A la altura del país

A la altura del país

Redacción Motor

08:37 p.m. 06 de marzo del 2012

Tuvieron que levantarse de sus puestos los controladores
aéreos del país para que se empezaran a tomar algunas medidas que subsanen el tremendo atraso y descuido en los cuales el gobierno ha tenido este aspecto de la movilidad del país.

El diagnóstico del trancón aéreo por este factor de la falta de controladores, sus salarios totalmente desfasados a tal punto que les subieron de un golpe el 128 por ciento -un factor totalmente insólito y que refleja la justicia de sus pedidos con relación a sus responsabilidades y tensiones de trabajo- son apenas una pequeña muestra de la situación.

Leo esto en EL TIEMPO y transcribo de manera sintetizada:
"Se necesitan 179 controladores adicionales al grupo de 519 que hay actualmente en el país, según un informe de la propia Aerocivil, que indica que el personal técnico de esa entidad es de 465 personas contra una plaza de 2.765 funcionarios. A esta coyuntura se suma el hecho de que una gran cantidad de controladores está
próxima a jubilarse, al mismo tiempo que la Aeronáutica ha abierto más rutas y frecuencias por lo cual los controladores han tenido que doblar sus turnos". (Nota nuestra: algo que puede tener implicaciones de contravenir las reglas internacionales de seguridad aérea).

Las cifras están desactualizadas en menor cuantía con las que se ventilaron durante el reciente proceso de negociaciones con los controladores que armó un caos en todo el transporte aéreo. La explicación es lo que está publicado en nuestro periódico del 9 de octubre, pero de 2009, es decir hace dos años largos cuando otro gobierno regía el país y la Aerocivil la comandaba Fernando
Sanclemente, todo esto bajo la cabeza del Ministerio del Transporte que en los ocho años de la presidencia de Álvaro Uribe fue la peor cartera de su administración.

O sea, que el gobierno de entonces y el actual han sido indolentes,
cuando no irresponsables, con este asunto que arreglaron ahora a medias, y de paso los controladores quedaron ante el país con la imagen de que son los más directos culpables del colapso aéreo.
No hay tal. Esa es apenas una pequeña cuota del problema pues la infraestructura pone una parte mucho más grande.

Los aeropuertos del país en general son de una pobreza técnica y física melancólica. Solo uno de ellos tiene dos pistas por razones de volumen de operación (en Cúcuta hay dos, pero por los fuertes vientos cruzados que hay en la zona). Los terminales son mínimos
y cuando se hace la ampliación de El Dorado las cuentas dicen que para cuando la terminen ya habrá quedado chiquita.

Lo del cemento, corredores, estacionamientos y accesos a los aviones es parte del lío, pero tecnológicamente hay mucho más. En 2011, por El Dorado pasaron 20.5 millones de pasajeros y 650 mil toneladas de carga. El aumento de pasajeros fue 1.5 millones con respecto al año anterior.

Aeropuertos con dos pistas como el nuestro son capaces de mover más del doble de pasajeros al año. Por ejemplo, Hong Kong logra 54 millones. Londres en 2010, 69.4 millones. Solo cito dos casos y corresponden a ciudades mucho más grandes que Bogotá y que en carga movilizan unas cuantas toneladas más que nosotros.

La razón es que su tecnología de control de vuelos es de última generación mientras que la de acá es primaria. Para sacarles provecho a las pistas se necesita que la separación entre aviones en las aproximaciones sea mucho más estrecha, gracias a equipos de seguimiento y controladores del más alto nivel.

Esto permite más operaciones por minuto, sin necesidad de hacer más obras. El control del tráfico de niveles superiores en las
aerovías debe ser más eficiente. Los aterrizajes no se cancelan por mala visibilidad o tiempo con tanta frecuencia debido a que existen sistemas de aproximación instrumental mucho más avanzados, de categorías que permiten incluso los aterrizajes con visibilidad cero.

Hoy Airbus ya está planteando en sus aviones un sistema
de navegación mundial 4D, que permite a las compañías
hacer sus propias trayectorias para tener recorridos
más cortos y rápidos entre puntos. También les echaron la culpa a las aerolíneas por cancelar vuelos e incumplir horarios.

Seguramente una parte es su responsabilidad por las dificultades propias de la operación, pero lo que menos quiere una compañía
es meterse en problemas con los pasajeros, fallar en sus rutas, pagar hoteles, aguantarse todas las protestas y cargar con la mala fama que eso conlleva.

Hay muchos reproches que se les pueden hacer, pero el primero le cae al gobierno, que tiene a la aviación comercial muy maltratada y a la privada muy estigmatizada, y si quiere una economía que vuele, necesita hacer más que arreglar
los pedidos laborales de los controladores.

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.