¿Carro o teléfono?

¿Carro o teléfono?

Redacción Motor

03:52 a.m. 14 de octubre del 2012

Con su experto olfato, el periodista Jack Ewing analizó en días pasados, en su cubrimiento sobre el Salón de París en las páginas del Herald Tribune, una situación que está marcando un nuevo punto de pensamiento de la industria del automóvil con respecto a su clientela.

Ewing anotó que la gran mayoría de los demostradores y personal
que tenían las marcas en los pabellones para atender a los millares de personas que siempre desfilan por este fino escenario del Mundial del Automóvil, estaban gastando su tiempo y conocimientos en explicarles las funcionalidades multimedia y de comunicaciones de los vehículos antes que hablarles de cilindradas, motores, peso, espacio, aplicaciones y tantas características técnicas de los carros que hoy parecen ir a un plano relativamente secundario para el consumidor.

Especialmente para la gente joven. El vicepresidente encargado de la calidad de Ford en Europa, Gunnar Herrmann, dice en el texto que "la conectividad es hoy un punto clave de decisión de compra". Y es absolutamente cierto pues la gente está vinculada con sus intereses y trabajo a través de Internet de manera continua durante las 24 horas, sin importar el sitio donde se encuentre, y el único punto en el que se produce una desconexión con su realidad y hábitos diarios es cuando manejan el automóvil.

Desafortunadamente, hay un aspecto insalvable por ahora pues
la atención al volante riñe con las posibilidades de realizar las
comunicaciones escritas que se tramitan a través de los teléfonos
inteligentes, que serán cada vez más un computador de mano que
también tiene comunicación, en lugar de un teléfono tradicional
con algunas funcionalidades de agendas y contactos, como pasaba hace muy pocos años.

Los comandos por voz, la conexión Wifi móvil permanente
originada en el mismo auto, los Bluetooth, las pantallas táctiles,
los discos duros instalados en el auto, la transferencia automática
de datos entre los teléfonos y los sistemas del vehículo, son hoy un
lugar común y todo parece indicar que, más que autos, acabaremos comprando aplicaciones móviles en ruedas que nos lleven de un sitio a otro.

Este nuevo orden de prioridades de las funciones de un vehículo
comienza a crear necesidades y preocupaciones entre los vendedores de carros, pues la gente joven es cada vez más exigente en este aspecto y no concibe su vida desconectada.

De ahí que tome decisiones de movilidad más simples como alquilar las bicicletas, caminar, usar el transporte público cuando funciona o tener moto que pueden detener en cualquier
parte para atender las comunicaciones. Y si pasan al automóvil, este debe ser un sitio más donde funcionen sus tabletas y teléfonos.

El reto de lograr esa sostenibilidad es muy complejo pues finalmente depende de que haya rutas inteligentes en las cuales los vehículos se conecten con señales en el piso que los guíen y con sensores de proximidad que mantengan la distancia correcta en las filas mientras la gente trabaja, almuerza, chatea, navega, habla, baja música, ve televisión y se divierte. Siempre se había planteado esto como algo de ciencia ficción, pero al paso que
vamos será un avance que llegará mucho antes de lo previsto.

Ya en los aviones las comunicaciones con el Internet están habilitadas y funcionales, y las famosas interferencias de los celulares con los sistemas de navegación son controladas a
tal punto que en poco tiempo no habrá que desconectar los celulares. Aunque de todas maneras tienen poca posibilidad de comunicarse de la forma convencional debido a que la velocidad de las aeronaves supera la capacidad de rastreo del teléfono al paso sobre las estaciones, y también las distancias y el cubrimiento de las antenas es muy limitado con respecto a la altura de vuelo.

Lo más complejo de toda esta revolución es que mientras los aparatos electrónicos cambian dos y tres veces de modelo y tecnología en un año y reciclan sus modelos a una velocidad
impresionante, hacer esas implementaciones en los carros toma mucho más tiempo y su ajuste con los sistemas de a bordo es muy complejo, por lo cual el vehículo tiende a ir siempre rezagado en este aspecto.

Por ejemplo, en París estuve en una demostración de las que cita Ewing y luego de una sólida explicación de cómo manejar muchas
funciones del carro con un Ipad, al mismo tiempo estaba viendo que lanzarían una versión de esta tableta en las próximas semanas con operaciones y funciones diferentes.

Es decir, lo que estaba viendo como lo último ya era viejo −como pasa con todos los bichos electrónicos−, y uno se pregunta si el automóvil podrá viajar tan rápido como las comunicaciones
y si en un momento dado necesitaremos seguir conectados antes que mantenernos en movimiento.

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