¿Qué tan aterrizada es la idea de volar y evitar el tráfico en tierra?

Si usted es de los que creen que la solución a los atascos es migrar de las llantas a las alas, bájese de esa nube. Según expertos, el conductor difícilmente dejará de buscar su 'polo a tierra'.

Redacción Motor

07:22 p.m. 28 de marzo del 2014

Un portal estadounidense, experto en revelar lo que la gente siente y en contestar esas preguntas inverosímiles y un tanto ingenuas que uno se hace cuando busca soluciones a problemas cotidianos, decidió indagar qué tan viable es, desde el punto de vista del conductor, movilizarse en vehículos voladores.

Para aterrizar el tema, How Stuff Works (así se llama el portal) encontró cinco puntos específicos que alejarían a los conductores de estas máquinas, basándose en estadísticas y en hechos reales. ¿Ud. cree que podría manejar su propio avión? A esto se enfrentaría en el aire, según los expertos de la página Web.

Volar es una experiencia ‘asustadora’

A pesar de que el número de accidentes aéreos corresponde al 0,1 por ciento respecto a los de tránsito, el 40 por ciento de las personas le temen al avión. Es un porcentaje demasiado alto, incluso cuando la experiencia de volar implica tan solo sentarse durante un largo periodo de tiempo sin hacer otra cosa que leer un libro o ver una película. Además, los pilotos reciben muchas horas de entrenamiento antes de maniobrar una aeronave y no chatean ni habla por teléfono mientras lo hacen, como sí sucede con el conductor normal.

Los vehículos son muy costosos

Estados Unidos está inmerso en un proyecto de 50 millones de dólares que busca aviones personales y, paralelamente, una compañía privada ya está experimentando con uno de esos aparatos, tasado en 279 mil dólares (600 millones de pesos), frente a los 30 mil (60 millones de pesos) que cuesta un buen vehículo ‘terrestre’.

Los costos de mantenimiento y el gasto de combustible son mucho mayores, sin contar con los seguros, que deben tener en cuenta los daños causados si se ‘descuelgan’.

Vararse es caer

Un desperfecto mecánico o el recalentamiento del motor es fácilmente solucionable en tierra, pero en las alturas implica tener un plan B para ‘orillarse’ arriba o abajo.

Aun si cuenta con paracaídas, es clave saber qué hacer con el vehículo para que no caiga al suelo y cause una tragedia.

Conducir con mal tiempo

Los embotellamientos por cuenta de un accidente dejarían de existir en una autopista aérea, pero el viento puede hacerle pasar un mal rato a quien pilotea un ‘avioncito’ de estos. Acciones como despegar y aterrizar o circular en línea recta serían muy complicadas cuando cambia la densidad del aire, sube o baja la temperatura o se presentan turbulencias.

Por si fuera poco, la visibilidad durante una tormenta o una lluvia intensa es crítica en tierra, y en el aire generaría muchos accidentes entre uno o varios de estos aparatos.

Aprender a manejar de nuevo

Se necesitan escuelas de vuelo que les enseñen a los conductores a manejar en aire y en tierra y les muestren las nuevas normas de tránsito, algo que puede resultar traumático para quienes llevan años frente al timón. Los nuevos conductores hablarían ya no de kilómetros por hora sino de pies de altura y dependerían de un GPS que podría fallar y los dejaría desorientados, pues en el cielo no existen puntos de referencia como en la tierra.

Además, la navegación nocturna o en mal clima obligarían al piloto a depender 100 por ciento de instrumentos que poco mira cuando maneja en tierra.

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