Correo de los lectores de Revista MOTOR 562

Correo de los lectores de Revista MOTOR 562

Redacción Motor

07:55 p.m. 21 de agosto del 2012

Los arbitrarios límites de velocidad
Estoy de acuerdo con el señor Gustavo Carreño en la carta que se tituló "Usuario de las trochas". Quisiera comentar lo que me sucedió en la vía Bogotá - Villavicencio cuando viajaba con mi familia, bajando por el trayecto de Cáqueza a una velocidad justa, creo yo, cuando de repente me hace orillar un policía de tránsito, y en el momento pensé "pero si no he adelantado en doble línea". El agente muy amable me saludó, me pidió los documentos y me dijo que fui grabado por una cámara y que venía a demasiada velocidad.

Le expliqué que no había sobrepasado las velocidades máximas del Código de Tránsito y que entonces era un cuento lo del gobierno de que se podía andar entre los 80 y 100 km por hora y que supuestamente habían dado vía libre hasta los 120 km/h. El señor me respondió que eso era solo para autopistas y que si existían una o dos en Colombia eran muchas; que esta vía se encuentra dividida en tres tramos y que en cada tramo tenían sus
propios límites de velocidad.

Le pregunté a la  persona que nos dio el curso que qué podíamos
hacer. ¿Cómo es que el gobierno dicta unas leyes y en cada departamento o pueblo crean otras? ¿Será que nosotros los conductores tendremos que volvernos adivinos para saber qué decretos tiene cada ciudad y así no caer en estas trampas? En el momento de pagar el comparendo me encontré con un señor que multaron por esta misma causa. Sorprendido me quedé cuando me dijo que era por que iba a 70 o 73 km/h en este mismo
trayecto. ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar estas cosas?
Édison Hernán Delgado.

****

Soy floricultor y por razones de mi trabajo debo estar  desplazándome diariamente desde Bogotá hacia los municipios de Sopó, Cajicá, Zipaquirá, Tabio y Chía. Resulta que ahora la Policía de Carreteras ha desplegado un operativo permanente de control de velocidad, con radares, especialmente en la Autopista del Norte, entre Briceño y La Caro (y viceversa). Pero también en la vía entre Chía y Cajicá, en la variante de Cajicá, y en la
doble calzada hasta Zipaquirá. Estas vías, que en su mayoría son de tres carriles, por medio de conos son reducidas a uno solo haciendo que el carro pase como por un embudo, poniendo en grave peligro a conductores y pasajeros, dado que uno tiene
que hacer piruetas cuando se encuentra con los conos, y además se forman trancones monumentales.

Estas vías son rápidas, es decir, el promedio de velocidad no es menor a 100 km/h, especialmente en la Autopista Norte, entre La Caro y Briceño, que es una de las pocas vías decentes y en buen estado del país. Pero parece que para la Policía de Carreteras la cosa es muy diferente, y quiere convertir a esta única autopista que teníamos en la sabana en una callecita de barrio, ojalá con un policía acostado cada dos metros.

Están parando a los conductores y multando a todo el que vaya por encima de los 100 km/h, algo que el 99 por ciento de los multados no entiende y que personalmente me parece completamente absurdo. No sé si sea un negocio redondo, si es que han subcontratado con alguna empresa, o si es que los agentes de policía reciben comisiones por cada comparendo, pero la verdad nadie se salva de quedar atrapado en estos embudos, en esta verdadera feria de la multa por ir, por ejemplo, a 105 kilómetros por hora.

El caso más aberrante está en la vía Briceño - La Caro, donde un día cualquiera pude contar ¡tres retenes con control de radar! Uno a la altura del Parque de Sopó, otro más a la altura de Hato Grande, y uno más al frente del Instituto Caro y Cuervo. Esto ha convertido a la única vía ancha, segura y rápida que tenía la sabana de Bogotá y el centro del país en un caminito por el que solo se puede andar máximo a 80 o 70 km por hora por temor a ser multado sin piedad. Yo, muy cortésmente, indagué a los
agentes de policía y al personal encargado de manejar los radares. Les pregunté cuánto podían costar todos esos equipos, los conos,  los vehículos y todo el operativo. Me contestaron que seguramente muchos millones pesos.

Entonces indagué: ¿Y por qué si hay plata para montar semejantes operativos no hay un solo peso para poner las señales respectivas
que informen a los conductores que el límite de velocidad es 100 km/h? Como que no les conviene que la gente sepa el límite de
velocidad en estas vías porque se les daña el multimillonario negocio de las multas. No hay otra razón.

