Correo de los lectores de Revista Motor 598

Correo de los lectores de Revista Motor 598

Redacción Motor

05:12 a.m. 11 de marzo del 2014

Que sean verdaderos antiguos

Afortunadamente en el país hay varias agrupaciones, clubes y personas que se dedican al sostenimiento, conservación y restauración de vehículos antiguos y clásicos, lo cual es un arte y un hobby apasionante, aunque un poco costoso, y una tradición para quienes nos gusta la mecánica y los hierros.

Lástima que no faltan los avispados que quieren sacar provecho económico de esto, pues un carro con sus placas de antiguo o clásico vale más, y distorsionan la esencia y el significado de tener un cacharrito totalmente original, que es como una maquinita del tiempo que nos transporta a esa época de los hermosos y a la vez ineficientes pichirilos con varias décadas de existencia.

He visto casos en los que están importando vehículos antiguos y algunas personas los arreglan muy bien, pero otros tienen un nivel de restauración bastante regular. No sé cómo logran acceder a las placas azules de antigüedad, pues sé que las entidades encargadas son estrictas con las normas al hacer un peritaje y entregan una certificación de acuerdo con el reglamento vigente.

Basta con mirar en cualquier portal en Internet de carros o vehículos de colección que ofrecen en venta, por ejemplo, una Ford F-100 modelo 1950 con placas azules y aparece la placa como clásico, siendo un clásico un modelo de producción muy limitada y de especificaciones muy exclusivas. No solo eso, sino que según las fotos no tiene motor original ni tampoco la caja, y el tapizado es de un vehículo moderno, lo que la clasifica como un vehículo modificado. Para rematar, tiene en la parte posterior un emblema de un club de antiguos y clásicos. O modificaron la camioneta después de obtener las placas azules o modificaron las placas, lo cual sería un delito, pues es un documento público, y ello implicaría falsedad. Como sea, es un engaño lo que están haciendo. No sé si las entidades que otorgan la certificación de originalidad o el Tránsito, que entrega las placas azules, podrán proceder de alguna forma al respecto.

Otras veces he visto un Mustang 1966 con placa azul y encendido electrónico, un Mercury Monterrey 1955 con rines de aleación y llantas anchas, además del equipo de sonido con planta y caja de parlantes, etc., y placas de antiguo.

Ojalá se pudiera tener un poco más de control sobre estos casos, proponiendo en el reglamento un compromiso más estricto de conservación para que se pueda mantener la tradición y la originalidad como debe ser.

Germán R. Díaz F. Bogotá.

 

Peajes urbanos

El Ministerio de Transporte autoriza a los alcaldes a establecer peajes urbanos, un nuevo impuesto dizque para mantenimiento de las calles de sus municipios, olvidando que la sobretasa a la gasolina se creó exclusivamente para tapar los huecos en las vías urbanas. ¿Qué pasó con ese impuesto que en muchos municipios lo subieron con el beneplácito de los concejos municipales hasta el veinte por ciento, y este dinero los avivatos alcaldes lo pasaron al fondo común de sus alcaldías para gastarlo y justificarlo en cuadernitos, lapiceros y lápices, y las calles pasaron a un segundo plano? Ahora los peajes también pasarán al mismo fondo, echándole más fuego a la corrupción.

Sugiero que la sobretasa a la gasolina cumpla el objetivo para el cual fue creada y que no se la sigan robando descaradamente, antes de crear otro impuesto que seguramente irá al mismo punto de despilfarro y de los gastos de bolsillo de cada alcalde en el país.

Eugenio Barón. Ibagué.

 

Las ventas de usados

Estoy buscando un carro usado, y en lo que he visto en CarroYa y otros portales, prácticamente todos los Logan están en manos de intermediarios o comisionistas. Consulté a Sofasa Renault y ellos contestan que no venden carros, que hay que consultar en los concesionarios. Algunos concesionarios dicen que retoman el carro, pero le presentan a uno una persona ajena al concesionario. La verdad no sé cómo funciona este mercado.

Édgar González.

R./ El mercado del usado no tiene reglas pues se trata de transacciones entre personas que libremente se ponen de acuerdo en el precio, estado y forma de pago de un vehículo. Las ensambladoras sí venden vehículos, pero solamente a sus concesionarios, los cuales los revenden al detal al público. Los concesionarios son libres de hacer la retoma de vehículos usados, generalmente en parte de pago de uno nuevo. Según sus inventarios de usados y el tipo de vehículo que se les ofrece, lo compran a un precio que les deja margen de operación, pero es una compra de contado con el cliente y totalmente segura. Cuando hay autos que no les interesa tener como usados por ser poco comerciales, por estado o porque tienen recarga de ese modelo en sus listas de usados, los trasladan a 'compraventeros' que ellos tienen calificados y que hacen una propuesta directa al oferente, que está en libertad total de dejar su auto o llevarlo a negocios abiertos de compraventa de automóviles o bien venderlo directamente a otra persona a través de los avisos clasificados de EL TIEMPO, CarroYa u otros sitios donde se ofrecen vehículos de segunda mano.

