir ataviado con un impecable y costoso vestido formal en lugar de los overoles comunes, cuando quiso tener un Ferrari más eficaz que los de la fábrica, no contrató a un ingeniero sino a un escultor, Franco Reggiani, para que le diera forma a un auto que fue ejecutado por los carroceros Fontana, de Padua.

El resultado técnico fue fantástico, pues el auto, que de inmediato se ganó con méritos sobrados el apodo de ‘El Huevo’, era más ve-loz que los de la propia Scuderia y perdió las 1000 Millas por una llanta deformada que su piloto no detectó y lo retiró cuando tenía una cómoda ventaja. Pero luego ganó muchas competencias, derrotando a los oficiales.

Si sus formas de origen ya eran muy peculiares, el resultado final se complicó porque el radiador que habían encargado no llegó a tiempo y tuvieron que usar uno 15 centímetros más alto, lo cual acabó por desproporcionar aún más la trompa.

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‘El Huevo’ es tan admirado y criticado como popular y ha vuelto a la luz cuando un coleccionista privado, cuyo nombre no se cono-ce, lo entregó a la casa Sotheby’s para que lo remate en el verano próximo a un precio impredecible, pues esta vez no será la belleza su argumento, contrario a lo que se admira de las máquinas de Maranello de esos tiempos, que son consideradas obras de arte.

La reaparición de ‘El Huevo’, cuyas formas merecieron de inmediato y para siempre el repudio de Enzo Ferrari, ilustra bien los orígenes artesanales de la marca, que el mes pasado cumplió 70 años.

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‘Bellos’ defectos
Una prueba del funcionamiento aerodinámico de la carrocería de ‘El Huevo’ era la forma como se comportaban los limpiaparabrisas. A menos de 160, el paso del aire los levantaba del vidrio y nunca lo barrían. Pero a alta velocidad sobraban, pues la corriente dejaba el cristal perfectamente libre de gotas. La visibilidad era muy precaria, y si frontalmente era extraño, pero explicable, la parte trasera lo hizo acreedor inmediato a su apodo y digno de todos los feroces comentarios que desató en su contra. Los carroceros Fontana usaron Paraluman, una variante de duraluminio para la carrocería, que en ese entonces era un material muy exótico y especial, pero que les permitió quitarle 200 kilos de peso con respecto al auto original. La posición muy atrasada del asiento del piloto hacía su manejo muy complejo.

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DATOS
Este ‘huevo’ de Ferrari, conocido con el mote de “horriblemente bello”, vio la luz cuando los hermanos Marzotto, insatisfechos con el rendimiento del chasís 166 de su bólido, lo modificaron para competir en las Mille Miglia de 1951.

“Cuando un carro sale de mi fábrica rumbo al circuito, me parece lleno de defectos y realmente feo. Si regresa triunfador, lo admiro como si se tratara de una obra de perfección”: Enzo Ferrari.

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