Conducir muy despacio es igual de peligroso a hacerlo con exceso de velocidad

Quienes manejan ¿a dos por hora¿ muchas veces lo hacen porque se sienten inseguros frente al timón. Ellos pueden ser tan peligrosos como los afanados.

Redacción Motor

05:00 a.m. 29 de agosto del 2008

 Obstaculizar la vía también es nocivo para la movilidad, o al menos así lo consideran las autoridades de tránsito, cuando califican como infractor al conductor que viaja muy despacio y entorpece el normal desarrollo del tráfico.

A este ¿lentejo¿, la Ley lo castiga con 15 salarios mínimos legales diarios vigentes (216.900 pesos), especialmente si bloquea las calzadas, altera las intersecciones vehiculares o, peor aún, provoca un accidente de tránsito.

Por eso el Fondo de Prevención Vial recomienda, además de respetar los límites de velocidad, viajar a la par con el movimiento de los demás carros: ¿Conducir demasiado despacio puede ser tan peligroso como hacerlo muy rápido¿, advierte un documento de la entidad sobre el tema.

Así las cosas, los límites de velocidad en cualquier parte del mundo (en el caso de Colombia, 80 kph en zona rural, 60 kph en avenidas urbanas y 30 kph en barrios y zonas escolares) fueron concebidos para que los conductores no se excedan con el pedal del acelerador, pero también para que eviten circular ¿a paso de tortuga¿.

El parágrafo correspondiente al artículo 66 del Código Nacional de Tránsito les da vía libre a las diferentes secretarías departamentales y municipales para sancionar a quienes obstaculizan el tráfico, cuando dice que ¿ningún conductor deberá frenar intempestivamente, ni disminuir la velocidad, sin cerciorarse de que la maniobra no ofrezca peligro¿.

Y añade en su artículo 67: ¿Para indicar reducción de velocidad o detención del vehículo, sacará el brazo izquierdo, formado escuadra con la mano hacia abajo¿.

Pero no todo percance vial sucede por culpa de la velocidad¿ o al menos no solo por eso: la impericia ocupa uno de los primeros tres lugares en la tabla de siniestros porque, según entidades como la Policía Metropolitana de Tránsito de Bogotá, menos del 30 por ciento de los conductores ha pasado por una escuela de conducción.

De ahí que los expertos consideren que la accidentalidad en Colombia está asociada a problemas más profundos y no al simple hecho de que los colombianos andan muy rápido.

Sí, pero no
Así como para estudiosos del tema, como el senador Miguel Pinedo ¿ponente del proyecto de ley 125 del 2006 que busca aumentar los límites en todo el país¿, la velocidad no es un problema si no viene amarrada con otros más complejos (como el alcohol, la agresividad o el estado técnico-mecánico del vehículo); para otros está directamente asociada con la accidentalidad.

¿La velocidad aumenta la severidad de los accidentes porque la capacidad de reacción del conductor se afecta -explica Diego López, director forense de IRS Vial-. El ideal es hacer un estudio del tráfico para determinar en cuáles zonas se pueden correr los límites y en cuáles no¿.

Precisamente los artículos 106 y 107 del Código Nacional de Tránsito que pretende reformar el proyecto de ley 125 del 2006 les permite a las autoridades locales determinar si una o varias vías de su zona ameritan aumentar o disminuir esos límites.

Al respecto, el parágrafo del artículo 107 aclara que, ¿de acuerdo con las características de operación de la vía y las clases de vehículos, las autoridades de tránsito competentes determinarán la correspondiente señalización y las velocidades máximas y mínimas permitidas¿.

Por eso, para expertos como López, no tiene sentido buscar una reforma al Código, cuando éste les da libertad a alcaldías y gobernaciones de redefinir velocidades. ¿La vía La Paila-Tuluá tiene un límite de velocidad de 100 kph¿, comenta López.

Cabe decir, sin embargo, que ese es el límite máximo que les permite el Código de Tránsito a las autoridades locales, y no 120 kph, como propone el proyecto de ley.

UTILICE LA CAJA DE CAMBIOS
Las autoridades ambientales españolas y el automóvil club catalán investigaron las emisiones de gases de los vehículos que circulan a 80 y 120 kph, y se dieron cuenta de que, al descender la velocidad, se reducen las emisiones de CO2, pero aumentan las de dióxido de nitrógeno.

Concluyeron que estas últimas se disparan especialmente si los vehículos aceleran bruscamente o cuando viajan muy despacio. ¿La contaminación no depende de la velocidad, sino de las revoluciones del motor y por ello se emite más polución cuanto más corta es la marcha que se utiliza¿, dijo el estudio.

NO SE DUERMA ¿CUIDANDO EL TIGRE¿
La inseguridad e impericia obligan al chofer relajado a realizar maniobras que no entienden los demás conductores. Realice con anticipación las señales de doblar, parar o cambiar de carril.

Un vehículo que circula a paso lento estorba tanto o más que uno parqueado. Encienda las luces de parqueo si está buscando una dirección.

Parar y arrancar descontrola a quienes viajan atrás. Si necesita reducir la velocidad o iniciar la marcha de nuevo, hágalo gradualmente.

Viajar en fila india por un carril también implica estar atento a la vía.
Mantenga una distancia prudencial con el vehículo que circula adelante.

Un conductor nervioso debe evitar las vías de alto flujo vehicular. Si lo hace, utilice el carril derecho, que es, por ley, el de circulación lenta.

PUNTOS A FAVOR DE LA VELOCIDAD
La velocidad promedio en ciudades y carreteras ha crecido, y obligar a su disminución es cada día más difícil.
Los dispositivos de seguridad de los vehículos modernos (frenos, dirección, suspensión¿) son más confiables.
La red vial colombiana ha mejorado.
Más velocidad mejora la movilidad en avenidas y carreteras.
Las vías represadas son más contaminadas que aquellas que se mueven.

PUNTOS EN CONTRA DE IR RÁPIDO

Por trazado y falta de mantenimiento, no todas las vías son aptas para circular a grandes velocidades.
El parque automotor colombiano aún es muy viejo e inseguro.
En vías urbanas hay muchos obstáculos (incluidos peatones imprudentes), que hacen peligrosa la circulación.
La capacidad de reacción disminuye cuando se viaja muy rápido.
El 70 por ciento de los conductores colombianos es muy inexperto y carece de educación vial.

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