Arranque / La confianza nos tiene andando en Colombia

Arranque / La confianza nos tiene andando en Colombia

Redacción Motor

01:41 a.m. 09 de abril del 2011

  En el mes de marzo se vendieron más de 32 mil vehículos, cosa que nunca antes había sucedido en la historia del sector automotor. Es un excelente síntoma de la dinámica económica que se vive y del ánimo de la gente que está comprando carros "a la lata". Sin embargo, esto no se debe ver como un simple apetito consumista o de atracción vehicular pues el fenómeno de la oferta financiera que hay alrededor del automóvil es impresionante. A tal punto que los copiosos anuncios que promueven la venta de carros poco o nada dicen de los mismos y de sus condiciones técnicas pero sí se refieren extensa y visiblemente a las ofertas de créditos, intereses bajos, cuotas diferidas, meses de pago muertos, regalos de matrícula, SOAT y hasta de gasolina por un determinado tiempo o cupo de plata.

La razón para que haya esa abundancia de dinero buscando compradores radica en que el sector financiero ha abierto las puertas y flexibilizado las condiciones de préstamos porque la calificación de los compradores de autos ha subido de punto y ya no son considerados como clientes de alto riesgo, como sucedió hace algunos años. Es decir, los colombianos están pagando cumplidos y sus balances indican que tienen mayor capacidad para endeudarse.

¿Cuál es la razón para ese cambio? Hay una explicación genérica y otras técnicas, al decir de expertos a quienes les pedimos su visión en palabras profanas y prácticas.

La genérica es una palabra muy universal y se llama CONFIANZA. Todo el mundo se siente en mejores o más seguras condiciones de trabajo, las empresas ven sus balances en negro y en alza, el manejo que se ve por parte del gobierno es alentador y certero en el campo de las finanzas públicas y hasta el destape de todos los escándalos de contratación y corrupción, a pesar de ser unas funestas noticias, también indican que algo está pasando para ventilar esas ollas podridas con las cuales estamos conviviendo y hasta se había cogobernado a juzgar por el castillo de funcionarios de la pasada administración, de los órganos de "control" y del parlamento que se está desplomando.

Las razones técnicas se refieren a un contexto mucho más preciso. La economía está recibiendo muchos dineros de su propio rendimiento y de inversión extranjera.

Las cuentas informan que en un plazo de diez años, del 2004 al 2014, los ingresos por la minería y el petróleo habrán crecido nada menos que diez veces. En solo cinco años las entradas por ese rubro han pasado de 5 a 25 mil millones de dólares anuales.

Otro argumento no tan comentado es el empleo. Si bien las tasas de desocupación no ceden de manera importante y significativa, el empleo profesional sí ha crecido en unos 300 mil puestos de trabajo calificados y bien pagados y eso genera un tráfico de consumo hacia bienes más costosos entre los cuales el automóvil es un objetivo claro de los profesionales emergentes o el ascenso
de clase vehicular en los ya establecidos en salarios con capacidad adquisitiva.

Colateralmente, existen otras circunstancias positivas. Hay la percepción de que los carros están baratos y en la práctica es así pues el dólar no ha subido hace meses, lo cual genera estabilidad de precios -que es otro factor para que haya más confianza- y las casas vendedoras se han lanzado también con algunas agresivas promociones de altos descuentos que han quebrado el mercado, una vez más a favor del consumidor pues la competencia tiene
que emular esas rebajas. Esto hace que por lo menos, aunque no todos los precios bajen, sí sea imposible subirlos y esto acerca a los compradores.

La siguiente inquietud es si esto va a seguir así "disparado", como dice la gente del sector automotor. Ricardo Ávila, director de Portafolio, sostiene que las cosas van a ser iguales y con tendencia al alza y hasta se atreve a ver en años no muy lejanos ventas de 600 mil carros anuales en el país, lo cual sería más del triple de lo actual. Es la proporción entre el PIB que se estima y la cantidad de habitantes con la cual se calcula el potencial mercado
automotor de un país, cifra en la cual Colombia va muy atrasada.

Ante todas estas consideraciones, también llega la pregunta de la lógica: ¿Dónde vamos a meter todos esos automóviles, si ya no caben ni en las calles y carreteras actuales? No se le puede echar la culpa del trancón nacional al crecimiento vehicular, si este es el reflejo del buen trato que el gobierno le está dando a la economía y al mejor momento de las finanzas públicas y privadas que se ve llegar. Todos los estímulos para el desarrollo y sus resultados significarán que habrá siempre más personas dispuestas y necesitadas de comprar carro nuevo y que las obras públicas, la construcción y el transporte de toda esa actividad industrial van a consumir muchos más aparatos de carga de los que hay actualmente.

El gobierno va bien internamente, no hay dudas, y se desembolata cada vez mejor en los escenarios internacionales del comercio. Pero sí está en clara mora de ponerle orden a la contratación pública para que se haga la infraestructura porque si esta se sigue feriando en una zona de tolerancia, se acaba la confianza y el país queda en neutro o hasta engancha en reverso.

"El gobierno anda bien en muchas cosas pero está en mora de meter en cintura a los carteles y mecanismos de la contratación, que se están tragando el potencial crecimiento de la infraestructura vial".

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