Arranque 538 / No hay que darle largas a la seguridad

Arranque 538 / No hay que darle largas a la seguridad

Redacción Motor

05:07 a.m. 08 de agosto del 2011

5.704 colombianos murieron en accidentes de tránsito en 2010 y 39.318 sufrieron lesiones no fatales en incidentes con vehículos, según el estudio anual que reporta Forensis, que es el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en asocio con el Fondo de Prevención Vial.

El documento va más allá del recuento aritmético de estas fatalidades pues profundiza de manera científica en las causas, métodos de análisis, tipos de colisiones, características de los vehículos involucrados, edades y géneros de los afectados, lugares y muchas otras interesantes variables.

Los motociclistas ponen la suma más dolorosa pues 2.665 de ellos murieron conduciendo sus vehículos. Dos marcas de esos aparatos, que el estudio no cita, fueron el sujeto del 57% de esos incidentes y corresponden a cilindradas de 100 a 200 c.c. en un 60%, un 30% en las más pequeñas y el 8% restante a las motos más grandes. Esto refleja, como es obvio, el tipo de usuarios de las motos, que son personas que la tienen para su trabajo (los accidentes en su mayoría ocurren entre las 12 del día y las 5 de la
tarde, horas laborables y no propiamente recreativas), en gamas populares y que identifican bien a la mayoría de los más de 300 mil colombianos que estrenan moto cada año. Y, además, son jóvenes porque la gran mayoría de las víctimas tenía entre 20 y 34 años.

Estas dolorosas estadísticas tienen algún punto "positivo", aunque la palabra no cabe sino técnicamente pues no es deseable que haya ni una sola víctima en estas circunstancias, pues registran una mínima reducción de 92 víctimas fatales con respecto a lo apuntado en 2009. Si esto se cuantifica contra el incremento del parque automotor que puede registrar el ingreso de más de 250 aparatos de cuatro ruedas y cerca de 300 mil motos al año, francamente hay que decir que es milagroso que la cifra sea sostenida y no haya tenido un alza.

Esto se debe a las múltiples tareas preventivas de la Policía, las campañas del Fondo de Prevención Vial, a la mayor conciencia ciudadana para cohabitar con las motos y también a las precauciones mayores que estos conductores toman con respecto al entorno en el cual se mueven. Pero es milagroso que no pasen más cosas cuando miles de pases mensuales los sigue expidiendo el Ministerio sin cursos al menos primarios de conducción y normas de tránsito, sin exigencias ni antecedentes de manejo de vehículos, los cascos no son homologados, las motos las entregan contra el recibo de la luz y nada se hace de manera inmediata para controlar ese aspecto que no puede esperar debates de un nuevo código ni procesos parlamentarios indeterminados.

Las motos son un vehículo fundamental para la movilidad del país. Basta con pensar en qué se transportarían cerca de dos millones de personas que, según papeles, son sus propietarios. ¿Caben en los Transmilenios, hay taxis para llevarlos, funcionaría la mensajería urbana, los pueblos tendrían comunicación con los campesinos, cuántas ciudades menores funcionarían sin el mototaxismo, cómo llegarían las personas a sus casas cada vez más distantes y aisladas vialmente? De no ser por las motos, el país estaría completamente atascado. Por consiguiente hay que tomar medidas para que su convivencia sea más amable y segura.

Por ejemplo, se podría implementar que el pase nuevo tenga una restricción acorde con la cilindrada de la moto y que el ciudadano vaya teniendo acceso a máquinas más rápidas y potentes a medida que su licencia reporte más kilómetros de experiencia.
Hoy, cualquiera puede ir y montarse de un momento para otro en un aparato de 185 caballos y 300 kilómetros por hora y nadie le pregunta si sabe manejarlo. Por lo menos en el automóvil tiene una
carrocería que la protege, pero en la moto su exposición es total y también involucra a muchas personas porque en la atribución de responsabilidades de los accidentes con motos, al dueño del carro siempre le cargan las culpas aunque no las tenga.

El nuevo código, si se aprueba, obligará a que los vendedores entreguen cascos homologados y seguros con cada moto nueva. ¿Es necesario esperar a que el Congreso apruebe una medida de estas y otras afines que pueden entrar en vigencia, como lo será la de los airbags y ABS para los automóviles desde el próximo modelo mediante una orden del Ministerio? Órdenes para las cuales no caben discusiones ni argumentos peregrinos que han manifestado las asociaciones de comerciantes que dicen que estos avances en seguridad van a frenar sus ventas, como si fuera más importante ganar plata que tener ciudadanos vivos cuando haya colisiones.

Hago énfasis en las motos para protegerlas pues sus usuarios son los más vulnerables. Pero hay que recordar que en 2010 hubo 665 muertos en automóviles, 350 en bicicletas, 570 en camionetas o camperos, 56 en microbuses, 13 en transporte masivo, 44 en buses articulados, 47 en volquetas, 21 en tractores y, créanme el colmo de las fatalidades, ¡6 en ambulancias!

Ojalá estos números muevan decisiones y acciones más inmediatas de parte del Ministerio y sus ramas subsidiarias y complementarias.

Hay asociaciones de comerciantes que cuestionan las nuevas normas de seguridad en los carros como si fuera más importante ganar plata que proteger vidas.

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