Arranque / Los Nule son sólo la tapa de la olla

El director de Motor, José Clopatofsky, comenta acerca de las dimensiones que tiene el problema de las 'danza de millones', las obras inconclusas y las concesiones de las obras públicas en el país.

Redacción Motor

05:10 a.m. 28 de marzo del 2011

  Las dimensiones de la catástrofe de la contratación de las obras viales en Colombia parecen no tocar fondo porque para uno, como ciudadano que escasamente maneja la magnitud de los seis ceros a la derecha, saber cuánto son billones de pesos es algo que no cabe en la cabeza ni en la aritmética que aprendimos o en la connotación que se les daba de millonarios a los ricos. Por ahí pasamos hace muchos años y ahora los ceros no caben ni en las
calculadoras.

La defraudación es fenomenal, fuera de todo cálculo, tanto que me parece que el país no se ha dado cuenta de la forma como nos han venido tumbando seguramente desde hace mucho tiempo y de manera descarada e ilimitada en los últimos años. Y a la vez, uno queda súpito por la cantidad de billete impresionante que hay para hacer cosas y obras de progreso que no se ven ejecutadas en la misma dosis.

Sin embargo, la atención parece concentrada en el deprimente espectáculo judicial que se ha tejido alrededor de los personajes cuestionados por estos descalabros. A unos les dan trato preferencial y viajan sus interrogadores hasta Miami donde escampan en el cálido aire de la Florida el ardiente ambiente que acá les espera. También los políticos cuestionados entran y salen como Pedro por su casa y el problema no puede morir en un contralor enjuiciado y funcionarios de otros rangos administrativos de Bogotá en el estrado.

Porque sucede que el problema no es el roto de la 26 y sus vecindarios bogotanos sino que el cáncer y el cruce de cuentas y contratos se extiende a todo el país y más allá del pavimento y el cemento pues hasta el manejo de la Bienestarina está en manos del cuestionado grupo de los Nule, cuyos tentáculos y ambiciones parecen tener las dimensiones del King Kong de las películas.

Eso amerita reflexiones y acciones mucho más severas y profundas por parte del gobierno, porque el remedio no consiste en destapar la nata de este plato sino en revisar a fondo todo el carrusel de componendas, contratos sin planos, obras por inventar, adjudicaciones de última hora, licitaciones uniempresariales o personales, feria de las regalías petroleras, desarrollo de proyectos en los cuales los auditores son los mismos constructores y, en la mayoría de los casos, el sobreprecio del soborno incluido.

Es que los Nule son apenas la tapa de la olla a presión cuyo empaque se quemó ante tanta efervescencia de irregularidades.

Pero nadie es tan idiota como para no intuir que por debajo el caldo hierve con mayor intensidad, pues a diario caen funcionarios, alcaldes y gobernadores con menores montos en pesos pero con la misma dosis de pecado de corrupción.

Hay contralorías que seguramente trabajan porque, si no fuera así, al país se lo habrían robado literal y totalmente hace años. Pero su labor no es completa o no tienen las mejores herramientas, disposición o controles para ejercer una vigilancia previa eficaz porque cuando ya han feriado los recursos, de nada sirven las investigaciones ni las sanciones porque el billete nunca vuelve y el país pierde todas sus oportunidades de progreso y desarrollo.

En el caso del transporte, la movilidad y la calidad vial y de infraestructura del país, las consecuencias de todo este escándalo que se destapa y de los años pasados que han transcurrido bajo la tolerancia de las autoridades y de los mismos ciudadanos, son lamentables. No solo en materia de faltantes de plata sino por la pésima o nula planeación de obras o la entrega de proyectos a ejecutores incompetentes, que es una forma diferente de la corrupción pues es dilapidar los recursos con beneficios a terceros.

Basta con preguntar por todos los desvaríos del Invías, por el atraso de diez o más años de la famosa Ruta del Sol, por los fracasos de los proyectos de ferrocarriles, por todos los carretazos que nos venden anualmente sobre la recuperación de la navegación por el Magdalena, la ineficacia de los puertos o el estado deplorable de las carreteras que no están bajo la generosa modalidad de concesión y a la vez onerosa para los usuarios, los paganinis de todo.

Para no citar errores dramáticos como cuando un alcalde de Bogotá les entregó a unos constructores mexicanos la malla vial para su recuperación y se evaporaron con la plata o el famoso relleno fluido de la autopista que se convirtió en otro caso jurídico, pero cuyos remiendos pagamos con los impuestos del día y las incomodidades permanentes en una vía para siempre inconclusa.

Se espera que este destape tan escandaloso no se quede en el ring de boxeo de los Nule contra los Moreno o Moralesrussi. Es imperativo que la contratación en Colombia pase por una profunda cirugía y que se creen mecanismos que logren blindar el uso de nuestros recursos y el ciudadano percibe que el gobierno cohabita en esta zona de tolerancia porque no se oyen ni ven correctivos de fondo que no dan espera y el país reclama a gritos.

Mantener la olla a fuego lento no es el mecanismo para evitar que estalle; hay que levantar la tapa de una vez por todas, así sea con las grúas que el Ministro del Transporte busca para calmar los paros. Hay pocas en el país, pero existen y hay que usarlas.

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"Uno queda súpito al ver la cantidad de billete tan impresionante que hay para hacer cosas y obras de progreso que no se ven ejecutadas en la misma dosis".

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