De la campaña al gobierno

De la campaña al gobierno

Redacción Motor

08:31 p.m. 12 de diciembre del 2011

Uno esperaría que los responsables de los diferentes niveles de gobierno del país aterricen en las realidades y limitaciones de sus proyectos y sepan diferenciar el momento promesero de las campañas con las responsabilidades del ejercicio de sus cargos. Pero parece que al próximo alcalde de Bogotá la elección no lo aterrizó sino que lo puso alto del piso, a volar con anuncios improcedentes e imprudentes que suenan a improvisación y destilan un aparente bajo conocimiento de sus verdaderas tareas.

Es que una cosa es pasar de la filosofía política, de la demagogia, de las teorías sociales a la gerencia y gestión de una ciudad que no se puede tomar como un laboratorio ideológico o como una zona de experimentación populista. Su anuncio de fusionar las tres empresas de servicios públicos para comerse la prosperidad de una con la ineficacia de las otras dos, ya desplomó innecesariamente el valor de sus acciones en la bolsa y crea la primera oleada de pánico entre los inversionistas, miles de ellos ciudadanos del común.

Anda con la teoría de los peajes urbanos, que puede tener cierto asidero siempre y cuando estuviera bien sustentada en proyectos viales alternos y consecuentes con lo que sería un aumento de los impuestos de rodamiento de los vehículos. Pero lo que ha dicho, algo tan peregrino como que el ciudadano debe "pagar por congestionar", va totalmente en contravía de su brillante coeficiente intelectual calificado con 144 puntos en la prueba IQ (Revista Aló, junio 10 de 2005), lo cual significa que su inteligencia es superior a la del 97 por ciento de la población.

Lástima que no parece estar aplicando sus virtudes y talento. ¿Cómo así que el ciudadano tiene que asumir la culpa de que las calles estén rotas y el tráfico no fluya, de que se roben la plata de las obras, de que las hagan a la guachapanda y sin calidad, de que la planeación de la ciudad la tracen abogados leguleyos expertos en negociar anticipos y en cobrar varias veces las mismas platas, en lugar de que esté en manos de expertos y conocedores del urbanismo? ¿O de que estén jugando con las rutas del metro al sabor e intuición politiqueros y sin acuerdo con las necesidades?

Es contradictorio sugerir que una persona se mete en las calles y avenidas taponadas por puro gusto y por ganas de aumentar el problema. En la otra cara de sus propuestas, es interesante el proyecto de los trenes Zipaquirá-Facatativá pasando por la línea férrea que cruza ya a Bogotá, en total desuso y mal estado, pero totalmente recuperable. Si alinea todos sus deseos con el sentido común, nos puede generar buenos resultados.

Tal como pasó con el gobierno de Garzón en su momento, es claro que esos movimientos de izquierda se ganaron una oportunidad de gobierno que debían aprovechar para consolidar a sus seguidores a punta de buenas realizaciones que, obviamente, benefician a toda la ciudad y al país. Petro tiene otra vez en sus manos la gran ocasión de hacer cosas novedosas en lo social, en lo administrativo y en el desarrollo de Bogotá y más si, como es lógico aunque no lo pueda confesar, este mandato popular lo debe aprovechar para tratar de consolidar su aspiración presidencial, de la cual se desmontó a la fuerza ante la aplastante victoria de Santos, que lo conminó a buscar el poder local a unas cuadras más hacia el norte del Palacio de Nariño.

Petro ya no necesita lanzar ideas revoltosas ni revolucionarias para capturar auditorios porque está elegido, aunque con un apoyo muy lejos de la unanimidad y con pocas herramientas de gobernabilidad. Para construir ese piso se esperan de él órdenes e ideas consecuentes con la realidad de la ciudad y no con la volatilidad de sus teorías.

Si persiste en su vuelo, seguramente se va a estrellar con las verdades presupuestales, con las necesidades más evidentes que deberá atender, con una dinámica de obras y proyectos que -aunque los hayan malogrado con la corrupción y los carruseles tienen que salir adelante en la forma en que están concebidos porque son obras irreversibles.

Bogotá es el escenario perfecto para una gran transformación y desarrollo urbanístico moderno y técnico. No soporta gobiernos experimentales. Ni siquiera tolera gestiones que generen dudas o modificaciones de fondo.

Para la muestra un fenómeno como el de Enrique Peñalosa, cuya revolucionaria y positiva acción en algunos frentes de Bogotá nunca mereció una reelección y estuvo a punto de salir por la puerta de atrás con el mandato revocado.

Bogotá castiga por una simple razón: el bogotano siempre ha sido castigado por sus administraciones y claramente está lista para hacer a un lado a los gobiernos que a la colectividad no le convengan, por la vía democrática de las protestas y los mecanismos para sustituirlos.

Nadie quiere eso. Todos confiamos en que el brillante Petro aterrice y aplique sus coeficientes pensantes a realizar un gobierno eficaz, sin necesidad de alinear las obras con la derecha o la izquierda, con el centro, o con el sur y el norte. Simplemente con un mejor futuro que todos queremos y para el cual se le confía este mandato.

FRASE

"Todos confiamos en que el brillante Petro aterrice y aplique sus coeficientes pensantes a realizar un gobierno eficaz, sin necesidad de alinear las obras con la derecha o la izquierda, con el centro, o con el sur y el norte".

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