Porque así como olímpicamente multan a todo el mundo, no existe una sola señal que indique el límite de velocidad que según estos diligentes agentes del orden es de 100 km/h. No existe una sola señal reglamentaria del límite de velocidad en estas vías, pero sí
tienen el descaro de montar operativos que pueden costar cientos de miles de millones de pesos, si tenemos en cuenta los costosos
equipos de radares, la movilización de agentes, de patrullas, etc.

Obvio que uno de los agentes me contestó: "Es que, señor, usted mismo ha visto que hay señales que dicen 30, 60, 20". ¿Y eso qué diablos quiere decir? Todos los conductores colombianos sabemos que esas señales son absolutamente arbitrarias y antitécnicas. Nadie las respeta por la misma razón. Quien conduzca a 20 kilómetros por hora entre La Caro y Briceño está poniendo en riesgo la vida de las personas porque implicaría estar
prácticamente parado y sin luces de parqueo. Obvio: mientras multan a los tontos ciudadanos que tienen un carrito particular pasan las flotas Águila, Cundinamarca, Alianza, etc., etc., a 120 o 130 kph y los policías hasta los saludan. ¡Qué descaro!

¿Hasta cuándo nos vamos a dejar arrinconar por la arbitrariedad y por el más descarado abuso de la autoridad? ¿Es que los colombianos solo nacimos para que abusaran de nosotros y ser atracados? Eso parece.
Luis Rodríguez. Bogotá.

Le pesadilla de la chatarrización
Es interesante ver que la venta de vehículos comerciales es un indicador de cómo sigue avanzando la economía y que además puede servir de blindaje para épocas de desaceleración como la que estamos empezando a vivir en Colombia. Las obras de infraestructura, el sector minero y de hidrocarburos van a ser el motor de la economía.

Por otro lado, la entrada en vigencia de los distintos TLC firmados
con Estados Unidos, la Unión Europea, Corea, entre otros, en teoría deben exigir mejores vías y mejor parque automotor para responder a esa nueva realidad del comercio internacional. Sin embargo, es totalmente absurdo que ante esta realidad el Gobierno no haya sido capaz de revisar la existencia de los cupos de chatarrización que en la práctica demoran la actualización y la renovación del parque automotor de vehículos pesados para ser competitivos frente a las contrapartes.

Aun así, el país tuvo que aprender a vivir con dicho requisito, por
más aberrante que sea, porque de todas maneras se necesita comprar camiones. Pero una vez salvado ese obstáculo, el Ministerio de Transporte vuelve a poner otros. ¿Cómo es posible
que para un tema tan importante como ese solo existan tres personas en la oficina de chatarrización del ministerio y que se tomen más de un mes para evacuar la inmensa cantidad
de solicitudes que deben tener represadas en este momento?
Pero no solo es la existencia de dicho requisito y la falta de personal para atender las solicitudes, sino la falta de respeto hacia el público, pues no solo no dan trámite a la documentación,
sino que además nadie responde, no contestan llamadas, y cuando lo hacen dan muestra de la actitud típica del funcionario
déspota, soberbio y autosuficiente. Es importante y halagador
ver un panorama optimista, pero en la tarea del día a día hay que ser consecuente. En los detalles está el demonio.
daorrego@bancolombia.com.co

Por problema de empleo, por imagen y por presencia industrial parece un poco preocupante la continua caída de las ventas
de las ensambladoras nacionales. Entristece que compremos importados, pero es que, gracias en gran parte a MOTOR, los consumidores hemos aprendido a buscar las mejores opciones a los mejores precios: Luv fue superéxito con sus primeros carros 1.600 y 2.300, pero sus golosas y costosas pick up actuales la tienen perdiendo con la Nissan Frontier. ¿Y los Aveo? Consumen casi igual que los Chevettes 84 de carburador. Mazda es buen carro pero con 8 y 10 millones más que la competencia. La Duster y la N300 demuestran que sí hay con qué competir. Ojalá el Sail conquiste con fortaleza y economía de consumo y mejore las cifras.
Luis Fdo. Mazutier.

Los huecos de Bogotá
Remendar los huecos de las calles bogotanas por medio de plebiscito, según lo propone el alcalde Petro, es una iniciativa
digna de esa hipotética república cinematográfica de Corteguay, o
de ese Bolombolo del maestro De Greiff definido como "¡Síntesis de los Saharas y suma de los Congos!". Creo que se le debe dar crédito al Show de Jorge Barón, que hace años realizaba un concurso en el cual un payaso medía las dimensiones del hueco y le otorgaba un puntaje. No recuerdo el premio al ganador, pero en esta administración será asfaltado.
Orlando Beltrán D.

