La calidad del control

La calidad del control

Redacción Motor

04:46 p.m. 17 de junio del 2014

Cuando Toyota, la marca más reconocida por la calidad y los rigurosos controles en la fabricación de sus carros, tuvo que lla­mar a revisión a millones de sus vehículos por problemas con el pedal del acelerador, la opinión pública se escandalizó, aunque con alguna dosis de injusta causa.

De no ser por la notoriedad de la marca, esa campaña de servicio a cientos de miles de carros es un procedimiento usual, aunque no deseable en la industria, que de manera permanente tiene que hacer correcciones en sus vehículos cuando salen al uso diario en calles y carreteras. Y uno se pregunta ¿para qué tantas pruebas, pistas de ensayos, laboratorios y validaciones si en la vida real se presentan fallas a veces infantiles que en los miles de kiló­metros de laboratorio deberían haber estallado? La razón básica es que una cosa son las piezas de los prototipos y otra las que pue­den entregar los proveedores cuando ya están embarcados en la producción masiva de los componentes, y la cadena de materiales y controles puede fallar fácilmente.

Esto es peor y casi fuera de control en el caso de los elementos electrónicos, que ahora abundan en los carros y a los cuales es muy difícil hacerles, por ejemplo, pruebas destructivas o de du­ración, pues su vida es tan impredecible como la de un bombillo. Además, son partes selladas, cajas negras inabordables hasta por los mismos fabricantes, las cuales llegan masivamente a las líneas de ensamble y en las que hay que tener confianza tácita de que están bien o que van a durar lo que se espera.

Mientras más alta sea la gama del carro, más sensible es el asunto, pues hay muchos más accesorios y funciones dependien­tes de estas piezas, y los clientes son mucho más quisquillosos, y con razón, porque no entienden cómo, después de pagar 150.000 dólares por un carro, no les funciona el masajeador o el vibrador de la silla, la luz de lectura o la persiana para esconderse de la observación pública en los semáforos. Y eso que no manejan los carros, porque viajan en la silla trasera.

En estas últimas semanas, el asunto de los 'recalls' tuvo una nueva erupción, esta vez en los grandes cráteres de General Motors, acusada y condenada en el Senado de su país por negligencia en la corrección de un defecto en los switches de encendido de sus carros Cobalt y Saturn, que se pasaban solos a la posición de accesorios, en la cual no funcionan los airbags. Por esta razón, es responsable de 13 muertes de per­sonas en accidentes, y solo la multa le costó 15 millones de dólares, amén de los pleitos y costos de reparaciones que le corren banco arriba con una cifra estimada en 1.300 millo­nes de dólares.

El asunto tuvo en este caso otro cariz, pues se descubrió que la falla venía reportada once años atrás, pero los mandos medios de inge­niería y calidad que debían atenderla y pro­ducir la consabida campaña de servicio mane­jaron de manera despreocupada y negligente el tema y nunca intervinieron para subsanar este problema, que estaba pasando a mayores por las muertes de sus clientes.

El saldo de esa despectiva manera de ver el problema −cosa que parece ser la actitud ini­cial de un fabricante al cual le señalan defec­tos−, solo en lo económico es aplastante para cualquier marca. GM deberá revisar ¡15 mi­llones de sus carros!, de los cuales 2,6 millo­nes son los Cobalt y Saturn de años atrás, que eran propensos al problema de los airbags.

Otros han reaccionado de mejor, más oportuna y humilde manera. Toyota agachó la cabeza y corrigió 3,5 millones de vehículos de diversos rangos de su portafolio. Los Lexus están en revisión porque frenan solos. Ford revisa 1,4 millones de aparatos cuya columna de dirección molesta. Hace poco, Mercedes ocupó una página completa de EL TIEMPO llamando a chequeo a muchos de sus carros locales. La lista es eterna y data desde la he­chura del primer carro.

Lo que ha pasado es que ahora hay mucho más celo por parte de las autoridades de se­guridad y mayor miedo en las fábricas porque les están cayendo con todo el rigor si no ac­túan a tiempo. Nadie las sanciona en primera instancia si tienen un problema, pues este es latente y muy fácil de que se produzca en la industria actual, que se surte de componentes hechos en todas las esquinas del mundo.

Pero sí se meten en grandes problemas si no atienden sus fallas oportunamente y con hidalguía. Ahora, con el ejemplo del manejo desafortunado que le dio General Motors a sus problemas es evidente que mucho más importante que el control de calidad en los productos, es la calidad del control y la res­ponsabilidad y el rigor con los cuales trabaja una compañía, cualquiera que sea su tamaño o nombre.

FRASE
"AHORA HAY MUCHO MÁS celo por parte de las autoridades de seguridad y mayor miedo en las fábricas porque les están cayendo con todo el rigor si no actúan a tiempo para corregir los defectos de sus carros".

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