¿Realmente su carro es tan potente como cree?

Las cifras en caballos de potencia son apenas la punta del iceberg del verdadero ‘potencial’ que tienen los vehículos; hay mucho más en juego.

Redacción Vehículos

04:37 p.m. 26 de abril del 2017
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Atribuida a Carroll Shelby (y a veces a Enzo Ferrari) la frase “la potencia vende carros, el torque gana carreras” es tan sencilla como contundente, tanto por la verdad que expresa como por la misma historia de por qué la potencia de los carros (y en general de las máquinas) se expresa en caballos.

Se dice que en 1763 al ingeniero James Watt le pidieron arreglar un motor a vapor en la Universidad de Glasgow, pero al notar que dicho motor no era muy eficiente decidió mejorarlo (creando una cámara de condensación aparte para evitar la pérdida de calor). Eventualmente Watt licenció su “nuevo” motor para venderlo al público, pero para poder hacerlo necesitó crear una medida de rendimiento que se pudiera entender fácilmente.

La respuesta llegó en forma de caballos y tras estudiar algunos en una finca, Watt estableció que uno de ellos sería capaz de tirar una carga de 33,000 libras, a lo largo de un pie, en un minuto. En nuestro sistema métrico serían prácticamente 15 toneladas, a lo largo de 30 centímetros en 60 segundos.

Claro, esto dejando de lado temas como la fuerza de rozamiento, la resistencia aerodinámica o la hernia del caballo, entre otros. El punto es que Watt necesitaba un equivalente creíble y con el ‘caballo de potencia’ lo había conseguido.

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Años después, con la llegada y popularidad del automóvil, la referencia continuó en uso, pero no fue la única unidad y podría decirse que tampoco la más precisa.

Por ejemplo, cuando los fabricantes miden la potencia de sus autos y las publican, no usan los mis parámetros, pues algunos (como los estadounidenses) no toman en cuenta el hecho que elementos como la bomba de dirección, entre otros, restan algo del ponderado. De ahí que existan las medidas de caballos SAE (Estados Unidos) y DIN (Europa).

Adicionalmente, la misma pérdida de potencia que se da desde el motor hasta el momento en que todo llega a las ruedas tampoco es tenida en cuenta. Es por esto que la medida que se debería acatar si se quiere ser lo más preciso posible sería wheel-horspower (WHP), o la potencia a las ruedas, pues en últimas es la que realmente se está usando para mover el vehículo.

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Todo esto es válido solo cuando se parte del caballo de potencia, pero si lo que se quiere es hablar en términos del sistema internacional de unidades, la potencia se debería medir en vatios, o kilovatios (un kilovatio equivale a 1.341 caballos de potencia). De hecho, en gran parte de Europa y otros países la expresan así.

Pero esto no es todo, pues hay otras variables a considerar, como la altitud. Mientras más alto se está sobre el nivel del mar, menor es la presión atmosférica disponible con la que podrá contar el motor, por lo que su eficiencia se verá reducida.

En promedio se pierde un 10 por ciento de la potencia por cada 1.000 metros de altura y por eso se dice que en Bogotá un carro estará trabajando casi con un 30 por ciento menos de su posibilidad máxima. Hay que aclarar, eso sí, que esto es válido para vehículos sin ningún tipo de inducción forzada (turbo, por ejemplo), pues cuando cuentan con esta se compensa una gran parte de la mencionada pérdida.

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Por otro lado, el torque es una fuerza aplicada para rotar objetos. En el caso del motor de combustión de cuatro tiempos de un vehículo, este se da en la etapa de combustión cuando la fuerza empuja al pistón hacia abajo, transfiriéndola a la biela y luego al cigüeñal y al eje. Siguiendo con el sistema internacional, el torque se mide en Newton metro (Nm).

El torque, por tanto, es la fuerza de rotación que realmente hace mover el carro, en tanto que la potencia determina qué tan rápido se logra un trabajo (en términos de la física, es decir, el resultado de una fuerza actuando en una distancia).

Un punto muy importante a tener en cuenta es que tanto la potencia como el torque especificados por el fabricante son un valor de laboratorio logrado a una velocidad del motor (rpm) específica; es decir, no es constante. Por esto siempre se debe mirar a cuántas rpm se logran, pues no es lo mismo hacerlo a 3.000 rpm que a 6.000 rpm, por dar un ejemplo. Igualmente, el peso del vehículo también juega un papel fundamental, pues con una potencia y torque determinados no es lo mismo tener que mover una tonelada, a tener que mover dos.

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Así las cosas, el verdadero ‘potencial’ de un vehículo es mucho más que su cifra de potencia declarada y en la práctica terminarán valiendo más aspectos como un peso contenido, un torque máximo disponible a la menor velocidad del motor posible y, claro, una caja de cambios que permita lograr esos ‘momentos exactos’ lo más pronto posible.

La potencia ‘empuja’ la venta del carro, pero no es lo que más lo ‘empuja’.

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