Arranque 539 / Que nos hagan las cuentas claras

Arranque 539 / Que nos hagan las cuentas claras

Redacción Motor

05:21 a.m. 29 de agosto del 2011

El asunto de los precios de la gasolina comienza a tomar proporciones diferentes a la sumisa protesta del ciudadano durante las 24 horas siguientes a cada alza. Hay movimientos cívicos de recolección de firmas para llevar al Congreso proyectos de ley para controlar su valor inicial, revisar las fórmulas de liquidación, los márgenes de comercialización y la dosis de impuestos que el gobierno le aplica al combustible para que llegue a ser uno de los más caros del continente en el seno de un país productor de petróleo y con esa industria en alza y bonanza.

También hay parlamentarios cuestionando en el nivel del Congreso la forma como se tasa este vital insumo de la economía, ya no a nivel de declaraciones oportunistas sino en el contexto de fijarle al gobierno por ley unas normas de comportamiento fiscal que el país conozca claramente y que se conjuguen con los beneficios y ventajas racionales que los usuarios de un producto local y propio deben tener.

El ejecutivo se debe haber dado cuenta de que el asunto le está caminando de manera urticante por las patas de los escritorios pues poca sustentación técnica tienen sus fórmulas. O al menos las evasivas y tiesas explicaciones de sus ministros con las cuales tratan de justificar el altísimo valor público de los combustibles, no son convincentes.

Para no confrontarlos con la calidad, que es apenas la mínima internacional, pero lejos de ser una gasolina o Acpm modernos que permitan la llegada de motores de bajas emisiones y que estén a tono con el futuro ambiental. O siquiera que clasifiquen para ser aprobados en los tratados de comercio internacionales que están promoviendo. A propósito, a finales de este mes se vence el plazo para que el gobierno diga cómo serán las mezclas de gasolina con alcohol y Acpm con biodiésel, de acuerdo con las exigencias que tiene con la Unión Europea, que no acepta las actuales políticas y mezclas colombianas que van para atrás en materia ambiental.

Regresando al tema del día, los últimos anuncios de precios de gasolina nos dan una clara idea de cómo todo ese andamiaje de fórmulas y cálculos que el ministro Rodado esgrime con la severidad de un juez, como si no supiéramos que sus tesis ya son un inexplicable y suficiente castigo para la comunidad. De un día para otro, le suben cien pesos al galón y de la misma manera lo bajan para calmar los ánimos.

¿Por qué cien pesos y no 110 o 95, o más, o menos, si se trata de una fórmula matemática y justa que varía con los precios internacionales del crudo, como nos dicen? Simplemente porque ese famoso fondo de compensación es un impuesto más que tiene manejo caprichoso y una utilización totalmente liberal por parte del gobierno. Y como todo impuesto colombiano, siempre va al alza así las variables para imponerlo vayan a la baja.

El presidente Santos tiene una tesis muy discutible pues sostiene que esos subsidios a los combustibles (forma de llamar al impuesto) son regresivos y que bajar sus precios sería un beneficio para los ricos que tienen carro. Francamente, con todo el respeto y distancia que separan a un periodista del sector del perfil de gran estadista y economista internacional que tiene nuestro mandatario, disentimos de sus tesis. O al menos desde nuestra butaca nos da el espacio para preguntar algunas cosas.

Por ejemplo, si el precio de la gasolina no afecta el de los alimentos que viajan en camiones. Si el valor del pasaje del bus no le pega a la canasta familiar de las personas demenores recursos. Si la tanqueada de la moto no va en contra del rendimiento diario de quien trabaja en ella. Si tener auto es de ricos, entonces hay como tres millones de acaudalados ciudadanos en el país que no tienen su automóvil como un elemento obligatorio de movilidad sino como un trofeo en su garaje. Si tomar un avión cuando las carreteras no funcionan, viven taponadas por mala construcción, le cuesta una fortuna al ciudadano medio, que no tiene opciones para moverse porque su combustible es oneroso.

Es optimista y muy irreal pensar que el gobierno se va a bajar de ese recaudo multibillonario que hace con la gasolina y el Acpm pues sobre esas platas están hechas sus proyecciones y es un tributo que recibe diariamente de contado, en billete físico.

Pero, entonces, que nos digan la verdad. Que nos expliquen por qué pagamos aranceles sobre un producto local como si fuera importado y que nos pongan una fórmula calculable y visible sobre cómo nos cobran ese platal por llenar los tanques de los carros y, sobre todo, nos digan en dónde está invertida esa plata con algún retorno a quien la paga. Porque carreteras, calles, aeropuertos, vías, ferrocarriles, puertos, no progresan al rimo que se supone, los pagamos por adelantado.

Hace pocos días, Juan Gossaín puso en su prosa caribe y con gran despliegue en EL TIEMPO los números enigmáticos de este insumo, que en todos los medios se ha tratado en términos más especializados pero no menos crudos. Eso quiere decir que a todos los niveles, el tema merece una explicación más allá de los regaños de los ministros o de las tesis presidenciales que si considera regresivos los subsidios, nos expliquen los que hay en tantos otros sectores como la agricultura, la más protegida y la más pasiva de sus locomotoras.

Las carreteras, calles, aeropuertos, vías, ferrocarriles y puertos no progresan al rimo que se supone, los pagamos por adelantado con el impuesto de la gasolina.

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.