Otra mala carretera
Viajo todos los días desde Guasca, mi lugar de residencia, hasta Zipaquirá, mi lugar de estudio, y quiero manifestar mi inconformismo por el pésimo estado de la vía que va desde Briceño hasta Zipaquirá, ya que la enorme cantidad de huecos que uno se encuentra en este trayecto hace que el viaje pase de ser amable y tranquilo a incómodo y doloroso, además de inseguro. Eso sin citar lo magullado que uno llega a la universidad. Y que la excusa no sea el tráfico pesado que por allí transita, ya que conozco muchas otras carreteras con un volumen mayor de carros en perfectas condiciones. Ojalá arreglen pronto estos problemas y no tengamos que salir de clase directo al sobandero para que nos calme los dolores.
Jhonny Villamil.

La vida de los aceites y las revisiones anticipadas
Llevé mi camioneta Captiva Sport 2.4 a cambio de aceite. A los 10.000 km, según indicaba el testigo de la computadora, aún quedaba un 10 por ciento de vida útil. Sin embargo, en el servicio técnico no pusieron el mismo aceite sino un 0W40, por lo que surge mi primera pregunta: ¿Cómo funcionan? ¿Qué significa la
graduación de los aceites? Cabe anotar que el fabricante recomienda un aceite marca Dexos 5W30. ¿Es el aceite que ponen en mi camioneta el más indicado?, ¿es de mejor o peor calidad? Revisando diferentes fuentes verifiqué que para el mismo vehículo en México sugieren el cambio de aceite cada 15.000 km, lo que es congruente con el indicador del computador. No obstante, acá sugieren el cambio cada 5.000 km, lo cual me parece un despropósito. ¿Con el aceite que pusieron debo ir cada 5.000 o puedo volver a los 10.000 km, tal como el primer cambio? ¿Por qué en Europa, específicamente en España y Alemania, sugieren los cambios de aceite cada 15.000 y hasta 20.000 km para aceites sintéticos? ¿Es un negocio de los talleres locales?
¿Qué pasa? ¿Son nuestros aceites de menor calidad? En referencia a los costos de las revisiones periódicas de cada vehículo: ¿por qué para un Aveo la revisión tiene un valor y para una camioneta otro? ¿Tiene lógica que una revisión
de rutina tenga un costo de $850.000?
Juan Carlos Flórez.

R./ Desafortunadamente en ese tema en muchos concesionarios priman las condiciones comerciales que acuerdan con algún vendedor de aceites que el ceñimiento al manual, y también cambian a su manera las revisiones y plazos de los aceites para un mayor beneficio económico, con el cual recuperan todos esos grandes descuentos que vemos en el precio del carro nuevo, que al poco tiempo lo recuperan en el taller. El aceite dura - por razones de mayor contaminación por la mugre del medio ambiente y el uso en altura, donde no siempre hay mezclas aire-gasolina perfectas- entre 8 y 10 mil kilómetros sin problemas y cualquier
cambio antes es prematuro e innecesario.

La menor distancia de uso recomendada con respecto a otros países radica en que los filtros de aceite locales no son capaces de manejar los sedimentos al 100 por ciento en distancias mayores. Un aceite 0W40 es para climas muy fríos, y cuando los
concesionarios ponen esas marcas tan exclusivas el usuario se va enfrentando a problemas cuando quiere conseguir el aceite fuera de la zona de su agencia del carro, aunque los aceites finos son perfectamente compatibles entre sí. Los precios de las revisiones los fija cada taller a su conveniencia, y siempre hemos sostenido que salvo los elementos perecederos, nadie debería pagar un solo peso por que le revisen al carro nuevo lo que debe estar bien, y si está mal, debe ser corregido gratuitamente por el vendedor.

El DRS en la Fórmula 1
Le ruego me cuente que es el DRS. Las personas que transmiten las carreras de Fórmula 1 dicen que aplicó el DRS, o que no lo pudo aplicar para adelantar a alguien. No tengo idea.
Julio César Castro Aldana.

R./ DRS significa Drag Reduction System, y es un mecanismo que tienen ahora los F1 para reducir la resistencia que opone el alerón trasero al avance y permite aumentar la velocidad máxima. El DRS se activa cuando un carro sigue a otro con una diferencia igual o menor a un segundo, y en ciertas zonas de la pista para permitir que haya mayor facilidad de sobrepasos por la diferencia de velocidad terminal. Electrónicamente los carros reciben la señal del momento y la zona en la cual están autorizados y el piloto con un mando modifica una parte del alerón trasero que interrumpe el flujo de aire limpio sobre la aleta y esta pierde su efecto.

En clasificaciones su uso es libre, a discreción del piloto. Mercedes tiene un doble DRS que hace que el aire que no pasa por el alerón trasero regrese por un ducto interno del carro a las dos aletas delanteras y también las anula para dar mayor velocidad, pero este sistema dual no será permitido el año entrante.

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.