Correo de los lectores de la Revista MOTOR 574

Correo de los lectores de la Revista MOTOR 574

Redacción Motor

03:52 p.m. 05 de marzo del 2013

>> INTERCAMBIO DE ENERGÍAS
He leído sobre los carros eléctricos como solución ecológica. ¿Qué tan ecológica es esta solución si finalmente hay que cargarlos con energía eléctrica y esto requiere recursos naturales como el agua? ¿Qué tan económico es su consumo si tengo que
conectarlo a un enchufe en mi casa y las empresas públicas cobran muy alto este servicio?
Lector "Eco".

R./ Naturalmente hay un intercambio de energías para cargar las baterías pero esta tiene muchas ventajas, como cero emisiones de los motores, que es la principal. El consumo de electricidad es siempre proporcional a su rendimiento en el motor, pero la economía dependerá de la tarifa que le pongan a la recarga, no tanto del consumo de la máquina.

Puede ser desde regalada hasta venenosamente cara, de ahí
que la implantación de proyectos masivos de carros eléctricos necesitan el concurso de los gobiernos en el asunto de las tarifas, en impuestos para hacerlos competitivos porque son muy costosos, y apoyados por planes de reciclaje y estaciones de recarga abiertas al público. Colombia tiene una gran suerte al generar electricidad por medio de plantas hidráulicas pues su
producción no es contaminante como la de las plantas térmicas o peligrosa como la de las nucleares.

>> LOS ACCIDENTES Y LAS MOTOS
Comparto casi todo lo que en su columna de la revista anterior comenta, y digo casi todo porque me parece algo injusto de su parte meter en la misma bolsa del transporte público a los
motociclistas.

Estoy completamente de acuerdo en que muchos de los que andamos en dos ruedas somos causantes de la gran mayoría de los accidentes que ocurren a diario, pero también es cierto que muchos de nosotros respetamos las normas y les hacemos un mantenimiento frecuente y concienzudo a nuestros vehículos, por la simple razón que aquí la carrocería es nuestro cuerpo y las lesiones generalmente son incapacitantes de por vida.

Perdón por este prólogo tan largo, pero el punto es que desgraciadamente para muchos de nosotros los que por una u otra razón andamos en moto, ya sea por trabajo o como vehículo alternativo de transporte, nos sentimos un poco vulnerados por el trato que se siente desde sus escritos. Nos hace ver como una parte fundamental del desorden vial que existe en nuestro país cuando, y esto lo puede usted averiguar con cualquier motociclista, en la vía a nosotros son pocos los que nos respetan.
Víctor Manuel Rivas.

LA OBSESIÓN DE PROHIBIR
Paulatinamente, y en forma constante, al pueblo colombiano se le ha venido imponiendo una serie de prohibiciones y reglamentos absurdos con pretextos tales como proteger la vida y la salud, proteger el medio ambiente, proteger las minorías, defender el patrimonio histórico, impedir la contaminación visual y acústica, etc.

La burocracia criolla ha establecido una férrea dictadura aparentemente para crear el ciudadano perfecto; en realidad para abrir múltiples oportunidades a la corrupción. Alguien dijo alguna vez que si multiplicamos los pecados, todo el mundo se vuelve pecador. En Colombia está prohibido fumar en una serie de sitios determinados por los legisladores de turno, omitir el cinturón de seguridad en los vehículos es causal de multa (o de soborno), sin tener en cuenta que el tráfico citadino en este país anda a 10 kilómetros por hora; está prohibido parquear en las bahías de estacionamiento aunque dichas áreas fueron creadas para ese propósito; es obligatorio el uso de casco para los motociclistas so
pena de multa; es obligatorio llevar encendidas las luces de los vehículos en carretera, a pesar de los intensos soles tropicales.

No se permiten pasacalles ni avisos de neón porque producen
contaminación visual, y no se sabe de dónde vino esa ridiculez. (...) Las corporaciones regionales han sido especiales en esto de los reglamentos y prohibiciones absurdas. No hace mucho un campesino del norte del Tolima fue encarcelado por tener reses
pastando por encima de los tres mil metros de altura. ¡Solo falta que las vacas tengan que portar altímetro! En Santander establecieron rondas de treinta metros a cada lado de los cauces fluviales donde se prohíben las construcciones, sin tener en cuenta que en los estrechos cañones de ese departamento los habitantes
tendrían que abrir túneles para alejarse de las quebradas.

