Así nació el actual impuesto de vehículos

El impuesto se creó como una contraprestación a todo propietario de un vehículo por el uso de las vías.

Redacción Vehículos

01:54 p.m. 12 de febrero del 2016
El caos vial que se vive en el norte de Bogota

El impuesto se creó como una contraprestación a todo propietario de un vehículo por el uso de las vías.

Pagar impuestos no es que sea una de las cosas más agradables para los colombianos. Rara vez se pagan con gusto. Y el impuesto de vehículos automotores no es la excepción, aunque es el tributo que la gente paga con más juicio. En Bogotá, el año pasado el recaudo por este concepto fue de $489.793 millones de pesos.

Así ha sido históricamente desde que se creó en 1998, a través de la Ley 488, el impuesto sobre vehículos automotores, el cual reemplazó el ‘impuesto de timbre nacional sobre vehículos automotores, de circulación y tránsito y el unificado de vehículos del Distrito’.

Los impuestos tienen su origen en un precepto Constitucional, según el cual todos los colombianos tenemos “el deber de contribuir al financiamiento de los gastos e inversiones del Estado dentro de los conceptos de justicia y equidad”.

Tal vez por eso el procurador Alejandro Ordoñez dijo que no iba a permitir que “le metieran la mano” al bolsillo a los colombianos, cuando le pidió al Gobierno ‘tumbar’ las tablas de avalúos que de un día para otro valorizaron los carros usados, con lo cual los ciudadanos quedarían obligados a pagar un mayor tributo.

Volviendo a la historia del impuesto, cuando este se llamaba de circulación y tránsito, su pago era “a manera de una contraprestación a todo propietario de un vehículo automotor que hace uso de las vías públicas”.

Hoy no es muy claro por qué se cobra, pues existen restricciones como el pico y placa, y en el caso de Bogotá los carros se han quedado casi tres meses en los garajes. Tampoco es muy claro qué hacen con el recaudo.

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El impuesto se creó como una contraprestación a todo propietario de un vehículo por el uso de las vías.

Recaudo que con el cúmulo de impuestos existentes tampoco es alto, unos 800 mil millones de pesos, que no justifican todo el enredo en que se metió el Ministerio de Transporte por cuenta de las tablas (Ver ‘La fórmula que fracasó en el Congreso’).

A propósito de ello, la razón fundamental para este cambio, según la ministra Natalia Abello, es que las tablas aplicadas el año pasado y anteriores estaban desfasadas con relación al valor comercial de los carros usados; y aumentar o desagregar las diferentes series de cada modelo, con lo cual se pasó de 3.000 a 10.000 líneas de vehículos.

Es probable que así sea, pero al igual que como sucede con el impuesto predial, el de vehículos debe ser liquidado con tarifas diferenciales según el año, modelo, cilindraje y valor comercial. Pero entrar en el detalle de si un carro tiene aire acondicionado o no, o transmisión automática o mecánica, no aporta a su precio ni al impuesto a recaudar cuando ya le pesan los años. Entre otras cosas porque el Ministerio no tiene forma de constatar físicamente las características de un modelo, a menos que inspeccionara cada carro al momento de liquidar el impuesto.

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El impuesto se creó como una contraprestación a todo propietario de un vehículo por el uso de las vías.

De otra parte, los expertos del Mintransporte deberían saber que muchas veces esas letras de los carros o nombres en el mismo modelo hacen parte de una estrategia comercial de las marcas para vender más carros. ¿Cuál es la diferencia hoy entre los Renault Twingo ‘U’, ‘Totto’, ‘Soho’, ‘Xbox’? Ninguna, mecánicamente es el mismo carro.

¿Qué hará el Ministerio el otro año cuando todos los vehículos nuevos vengan (obligatoriamente) con frenos ABS y airbag? Pues esos hoy son considerados ‘accesorios de lujo’. Y si de equipamiento se trata, ¿qué hará con los carros de origen chino que vienen ‘full’ equipo y no son precisamente de alta gama?

Dentro de poco, las cajas mecánicas desaparecerán, los autos vendrán todos equipados con lo cual tampoco existirán los ‘extras’. En resumen, las nuevas tablas fueron ‘mal nacidas’ y envejecieron muy pronto con muchos defectos.

Impuesto de vehículos

El impuesto se creó como una contraprestación a todo propietario de un vehículo por el uso de las vías.

La fórmula que fracasó en el Congreso

En el 2009, el entonces senador Jorge Enrique Vélez García radicó un proyecto de ley (que al final no se votó), en el cual se ataba el impuesto de vehículos al precio de la gasolina. La novedosa propuesta consistía en que cada vez que se ‘tanqueara’, un porcentaje del valor del galón de combustible se destinaría para cubrir el impuesto de vehículos.

La fórmula tenía varios beneficios: se pagaría por el uso real del vehículo: entre más use el carro, más consumo y más impuesto. Entre más grande el motor de su carro, más consumo y más impuesto. Se acabaría con el engorroso trámite del pago, de las filas en los bancos, de sacar toda la plata de un ‘tacazo’, de llenar formularios y de los paz y salvos. El impuesto iría directo al municipio en donde rueda el carro.

Todos los vehículos pagarían el impuesto, incluso los de servicio público, que son los que más usan las calles pero que pagan menos impuesto. También las motocicletas (de menos de 125 cm3) y otros vehículos como la maquinaria agrícola aportarían su cuota. Al cobrarse directamente, los municipios y departamentos no tendrían problemas por evasión de impuestos ni gastos por los cobros de cartera morosa.

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