¿Qué pasó con las máquinas ‘tapahuecos'?

El contrato con Green Patcher terminó el 10 de diciembre de 2015 y está en etapa de liquidación. Las máquinas taparon más de 250.000 huecos.

Redacción Vehículos

04:15 p.m. 13 de mayo del 2016
¿Qué pasó con las máquinas ‘tapahuecos?

¿Qué pasó con las máquinas ‘tapahuecos?

Esta es una de las preguntas más frecuentes que se hacen los dueños de vehículos particulares en Bogotá, quienes tienen que asumir los costos de reparaciones de rines, llantas, amortiguadores y suspensiones ocasionados por los huecos que a diario ‘florecen’ por las calles de la capital.

No hay vía que se escape. La avenida carrera 68, además de parecerse a una montaña rusa con sus peligrosas ondulaciones, está ‘adornada’ con huecos que exigen destreza para evitar caer en ellos u ocasionar un accidente.

La Séptima entre El Codito y la 140 (en sentido norte-sur) está destruida, y otras como la Avenida de las Américas o la Calle 134 no se quedan atrás. Y si esto ocurre en las principales, ni hablar de lo que en la administración llaman la ‘malla vial local’ que, además, soporta el tráfico de buses alimentadores y del SITP.

Por eso, la pregunta sobre qué pasó con la máquina ‘tapahuecos’ es muy pertinente. Y la sabiduría popular y el sentido común se imponen en situaciones como estas y se reflejan en una sabia frase del líder chino Den Xiaoping. “No importa que el gato sea blanco o sea negro. Mientras cace ratones, es un buen gato”.

Esto en razón a que ni en la Unidad de Mantenimiento Vial (UMV), que en la pasada administración contrató las cuatro máquinas de la compañía Green Patcher Colombia S.A.S., ni en ninguna otra dependencia del Distrito, quieren hablar del asunto.
El TIEMPO indagó con la UMV sobre las posibilidades de volver a contratar las máquinas, pero allí nadie quiere ni siquiera mencionar el tema.

¿Qué pasó con las máquinas ‘tapahuecos?

¿Qué pasó con las máquinas ‘tapahuecos?

Hoy, independientemente de la controversia por la forma como se contrataron las máquinas (Ciencia y Tecnología) y la carga política del momento sobre la administración del entonces alcalde Gustavo Petro, lo cierto es que los resultados del trabajo hecho con las máquinas de Green Patches fueron positivos. Incluso así lo admiten, off the record, funcionarios de esta Alcaldía.

Los resultados

En principio, el contrato 638 de 2013 con Green Patches tuvo inconvenientes con la fórmula de la mezcla de pavimento para las vías locales, que no estaba aprobada ni cumplía las necesidades. Con esa fórmula, en el 2014 se taparon 730 huecos, los cuales no fueron recibidos a satisfacción ni pagados por la UMV.

La fórmula se cambió por una que se ajustara a las especificaciones técnicas de los fabricantes de las máquinas en Inglaterra y con las normas técnicas colombianas.

Con la nueva fórmula, según la verificación hecha a la calidad de la mezcla inyectada, por parte de los expertos, el 98 por ciento de los huecos que se taparon con este tipo de tecnología no presentó anomalías. Tan solo en el 2 por ciento hubo observaciones por factores externos como ruptura en las redes de alcantarillado, fallas de la estructura de la vía, derrame de aceites por restaurantes y talleres mecánicos, entre otros.

¿Qué pasó con las máquinas ‘tapahuecos?

¿Qué pasó con las máquinas ‘tapahuecos?

Al 10 de diciembre del año pasado, cuando terminó el contrato, las cuatro máquinas inyectaron 11.928 metros cúbicos de mezcla asfáltica en frío. Con estos se taparon 251.374 huecos de un metro cuadrado de la malla vial local. La meta era 220.000.

Estas cifras concuerdan con las que nos entregaron tanto en la UMV como en Green Patcher Colombia. En la actualidad el contrato se encuentra en etapa de liquidación.

Según William Saavedra, gerente de la compañía dueña de las máquinas, estas están en mantenimiento y pronto quedarán listas para trabajar, por lo que están pendientes de las licitaciones que se abran en Bogotá o de ocuparlas en otras ciudades del país.

¿Qué pasó con las máquinas ‘tapahuecos?

¿Qué pasó con las máquinas ‘tapahuecos?

El lío de tapar los huecos en Bogotá

En el 2011 el 62 por ciento de la malla vial local estaba en mal estado. Al finalizar el 2015 ese daño se redujo al 52 por ciento porque, además de las máquinas ‘tapahuecos’, se utilizaron recursos de la sobre tasa a la gasolina para arreglar las vías, un dolor de cabeza para las últimas administraciones de Bogotá.

A Antanas Mockus no le fue bien en su contrato del IDU con la firma mexicana ICA; a Peñalosa lo persigue el fantasma de las losas de Transmilenio; a Luis Eduardo Garzón el fiasco de su programa ‘Armando Calle’; y a Samuel Moreno el carrusel de la contratación. Hoy los cálculos para arreglar la malla vial se calculan entre 10 y 12 billones de pesos.

En medio de los daños que cada día ahondan el problema, agudizados por la falta de plata, se presume que se podría pensar otra vez en el trabajo de las máquinas ‘tapahuecos’. “La incorporación de esta tecnología después de un tiempo dio buenos resultados. La meta que se alcanzó fue alta y la inversión en el arreglo de la malla vial, si no hubiera sido por esta máquina, sería más costosa”, dijo en diciembre pasado Pablo Sotomayor, investigador del Observatorio de logística, movilidad y territorio de la Universidad Nacional, cuando el contrato con Green Patcher terminó.

¿Qué pasó con las máquinas ‘tapahuecos?

¿Qué pasó con las máquinas ‘tapahuecos?

Personas vinculadas a la actual administración consultadas admiten que se lograron importantes avances, al detener el deterioro de las vías, pero sobre todo, al agilizar el tráfico. “El proyecto era muy bueno, dio buenos resultados no solo tapando los huecos sino en la duración del trabajo. Tapar un hueco les tomaba a dos operarios 20 minutos. Con el método tradicional se necesita una cuadrilla de 8 o 9 personas y varias máquinas (cilindros, volquetas y mini cargadores)”.

Y estaba claro desde un principio que esta no era solución definitiva para las vías, pero sí servía para alargar su vida útil y evitar su destrucción hasta que la ciudad tuviera presupuesto para hacer una intervención completa.

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