Se necesitan licencias para construir y para demoler, para reformar, para radiodifundir, hay que solicitar permisos para
tumbar un árbol, para hacer un pozo de agua, para instalar una antena, para poner un aviso, etc. Las licencias ambientales abarcan todas las actividades posibles; son necesarias hasta para
cementar un patio.

A todo lo anterior se agrega la notable tendencia de adoptar todas las reglamentaciones absurdas que puedan hallarse en cualquier
parte del mundo; hasta algunas ridiculeces de la 'political correctness' se están volviendo de forzoso acatamiento. Para cualquier obra de interés general hay que consultar las minorías,
por lo cual donde quiera que se pretenda construir una carretera o un ferrocarril van a aparecer santuarios o cementerios indígenas imaginarios, no tardará el día en que un campamento gitano pueda detener la construcción de un viaducto o un oleoducto.

Es preocupante que toda esa explosión de bobería no solamente moleste al ciudadano, sino que además afecte el desarrollo del país. Esto tiende a parecer una pequeña Unión Soviética. Por respeto a la ciudadanía, ¡prohibido prohibir!
Jaime Galvis Vergara.

>> ADENTRO Y AFUERA DEL TIESTO
Muchas gracias por el editorial 'A pensar dentro del tiesto'. Como decía mi mamá: "Más claro no canta un gallo".
Hugo Ronderos I.

Comparto con usted muchas de sus opiniones y estoy de acuerdo en puntos álgidos, tales como nuestras auto-trochas. Soy un convencido de la necesidad del tren y, más aún de una real infraestructura vial. Es por esto que me sorprendió su artículo anterior acerca del día sin carro y que usted titula 'A pensar dentro del tiesto'. Me parece desafortunado.

Las expresiones "pobres y melancólicas estadísticas ambientales", "que el CO2 baje un miserable 2 por ciento", "el humo y hollín un pírrico 6 por ciento"; que las ciclorrutas no sirven, que la seguridad vial, que la policía de carreteras.

Usted como periodista sabe que lo escrito impacta y después de leer sus expresiones, ¡dan ganas de suicidarse!

Que tenga razón no quita que la idea del día sin carro sea bien intencionada y busque darles un pírrico y miserable aire menos sucio a los ciudadanos. Me niego a creer que usted es el tipo de persona carro-dependiente que está convencido de que el medioambiente es algo idiota.

Por esto lo invito a reflexionar y, en lugar de usar el garrote, a buscar una solución viable. No dudo de su capacidad y talento y así como hace unos días nos narraba su experiencia chilena, generemos un conversatorio que nos dé luces en las tinieblas que nos acompañan.

Qué bueno que usara su imagen y prestigio para convocar a los ingenieros civiles, las empresas, la ministra, los funcionarios del Estado a una cruzada que busque crear una conciencia de cambio en nuestra querida Colombia. Sobra el espíritu del negativismo, ¡todo está mal, todos son corruptos, todos son ineptos!

Es una buena oportunidad para convocar las fuerzas vivas del país en búsqueda de un mejor vivir, y si eso significa que los carros particulares no pueden ingresar a los centros congestionados, sea porque se cobra peaje o se restringe el uso en algunas áreas, o porque el día sin carro deba ser mucho más que un día al año, todos debemos ser aportantes a la solución. Puede que no nos guste, pero el bien común prima sobre el privado, y el vivir la necesidad de aquel que usa el servicio público nos pude enseñar a valorar un recurso que no todos tienen.
Jorge Guzmán.

Me permito felicitarlo por su óptica crítica y clara acerca del día sin carro. Definitivamente esto se convirtió en un acto  pseudoambientalista sin obtener la real lectura, como usted muy bien lo comenta. También me parece que se debe resaltar el análisis que usted hace sobre las causas de accidentalidad; qué bueno sería que esto tuviera eco en las autoridades encargadas, para que redirijan sus estrategias.
Gustavo Salazar, Manizales.

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