Trancones fantasma: explicación, causa y solución

Este tipo de embotellamientos causados y disueltos aparentemente sin razón alguna, afectan negativamente a la movilidad, tienen una sencilla solución.

Por Redacción Motor

12:23 p.m. 10 de septiembre del 2018
Los Ángeles

Los Ángeles y su tráfico. 102 horas perdió cada habitante de esta ciudad en los atascos

La escena seguro no es ajena para nadie: el trancón tiene al tráfico apenas moviéndose y las especulaciones apuntan a algún posible accidente, pero de un momento a otro y sin nada anormal en el camino todo comienza a fluir nuevamente y sin interrupciones.

¿Qué ocurrió? Se les llama trancones fantasma y son precisamente esas situaciones en que se crea un embotellamiento por aparentemente ninguna razón (no hay choques, accidentes, obras en la vía, etc., nada), para desenvolverse después sin que se haya superado obstáculo alguno.

Berthold Horn, profesor de informática del Massachusetts Institute of Technology (MIT), se dedicó al estudio de estas situaciones para, además, poder encontrar una solución. Según Horn estas se dan como resultado del flujo del tráfico y específicamente cuando en un trancón denso un vehículo disminuye su velocidad, ocasionando que el vehículo que lo antecede se vea forzado a reducir aún más la suya.

Entrar o salir de Bogotá por la Autopista Norte sigue siendo significando un caos.

Entrar o salir de Bogotá por la Autopista Norte sigue siendo significando un caos.

Como un efecto dominó o de bola de nieve, la situación comienza a replicarse a lo largo del carril, con cada conductor disminuyendo la velocidad para no impactar al vehículo de adelante, hasta que los carros se ven forzados a detenerse del todo.

En ciudades como Bogotá estos trancones no solo ocurren a causa de conductores que reducen su velocidad por no mantener una distancia prudente frente al vehículo de adelante: la infraestructura también afecta en gran medida. No hay sino que ver cómo situaciones de embudo (como las que se encuentran al salir de Bogotá por la autopista norte) desembocan en trancones que se pueden extender por kilómetros, a su vez traduciéndose en largas horas de avance a mínima velocidad.

Entrar o salir de Bogotá por la Autopista Norte sigue siendo significando un caos.

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Lo mismo puede ocurrir a causa de algún hueco que no se pueda esquivar del todo (cuando ocupan buena parte del carril, por ejemplo), por reductores de velocidad instalados sin ningún estudio previo (en vías rápidas) e incluso en intersecciones o lugares sin debida señalización.

Tal como dice Horn, la congestión causada por estas variables es densa, pero si a ellas se les suman los trancones fantasmas, la situación solo puede llegar a empeorar.

Luego de llevar a cabo los estudios pertinentes, que incluyeron simulaciones con robots avanzando en una misma fila manteniendo distancias entre ellos, así como la observación de animales que se mueven en grupos (aves, peces, murciélagos) y que siempre dejan espacios entre sí para evitar golpearse, Horn llegó a la conclusión que estos trancones pueden llegar a evitarse si se aplica un control bilateral.

Entrar o salir de Bogotá por la Autopista Norte sigue siendo significando un caos.

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Por control bilateral se refiere a mantener un espaciamiento constante entre los vehículos, que actuaría como amortiguador de los trancones fantasmas al prevenir en gran medida el efecto que hace que los vehículos deban disminuir su velocidad o incluso llegar a detenerse para evitar golpear al de adelante.

En principio este distanciamiento pueden hacerlo los conductores (claro, en nuestro entorno hay un factor cultural importante), pero también podría llegar a ser una función del control de crucero adaptativo que ya implementan algunos vehículos y que podría mejorarse cuando sean autónomos.

Entrar o salir de Bogotá por la Autopista Norte sigue siendo significando un caos.

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Según Horn, una de las soluciones puede ser ampliar las vías, que haya más carriles disponibles para una distribución más efectiva del tráfico, pero como los costos de esto son tan elevados la mejor opción es tratar de incrementar el flujo de los vehículos por medio del control bilateral.

Así las cosas, es claro que los trancones fantasma no solo son un punto neurálgico en la movilidad de ciudades como Bogotá, sino que además pueden trazarse, principalmente, a un error o culpa humana.

Por la misma razón, inicialmente su solución se encuentra por la misma vía: si los conductores comienzan a dejar, y sobre todo respetar, una distancia prudente respecto al vehículo de adelante y al de atrás. Pero claro, esos espacios suelen ser imanes de motos y ‘narices’ de todos los demás vehículos.

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