El Nash-Healey, la historia de una bella máquina con tres nacionalidades

A mediados del siglo pasado, dos emprendedores deciden fabricar un auto bello y potente. Bajo una alianza nace la marca Nash-Healey, la cual portaría tecnología americana, británica e italiana.

Redacción Motor

05:08 a.m. 01 de abril del 2015

 En 1949 dos hombres deciden poner a ‘caminar’ un proyecto que les rondaba en la cabeza. Con los recursos suficientes y los conocimientos adecuados, estos caballeros firman una alianza para fabricar un auto. Los personajes eran George Mason, presidente de Nash-Kelvinator (fabricante de automóviles y refrigeradores), y Donald Healey, inglés, diseñador de autos, cuyo apellido fue célebre en varios modelos como el Austin-Healey.

Dice la historia que Healey regresaba a Inglaterra, después de buscar motores para un auto deportivo, al tiempo que Mason pretendía mejorar la imagen de Nash con un automóvil de gran rendimiento. Ambos coincidieron en que el motor del sedán Ambassador iría perfecto en un auto deportivo, y así en 1950 alistaron un prototipo con carrocería de aluminio para correr en Le Mans. El auto terminó en cuarto lugar, y esto fue suficiente para entusiasmar a Mason y darle luz verde a una versión de producción que se conocería como Nash-Healey.

Usó el motor del Ambassador, un 3.8 litros de seis cilindros, con culata de aluminio de alta compresión y carburadores SU. La potencia llegaba a los 125 caballos y su caja de cambios tenía tres velocidades con sobremarcha, procedente de Nash. El chasís y la suspensión delantera se modificaron a partir de una versión de los Healey Silverstone y la parte superior de la carrocería de aluminio fue diseñada por Donald Healey.

Un poco más de 100 unidades de este modelo fueron fabricadas antes de su rediseño en 1952. Volvieron a usar aluminio para el capó y los laterales, pero el resto del cuerpo iba en acero, diseñado y construido por Pininfarina en Turín, Italia. Un nuevo motor también se abrió camino en los modelos de 1952, y en 1953 llegó la versión coupé.

El Nash-Healey era extremadamente caro (5.800 dólares), casi dos mil más que un Jaguar XK120. Cuando Nash-Kelvinator se fusionó con Hudson en 1954, formando la American Motors (AMC), las prioridades cambiaron y los costos se redujeron. Un producto como el Nash-Healey no era viable ser.

En total, algo más de 500 Nash-Healey fueron construidos. Hoy en día, incluso los mejores ejemplares no llegan a las seis cifras en dinero, en parte por su herencia multinacional, recibiendo menos respeto y consideración que otros deportivos con menos prestaciones.

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