Bogotá se está descascarando

Bogotá se está descascarando

Redacción Motor

05:18 a.m. 02 de abril del 2013

 Han pasado meses durante los cuales los debates alrededor de la gestión de la Alcaldía de Bogotá se han concentrado en macroproblemas como los asuntos de las basuras, la valorización, el impuesto predial, entre otros, y en ninguno de esos temas se han logrado soluciones o explicaciones correctas debido a que el alcalde Petro anda por un lado y la ciudad necesita caminar por el otro. Su autoridad está en un sitio, la del Concejo en el opuesto y la ciudadanía en la mitad aguantando improvisaciones y disputas, pues ninguna de las dos corrientes parece saber llegar a una buena desembocadura. 

Desafortunadamente, la prensa, que es la vigilante y delatora de tantas incongruencias que nos rodean, es muy oportunista y olvida hacerles el seguimiento a muchos temas que se convierten en males aceptados, como los vejestorios en ruedas que trajeron para recoger basuras luego de movimientos que dejaron muchas dudas sobre su claridad económica y que se impusieron a la brava. El olvido de los medios y la resignación del ciudadano se convierten en una absolución a lo que, hace un par de meses, era un escándalo totalmente fundamentado y justificado.

Sin embargo, esta ciudad vive otra enfermedad probablemente más corrosiva que esas infecciones cuya magnitud requiere antibióticos inmediatos. Hay un mal, no de ahora sino de siempre, pero que está tomando un cariz desolador.

Bogotá se está descascarando, literalmente. Las calles están en su peor momento. La atención de sus responsables parece flotar en el también preocupante mundo de las supuestas grandes obras que no avanzan, mientras el pavimento y el cemento de la ciudad están dolorosamente fracturados.

Hay que anotar que hay daños que van saliendo por el uso natural de las vías. Pero que no deberían aparecer si las diseñaran y construyeran con las especificaciones adecuadas o si quienes las ejecutan tuvieran interventorías profesionales que garantizaran su correcta realización. Por ejemplo, es recurrente el trancón de la autopista Norte por el cambio de las famosas losas que fueron una metida de patas imperdonable de "técnicos" de administraciones previas, pero cuyos correctivos parecen peores que los daños pues al poco tiempo los buses de Transmilenio tienen que pasar por rotos impensables y los carros de los particulares se golpean contra las grietas sin misericordia. ¿Estarán arreglando eso profesionalmente o botando la plata en remiendos sin sentido? Voto por lo segundo.

La carrera Séptima en la parte del norte de la 127 es una vergüenza y hace poco fue "repavimentada", lo mismo que la avenida Novena, donde los huecos surgen a diario y se van convirtiendo en fosas mortales. ¿Quién les exige garantías a quienes hicieron esos trabajos? NADIE. Cobrada la platica, se esfuman las responsabilidades y nadie les hace seguimiento. O, a lo mejor, los contratos no las incluyen. Vaya uno a saber cómo es ese batido de asfalto.

La zona del Centro Andino, punto turístico de la ciudad, da pena. Se inunda y todas las calles aledañas son trochas para sacudir a los visitantes. El Siete de Agosto tiene unas zanjas en sus vías principales que se tragan los carros. Y esto para referirles solamente algunos de la ciudad donde transito, pero estoy más que seguro que hacer la lista del deterioro y abandono de las calles de Bogotá necesitaría un tomo como el del directorio telefónico. No hay calle buena, mejor dicho.

La Alcaldía dramatiza el problema y dice que necesita 30 años para arreglarlo. O sea que se lava las manos. O bien dice tranquilamente que las platas de la valorización se usen para arreglar calles, como si la planeación de la ciudad fuera una cosa cambiante e intuitiva, aplicable de manera desafiante, improvisada y acomodada por una administración que no ha podido lograr que las tarjetas de Transmilenio sirvan en todas las rutas, que hace un mes no nombra secretario de "inmovilidad", que cambia gerentes de las empresas ejes del funcionamiento de Bogotá como monas de un álbum y que se le caen funcionarios con una regularidad pasmosa.

Con este alcalde y su corte, Bogotá se nos está desmoronando en las manos, como una galleta. Da pesar, además, que todas las decisiones que se toman llevan la contraria a las necesidades del ciudadano. ¿Por qué, por ejemplo, exigir pico y placa en la tarde de salida de puente de todas las familias de la ciudad? ¿Para qué hacer ciclovías en sitios, horarios y fechas inútiles cuando se pueden racionalizar para no taponar más las vías? ¿Por qué no dar una hora más de libre circulación al mediodía para que la gente alcance a hacer sus diligencias cuando le permiten usar el carro?
¿Por qué? Porque parece que la manera de gobernar de este alcalde, como no sabe administrar ni gerenciar, ni planear, ni cómo llevar una ciudad de esta envergadura, es desafiando y molestando a la gente y lanzando hipótesis de programas irrealizables, como poner a todos los niños de algunos barrios a ir en bicicleta a sus colegios, donde no hay las rutas, no hay seguridad y ni siquiera existen puentes peatonales. Por algo será que donde menos lo quieren es en los barrios populares, para quienes él cree que está trabajando. Por eso también se le está descascarando su frágil electorado. Afortunadamente.
 

FRASE
"LA MANERA de gobernar de este alcalde, como no sabe administrar ni gerenciar, ni planear, ni cómo llevar una ciudad de esta envergadura, es desafiando y molestando a la gente y lanzando hipótesis de programas irrealizables".

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