Stranden Scorpione, el bicho que le picó a un joven soñador noruego

Con formas inspiradas en los súper deportivos italianos de principios de los 70 y algunas piezas mecánicas de origen alemán, el Stranden Scorpione fue el auto de los sueños que desveló a un noruego.

Redacción Motor

08:23 p.m. 27 de mayo del 2014

Algunas imágenes del Stranden Scorpione

En 1968, en un viejo granero que sirvió de taller y con solo un taladro eléctrico de dos velocidades, a los 18 años el joven noruego Einar Stranden comenzó a construir su propio automóvil.

El sueño le demandó 8.000 horas/hombre durante cuatro años, que al final condujeron a la creación del Stranden Scorpione. Las autoridades de transporte noruego aprobaron su uso para carretera, y le dieron la matrícula 007 UE129.

La firma Volkswagen, interesada en el proyecto, invitó a Stranden a su planta de Wolfsburgo, proveyéndole el motor y la transmisión para que el auto de sus sueños pudiera rodar. El Stranden Scorpione también tomó prestado el chasís de un Beetle (Escarabajo) y las luces traseras de un Fiat 850. La carrocería, hecha en fibra de vidrio, fue diseñada y fabricada por el mismo Stranden quien se inspiró en los Lamborghini Espada y Miura, deportivos italianos de la época.

Además de fabricar toda la carrocería, Stranden también diseñó y construyó el interior, el tablero y los asientos (hechos a medida y con altavoces incorporados a cada lado de los apoyacabezas).

A más de 40 años después de que el particular Stranden Scorpione rodara por las calles, aún se mantiene vigente y ha sumado hasta la fecha más de 40.000 km en manos de Stranden.

Especificaciones:
Chasís: VW 1200
Carrocería: Fibra de vidrio
Suspensión / Frenos: Porsche 356
Motor: Porsche 2.4 litros, cuatro cilindros, personalizado.

DATOS:
Como particularidad del Stranden Scorpione, el asiento del acompañante es 5 cm más ancho que el del conductor –porque en promedio, las caderas de una mujer son más anchas en esa medida que las de un hombre–.

Una empresa de muebles trató de implementar la idea de fabricar asientos similares a los que Stranden propuso para su auto, para venderlos como sillas de televisión, pero la producción resultaba ser demasiado larga como para ser rentable.

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