Desde Chile, también con envidia

Desde Chile, también con envidia

Redacción Motor

09:57 p.m. 21 de enero del 2013

Este mismo título derivado de una igual sensación lo utilicé hace algunos meses para contarles la experiencia de una visita fugaz a Shanghái que es, a su vez, un espejo de lo que sucede en toda China. Cómo un país en diez años les da la vuelta a sus estructuras, sus servicios, su economía, su urbanismo, su mentalidad, es algo que despierta envidia y reflexiones pues,
guardadas las proporciones, nuestra Colombia anda "emprimerada" y no sale de ese ritmo mientras el mundo marcha en quinta a pleno acelerador.

Un sabor parecido se trae después de pasar unos días en Santiago de Chile. Es un país con tantas cosas cercanas a las nuestras pero que nos marca muchas diferencias en un escenario en el cual podríamos ir a la par. Sin embargo nuestras obras civiles, las calles, las carreteras, la organización, el respeto, el orden, la planeación dan grima y pesar en cuanto a calidad, ejecución y diseño respecto a las de la capital chilena, que es
una ciudad moderna, fresca, clara y organizada. Tiene metro, autopistas, túneles bajo el río para cruzarla sin trancones, calles y andenes pulcros y en ella se respira siempre un mejor mañana.

Claro, Chile es un país muy rico que crece vertiginosamente por
sus minerales, los vinos y exportaciones, por citar solo algunas de sus entradas millonarias. Tiene un territorio disperso y ciudades pequeñas, comparadas con las nuestras, en las cuales habitan apenas 17 millones de personas, por lo cual el reparto de la bonanza es mucho más equitativo y visible en comparación con lo que sucede entre 42 o más millones de colombianos que somos.

Esa pujanza en un medio de bajo consumo por falta de gente hace que Chile tenga empresas con enorme liquidez que andan de mercado por estas zonas implantando sus modelos comerciales con aplastante éxito. Baste con citar los casos de Falabella, la compra de Easy y Carrefour por el grupo Cencosud, HomeCenter, La Polar, Indumotora (Praco), LAN (Aires), Chrysler, Corpbanca que tomó los bancos Santander y Helm, o Derco, entre otros, y más por llegar con sus chequeras, indican que ven en Colombia un país donde sus negocios pueden crecer y cuyas perspectivas
en materia económica son las mejores en América Latina, excluyendo a Brasil y a Argentina, país con el cual Chile tiene poca química comercial.

Precisamente fuimos a Santiago para conocer la operación de Derco, que en Colombia agencia las marcas Suzuki y Great Wall, pero en Chile vende esas y, además, Mazda, Renault, JAC, Geely y Changan, que le significan unas 50 mil unidades al año. Es decir, sus ventas como grupo le darían el segundo puesto en el ranking de la industria colombiana, tal su tamaño.

Es un mercado total de vehículos que en cifras absolutas es algo más grande que el nuestro (339 mil contra las 312 mil nuestras), pero que proporcionalmente a su cantidad de habitantes es el triple de lo que acá se logra.

Son los chilenos los maestros del "retail" y en el arte de incrustar bajo un mismo toldo muchas marcas, como lo vemos en sus almacenes por departamentos que hay acá. En Chile operan de
esa manera en el sector automotor, a pesar de los explicables celos de cada marca por compartir vitrinas, lo cual les significa enormes ahorros de operación, vendedores, logística, arriendos,
seguros, publicidad, servicio y todas las arandelas y boceles que cuelgan de la carrocería de un concesionario o importador y que se traducen en facilidades de compra y servicio para el consumidor.

Esa es una parte de su éxito, amén del mayor poder adquisitivo de la gente que se motiva más con este sistema de ventas. Acá estamos lejos de pensar así. Los llanteros quieren todos estar en costosas vitrinas separadas y la gente no tiene opción de compararlos.

Y ni se diga de los automóviles. Por ejemplo, el mes entrante Los Coches, el vendedor de autos más grande del país, se retira de Colmotores para abrir sus vitrinas en la modalidad multimarca y
acogerse gradualmente al modelo chileno, que es el ejemplo cercano a seguir pero una práctica muy universal en el sector.

Con certeza este quiebre en la institucionalidad de dos grupos tan
fuertes e importantes como Colmotores y la Organización Ardila Lülle les abre un nuevo rumbo a los negocios del sector con beneficios claros para los compradores y nos alinea con modelos
de probado éxito, y habrá que estar atentos a este proceso porque puede marcar un gran cambio en la cultura automotriz.

A Chile, pues, hay que seguirlo de cerca y copiarlo en todos los aspectos de su libre comercio porque nos está sacando unas ventajas enormes en muchos frentes. No se trata de ser iguales,
pero sí, siendo tan parecidos en tantas cosas, es inexplicable que tengamos tantas diferencias y estemos tan lejos de su desarrollo y de la calidad de vida que tienen, pues todos sus resultados se ven en obras y logros que la gente palpa a diario en realidades, cuando acá lo que vemos es cómo se esfuma la plata del desarrollo en la
corrupción, la incompetencia y la ineptitud para ejecutarla.

Envidiable el país de nuestros nuevos socios, pues ya Chile juega de local en Colombia.

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