“Mejor pago la multa y no pierdo mi tiempo”

Un lector nos contó las vicisitudes que pasó al intentar impugnar un comparendo en Bogotá. Al final se dio por vencido y prefirió pagar.

Redacción Vehículos

01:10 p.m. 25 de agosto del 2017
Prepárese para el comparendo

Un lector nos contó las vicisitudes que pasó al intentar impugnar un comparendo

“Hace unos meses me llegó una ‘fotomulta’ porque quedé sobre la línea blanca en un cruce. Decidí reclamar porque no me notificaron a tiempo, en los tres días hábiles.

Lleno de entusiasmo, por no decir verraquera, me fui para el Cade de Movilidad, ubicado en la calle 13 de Bogotá, convencido de que me salvaría de pagar la multa por la argumentación de peso que tenía a mi favor.

Cuando llegué, al igual que si fuera una EPS lo primero que tuve que hacer fue un fila en la calle para que un empleado que estaba al lado del vigilante me atendiera. Mientras estaba en la fila fui acosado por todo tipo de tramitadores que me ofrecían desde fotos, pasando por asesoría jurídica o la realización de un derecho de petición para evitar el pago.

Cuando el funcionario me autorizó el paso, tuve que repetir la fila, esta vez adentro, para echarle el mismo cuento a otro empleado, aunque este ya estaba detrás de un mostrador.

Cuando le conté mi situación me dijo que tomara un turno para que hiciera el reclamo. Hasta ese momento, todavía mantenía mi optimismo. Pasé a otro salón en el que había gente sentada con caras largas. Un hombre que estaba a mi lado tenía una ficha que indicaba que estaba 32 puestos adelante mío. Al cabo de 20 minutos noté que solo dos personas habían sido atendidas.

“El problema es que aquí uno puede durar todo el día y no le resuelven nada, le toca pagar”, me dijo el hombre, mientras que otro confirmó: “a mí ya me pasó y tuve que pagar”.

Me puse a hacer cuentas mentales y la verraquera se me fue al piso. Si bien eran hasta ese momento las 10 de la mañana (llegué a las 8 am), mis cálculos daban que antes de las 4 no me atenderían. Y eso que faltaba que los que atendían tomaran las onces, se fueran a almorzar y tomaran tinto, pues son humanos.

Hice cuentas de tiempos y dinero y resolví que mejor pagaba, que no me iba a tirar mi día de compensatorio en esa oficina con elevado riesgo de que de todas maneras tuviera que pagar.
Tímidamente me acerqué de nuevo donde estaba el funcionario de la puerta y le pregunté que si podía pagar la multa en un banco. Me dijo que no y me mandó a hacer otra fila para que me autorizaran el pago.

Otra vez adentro reclamé mi número y me senté a esperar a que me llamaran. Finalmente me dijeron que sí podía pagar en otra ventanilla.

Antes de retirarme llegó una señora a la que la funcionaria que me atendía le dijo ‘jefe’. Le pregunté que cuál era la razón por la cual no podía pagar en un banco y me pusieran a hacer esas filas. Me preguntó que quién me había dicho que tenía que hacer la fila. Le respondí que el funcionario que estaba en la puerta. Y su respuesta no pudo ser más singular: “Ah, debe ser que él no tiene claro esto, porque usted sí puede pagar en un banco”.

En ese momento, que ya era el mediodía, no supe qué me dolía más, si la plata que iba tener que pagar o haber perdido toda una mañana en esa vuelta. La buena noticia fue que la única ventanilla que no tenía fila era la de pagar las multas”.


Enrique Pérez M.

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