Arranque / Un nuevo Código de Tránsito no será suficiente

El director de Motor, José Clopatofsky, comenta sobre lo indispensable de reformar la política de tránsito y movilidad en Colombia y pide a las autoridades que no se queden en cambiar el código.

Redacción Motor

03:11 p.m. 23 de mayo del 2011

  El Ministerio de Transporte está trabajando en una nueva versión del Código Nacional de Tránsito, en la cual busca agrupar toda la legislación caprichosa y suelta con la cual se pretende regular al sector automotor y que, por tener diferentes orígenes en su concepción, es una variopinta y, en muchos puntos, una antitécnica colcha de retazos. La razón es que estas normas se han aprobado en el Congreso cuando corresponde a ese nivel de decisión o en ministerios y entidades secundarias, de manera dispersa, sin muchos conocimientos de causa y en algunos puntos en una penosa contravía contra las normas internacionales.

La razón para que esto suceda es la anarquía y falta de liderazgo que en los pasados y muy mal recordados años han caracterizado al Ministerio del Transporte, que debería ser el eje directriz de la política de homologaciones, certificaciones, entorno técnico y ambiental, comercio, regulación industrial, para solo citar algunas tareas que le corresponden en el papel. Además de la regulación legal de los automotores, su estado mecánico, chatarrización, funcionalidad, seguridad, estadísticas, aptitudes para licencias de conducción y obviamente del funcionamiento vial de todo el país y su vigilancia.

Como en el Congreso todos los parlamentarios tienen la libertad de presentar proyectos que no van necesariamente concertados con el gobierno, bien sea por su independencia legislativa o por la distancia y descuido del Ministerio, pues van saliendo normas de todos los pelambres, algunas buenas, claro, pero en general como cosas sueltas que no dejan de tener su sabor politiquero. También los alcaldes y concejos municipales meten mano en su nivel.

Es tan dramático el asunto que esta es la hora en la cual los colombianos, ni su policía vial, sabemos con certeza cuál es el límite de velocidad que rige en las rutas y calles. O, si sabemos, la aplicación de la ley sigue al capricho del agente de turno pues la comandancia de la policía especializada no la precisa y el ministerio la diluye y confunde. Como cuando por el invierno reciente, se redujo la velocidad máxima, caprichosamente y a las pocas semanas tuvieron que echar reverso pues la norma fue declarada inconstitucional. ¡Nada menos!

Este nuevo gobierno quiere poner todos los elementos de ese agujereado canasto en cintura, tarea que es muy dispendiosa pero obligante. Se está elaborando un texto integral que pavimente debidamente las legislaciones a fin de que sean coordinadas y rimen sus principios y alcances. Esto no solamente debe resumirse en un código consistente sino que también de alguna manera tiene que sentar un precedente para evitar que en todas partes promulguen decretos y formalicen ideas.

Pienso que todos los ministerios que tocan al sector automotor con sus decisiones como el de Comercio Exterior, Medio Ambiente, el mismo de Transporte, la DIAN, el Icontec, y existirán más imprentas oficiales al respecto, tienen que confluir en un solo viceministerio del sector automotor donde se evalúen, coordinen y se implementen si son precedentes.

Esta actividad y obligación estatal no debe confundirse con otras tareas propias del Ministerio y que no pueden convivir en la cabeza de una sola persona u oficina. Por ejemplo, el tránsito y control de las vías es otro cuento y debe tener su propia gestión, ojalá que no
flote al vaivén de los cambios de la organización militar que es forzosamente transitoria y genera una falta de continuidad y claridad en la operación.

Mucho menos debe atenderse en el mismo púlpito el problema del transporte público y de carga que es un galimatías político, lleno de presiones e intereses, que se maneja con toda suerte de intrigas en oficinas de mandos medios y se resuelve por las buenas influencias o por las malas, como hemos sufrido con los recientes
paros.

Por lo tanto no es solo cuestión de hacer un código sensato sino de ponerle orden a toda la política del sector que, si bien no ha merecido la institucionalización con un ministerio propio, sí la requiere internamente con despachos dedicados a cada uno de estos asuntos separadamente y con la idoneidad y rumbo claros porque con esta actividad no pueden seguir jugando.

No es lo mismo atender la ingeniería vial, ni la construcción de rutas, túneles y puentes, responder por la infraestructura y la administración de sus tortuosos contratos que la atención del sector automotor. Tengo la sensación de que el actual ministro así lo ha entendido dada su especialidad en estos temas y ojalá instale en los despachos aledaños funcionarios y misiones que ordenen este mundo que sigue andando en el mayor e imperdonable desorden.

"NO ES LO MISMO atender la ingeniería vial, ni la construcción de rutas, túneles y puentes, responder por la infraestructura y la administración de sus tortuosos contratos que la atención del sector automotor".

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