Por fin, chatarrización voluntaria

Por fin, chatarrización voluntaria

Redacción Motor

10:00 p.m. 14 de mayo del 2013

En algún mes del año 2009, escribí en este espacio sobre la necesidad de implementar una política de chatarrización VOLUNTARIA de vehículos obsoletos, de los cuales la gente no podía desprenderse debido a las estúpidas normas que rigen en el país para descontinuar un vehículo.

Resumiendo, si uno quiere cancelar la matrícula y circulación de un vehículo porque ha llegado al final de su vida mecánica, debe presentar su certificado de movilización al día –que es como obligar a los muertos a ir vivos a su entierro para darles la partida de defunción y que la firmen–, SOAT vigente para un riesgo que ya no causa y los impuestos al día cuando lleva muchos años sin utilizar las vías ni generar costos de rodamiento. Y para rematar, ninguna de las chatarrizadoras del país está autorizada para recibir autos particulares. Más estúpida no puede ser la legislación.

Estos carros que están en capilla ardiente vitalicia generan, además, un enorme deterioro ambiental, una mentira piadosa en las finanzas de los municipios que contabilizan esas cuentas de impuestos como potenciales recaudos que nunca llegarán y un descuadre total en las estadísticas sobre las cuales se hacen las cuentas y proyecciones de la movilidad nacional, pues seguro que hay muchos miles de vehículos que son solo papeles. Y eso.

El ministro del Medio Ambiente de ese momento, Juan Lozano, se comprometió, además por escrito, con este columnista a poner en marcha las acciones que fueran necesarias para alinear semejante exabrupto, en contraste con el silencio cómplice e indolente del entonces ministro del Transporte, Andrés Uriel Gallego.

Lozano no logró avances como ministro, pero luego en su condición de senador presentó un proyecto de ley con las debidas soluciones para desmontar esa chatarra que yace en lotes, talleres, garajes, patios y rincones de todo el país. Le tomó tres años sacarlo adelante, con los consabidos tropiezos parlamentarios, tres ponentes diferentes de los cuales uno falleció y otro está detenido, la indisposición inicial del Ministerio de Hacienda que no estaba de acuerdo con condonar esas deudas, hasta que la semana pasada finalmente salió como ley de esta República que quedará algo menos oxidada cuando se reglamente.

Según la ley, todos los autos particulares anteriores a 2010 cuyo propietario desee descontinuar, devolver las placas, cerrar su prontuario y entregarlo para que lo derritan rumbo a un mejor destino industrial, podrá hacerlo sin todos esos requisitos que regían, y cerrará las deudas fiscales (impuestos de rodamiento únicamente) que tenga.

Para que esto suceda, los Ministerios de Ambiente, Hacienda y Transporte tienen seis meses de plazo para expedir la reglamentación respectiva, tema sobre el cual estaremos acuciosos y vigilantes ya que estas entidades no suelen pararles bolas a estas cosas y dejan morir normas sin ningún recato. La reglamentación debe ser fluida, coherente y expedita porque la ley lo que busca es que esta chatarrización suceda y cualquiera pueda lograrla y que no se convierta en otro monumento a la literatura judicial, ya abundante entre nosotros.

El asunto es apremiante porque una vez el presidente firme la ley, el plazo para que rija es de dos años, y si se van seis meses en esperar decretos y condiciones, apenas quedará año y medio para los procedimientos. Pero se debe aprovechar para que en esas normas quede establecido un mecanismo permanente de descontinuación de vehículos, ya sin beneficios de amnistía de impuestos, a fin de que en Colombia los autos tengan la posibilidad de una muerte digna y segura, que hoy se precipita por los costos de reparación que sobrepasan los valores de los vehículos y la obsolescencia tecnológica que los va apagando y los hace inviables.

Este periodista debe dejar constancia de la forma tan responsable, seria y transparente –tal como son la amistad que nos liga y su actuación en la vida pública– como Juan Lozano cumplió su promesa de implementar algo tan importante y significativo para el sector automotor. Le estaremos agradecidos siempre por su empeño y trabajo, y más lo estaremos con los Ministerios si son capaces de reglamentar esto profesional y oportunamente, como corresponde a esta iniciativa de la cual nos queda el grato sabor de haber gestado su nacimiento en este mismo espacio.

FRASE:

 "SE DEBE aprovechar para que en la reglamentación de la chatarrización voluntaria quede establecido un mecanismo permanente de descontinuación de vehículos, ya sin beneficios de amnistía de impuestos, a fin de que en Colombia los autos tengan la posibilidad de una muerte digna y segura".

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