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¿Una capital de Salón?

¿Una capital de Salón?

Redacción Motor

02:39 p.m. 14 de noviembre del 2014

Naturalmente esta debe ser una columna de Salón. Obliga el tema cuando hoy se abren las puertas del Salón del Automóvil de Bogotá, en el cual todo el sector se esfuerza para mostrar su dinámica, sus productos, sus novedades y, sobre todo, su optimismo en la situación del mercado que este año se ha recuperado de una decente manera.

No va a ser el 2014 un ejercicio récord en las cuentas de unidades colocadas y se confía en que el Salón genere un empujón final para llegar a algo cercano a los 315.000 ejemplares mecánicos que estrenen placas. Como se sabe, no es algo que se refleje de inmediato porque muchas de las entregas toman un tiempo, inclusive para enero o febrero de 2015 en ciertos aparatos especiales y con el cierre del Salón coincidente con el fin del mes, un gran volumen de las facturas efectivas se verá en diciembre, una vez se hayan confirmado y validado los pedidos, las facturas y, especialmente, consolidado las retomas de carros usados que ingresan como parte de pago.

Como hemos dicho en muchas ocasiones, aunque lo ideal es que el mercado crezca siempre, aunque hay limitaciones de muchos tipos que frenan esa expansión y en los últimos días comienza a pegar en contra la subida del dólar, es muy importante y sano que sea estable y predecible, con lo cual las planeaciones de los negocios a todos los niveles se llevan en cifras bien reales. De todas formas, les dejamos esta inquietud: Si sigue creciendo el mercado a este ritmo, en 2020 se venderá medio millón de vehículos al año. ¿Habrá dónde moverlos?

Esa es la pregunta de los billones. A propósito, un billón de pesos equivale a comprar 50.000 Chevrolet Spark. No es una bicoca.

La semana pasada el Presidente inauguró un bonito viaducto en la vía a Gualanday, al mismo tiempo que su vicepreministro de Obras Públicas y Transporte anunciaba que el túnel de La Línea se iba a varar por lo menos otro año, mientras lo empapelan para caducar el contrato y lo desempapelan para conseguirle otro constructor. También firmaron más contratos y parece que la dinámica rutera del país tiene una aceleración positiva y diferente a pesar de los contratiempos y las marañas de escalones legales que hay que superar cuando de echar pavimento y concreto se trata en este país.

En cambio, la pobre Bogotá no tiene ni una esperanza de mejorar su movilidad. Primero, porque la administración de la ciudad no tiene un solo plan al respecto y todo su esfuerzo está concentrado en enterrar la plata en un metro que podría ser elevado y más barato. O, al menos, más racional. Está muy bien mover gente en condiciones modernas y decentes. Pero en carro también camina otra ciudad que paga impuestos y merece una mirada diferente a las cuentas de rodamientos y sobretasas a las gasolinas o la despectiva de su Alcalde y el entorno que lo rodea.

En lo que va de 2014, en Bogotá han pagado la matrícula 94.532 vehículos, a los cuales podemos agregarle 5.727 con placas de Cota, 4.831 de Funza, 1.672 de Chía y otros tantos de La Calera, 1.338 de Mosquera y 1.007 de Zipaquirá. Esto dice que son casi 111.000 si se suma el vecindario, donde escampan quienes quieren trámites más expeditos o residen en esos sitios que distan entre 10 y 40 kilómetros de la capital que se recorren en días buenos en una hora y en los normales en dos porque las entradas de la ciudad son una verdadera vergüenza, por malas y abandonadas.

Con todo y eso, Bogotá es la ‘orgullosa’ sede del Salón Internacional a pesar de ser la ciudad más hostil e inhóspita para el uso del automóvil. Una paradoja.

Las motos, que también se verán en el Salón pero que el año entrante ya merecerán feria aparte, serán casi 700.000 más este año y si la proporción vehicular es la misma que para los carros, unas 260.000 se quedan en las ¡calles! de Bogotá, cuya gestión en movilidad parece que se estudiara en una mesa de billar, tantas son las carambolas que dan quienes la tienen bajo su responsabilidad. Por ejemplo, un día la secretaria de esa rama dijo que iba a ponerles pico y placa y otras restricciones a las motos, tan solo para ver que cuando la bola rebotó en la banda ciudadana a los dos días, tuvo que echar toda su teoría para atrás por ser perfectamente inviable y antisocial. Y también va pésima su segmentación de la carrera séptima pues el trancón que se armó es fenomenal en beneficio de una mayoría de buses azules desocupados o varados. Es una buena idea, pero en avenidas donde haya espacios racionales para crear estas autopistas del populismo.

En fin, ese tema no tiene final y es peor cada día.

Pero hay que ir al Salón porque de todas maneras el automóvil no solo tiene un imán funcional y utilitario, sino que atrae por sus tecnologías, las formas, los inventos y el esfuerzo de su industria por presentar a un alto costo y lujo lo mejor de sus productos. Esto amerita por lo menos el recreo del ojo y eventualmente la oportunidad para darse el gusto de comprar comparando entre más de 1.000 aparatos de 60 marcas diferentes, para todo tipo de usos y con precios para presupuestos de todos los niveles.

Zona Comercial
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