Arranque / Las diferencias del fondo y la forma

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, comenta sobre los caprichos de seguir con la implementación de una biogasolina con 85 por ciento de etanol que afectaría todo el parque automotor actual

Redacción Motor

05:28 a.m. 06 de mayo del 2011

Recibí, como era de esperarse, una extensa carta de la Federación Nacional de Biocombustibles, con los respetables autógrafos de su presidente ejecutivo Jorge Bendeck Olivella y del presidente de la junta directiva, Jorge Cárdenas Gutiérrez.
Desafortunadamente no la puedo reproducir totalmente en este espacio pero en líneas generales, hacen una defensa -como es lógico de su parte- de las normas que el gobierno anterior planteó para elevar el etanol a un 85% en la gasolina y el biodiésel en diferentes proporciones para el consumo masivo en todos los vehículos del país y que cuestionamos en un pasado artículo.

Sobre la gasolina con el 85% de etanol no hay reparos técnicos, salvo que no le sirve a NINGUNO de los vehículos actuales -viejos y nuevos- con los cuales es totalmente incompatible, lo mismo que
con toda la red de almacenamiento, distribución e infraestructura general. La federación nos hace toda suerte de consideraciones sobre su historial y beneficios, que nadie discute, salvo porque en el país no existe a corto plazo la forma de implementarla en el término que obtuvieron por decreto del gobierno, que ordena que, desde el 2012, todos los motores de cierta especificación que lleguen al país deben ser "flex" para usar un E85 que no está disponible y que no todos los fabricantes de autos del mundo consideran tolerable con sus motores de hoy y de mañana.

Sobre ese punto, hemos sugerido que en vez de poner una norma excluyente de ese calibre, se hagan planes piloto de oferta de E85 en ciudades escogidas, que los autos que tengan esa posibilidad técnica paguen menos impuestos para estimular su compra y funcionamiento y que, a medida que vaya creciendo su número, se extienda también la red de estaciones y entrega de etanol, cuyos productores quieren ir a la fija, con cero riesgos en el proceso, con precio garantizado y cómodas normas que les sirvan de colchón.

Pero imponer eso de manera excluyente y terminante no nos parece lo correcto y es fácil deducir que en términos de compatibilidad con las normas de comercio internacional sea acertado. Las recientes noticias, tropiezos y sucesos con los negociadores del TLC con Europa así lo atestiguan. La federación dice en su carta que le hizo ver al gobierno anterior esas debilidades de infraestructura y tecnología, pero que la impusieron para favorecer el trabajo campesino y la paz rural. Cosa que es confundir la herramienta con el dueño del taller.

En cuanto al biodiésel, también existen reparos técnicos sobre la compatibilidad que la federación defiende con base en estudios que ha hecho la Universidad de Pereira con motores de uso actual en el transporte intermunicipal que les demuestran que un 20% de mezcla de bio no causa problemas.

Al respecto los grandes fabricantes de motores, y especialmente los europeos que son quienes más saben de esto, han manifestado que más de un 7% no es tolerable con los motores modernos (los que usaron en Pereira son bastante primarios) y han puesto como condición que se observe ese límite para firmar el TLC.

Francamente, y con todo el respeto que nos merece la Universidad de Pereira, yo creo que fabricantes como BMW, Mercedes, Audi, Peugeot, Volkswagen, Skoda, Renault, Opel, Seat y Fiat, para solo citar europeos, no hacen esos planteamientos caprichosamente o por defender unas ventas que, si bien son importantes en sus balances mundiales, son de muy poco porcentual en la totalidad de las operaciones. Sus razones deben tener mucho más peso que las decisiones tomadas de carrera por los ministerios colombianos que están muy lejos de conocer y promulgar una verdadera política ambiental alrededor de los combustibles y nuevas formas de motorización.

Nadie se opone a métodos alternativos en todos los frentes y cuantas más propuestas, viables y sustentables, lleguen, mejor y debemos soportarlas.

Pero no podemos seguir confundiendo el fondo con la forma, sobre todo cuando en lo primero no hay un conocimiento ni una directriz gubernamental clara y consistente. Y, en lo segundo, se decide en una ruta que no debe ser la correcta, cuando tantos reparos genera. Y no solo a nivel de esta modesta columna, sino en las altas jerarquías de la tecnología y del equilibrio comercial mundial al cual Colombia quiere adherir y donde no será aceptada si no habla el mismo idioma.

Colombia no puede adherir a los grandes movimientos comerciales del mundo si no habla el mismo idioma de sus probables socios.

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