 

Imprudencias al conducir

Como conductora, es increíble lo que a diario observo en las calles de nuestras ciudades. Imprudencias de hombres y mujeres, motociclistas que se suben a los andenes sin respetar a los peatones, carros de alta gama parqueados sobre las aceras, agentes de tránsito que no cumplen con su deber, etc. Pero lo que más me llamó la atención fue ver que se está comercializando una especie de diadema-sujetador para la mano, en la cual se coloca el iPhone. Como mujer es lógico que defienda mi género, pero en esta ocasión, no. Lo increíble es ver mujeres al mando de una motocicleta y chateando mientras conducen, enviando mensajes sin poner atención a la vía. ¿Qué más debe suceder en este país para que las autoridades tomen medidas?

María Victoria Amariles.

 

Los F1 más feos

Totalmente de acuerdo con su artículo ¿Los más feos de la historia? en el que hace mención de las nuevas trompas de los F1 para este año. Los vehículos siempre han sido objeto de polémica por sus diseños e innovaciones; no es algo de ahora. Por ejemplo, cuando salió el Kurtis Kraft Offenhauser con seis ruedas en el 57, o la forma del Ferrari 312 T5, el Tyrrell P34 con esas 4 ruedas pequeñas adelante, y hasta el Williams FW26 que condujo Juan Pablo Montoya con ese frente raro. Pero cada año vemos que la F1 en lugar de mostrar autos hermosos, llamativos, presenta carros que, en lo personal y respetando el gusto de los demás, son espantosos, sin gracia. Hay que ver cómo se van a comportar este año, aunque en materia de estética me quedo con el que va a conducir Montoya en el equipo Penske.

Óscar Flórez.

 

Una sanción absurda

Hace algunos días tuve la mala experiencia de caer en un retén frente a mi vivienda, por la avenida José Celestino Mutis con Boyacá. El agente me pidió orillar el carro y me realizaron la prueba de alcoholemia cinco veces dando resultado negativo; me pidieron papeles, revisaron el carro y me pidieron que abriera el capó. Allí empezó mi calvario. El carro, como cualquier cosa que poseamos, es susceptible de ser personalizado, y en este caso por la tapa de las válvulas rojas, el agente indicó que era otro motor. Le pedí que confrontara el número de la tarjeta y del motor, y evidentemente fue el mismo. Luego señaló el filtro de aire, de alto flujo, y me indicó que estaba prohibido; le pedí que con el código me señalara dónde estaba la infracción pues no era consciente de ella y me indicó que eso era para inmovilización y que en el comparendo me notificaría el código de la infracción. La infracción dio código B.7: "No informar a la autoridad de tránsito competente el cambio de motor o color de un vehículo. En ambos casos el vehículo será inmovilizado". Luego de cuatro horas de retención la grúa apreció y continué mi calvario, que ya muchos conocemos en torno a sacar un carro de los patios. Muchos vehículos están siendo inmovilizados bajo este argumento de la prohibición del filtro, cambio de rines o reducción en la altura, así como el uso de las luces HID, aún cuando recuerdo haber visto al comandante anunciar que dicho ítem ya no sería causal de comparendo, y aun más ridículo, al 'orejímetro', que el carro hace mucho ruido, cuando el procedimiento fue emitido y dado a conocer: "El agente deberá enviarlo a un CDA, donde con los instrumentos correctos se realizará dicho juicio". ¿Hasta dónde llega el abuso y la persecución de la Policía de tránsito a cualquier carro modificado? Esa es la respuesta que busco. ¿O tener un auto modificado me hace un delincuente?

Alberto Cruz.

 

La alternativa es... el carro

Vivo en Chía, y por la nueva medida de la Alcaldía de Bogotá de modificar el pico y placa hasta la calle 170, y con el ánimo de poner mi granito de arena y no ingresar el automóvil a la ciudad, decidí coger Transmilenio hasta mi sitio de trabajo, situado en la calle 100 con carrera 11.

La primera pregunta que me hice fue: ¿Dónde dejo mi carro en la 170? Si la Alcaldía quiere que estacionemos los carros ahí y usemos el transporte público, ¿dónde se supone que debo dejar mi carro dado que la Alcaldía no habilita parqueaderos? Llegué a la conclusión de que mi única opción era dejar mi carro en HomeCenter, y no creo que ese almacén esté muy contento con mi proceder, ya que lógicamente el parqueadero de ellos es para sus clientes.

Decidí entonces coger un taxi desde mi casa hasta la terminal de transportes de Chía por $ 4.000. Ahí tomé una flota hasta la estación Santa Fe de Transmilenio que costó $ 2.300 y el recorrido duró 30 minutos. Allí, desde cuando empecé la fila hasta que me subí al bus, me demoré 25 minutos, y ya acumulo 55 minutos de recorrido.

Cogí la ruta F1, la única que me sirve desde esa estación hasta la calle 100, con el agravante de que para en todas las estaciones. Sumemos entonces otros 25 minutos a mi recorrido para un acumulado de 1 hora y 20 minutos… y 8.000 pesos en costos.

Me bajé en la estación de la 100 y evalué mis posibilidades de subir hasta la carrera 11 y decidí que la forma más rápida a esa hora era caminar, ya que un taxi o un bus son más lentos. Finalmente llegué a mi oficina una hora y 40 minutos después de haber salido de mi casa, a un costo de $ 8.000, más otros 8.000 en la noche por el viaje de retorno.

En mi carro particular desde mi casa hasta mi oficina a las 6:15 a.m. que salgo, me demoro 1 hora y 15 minutos, y el costo de los dos viajes diarios es de $ 15.700 sumando únicamente peaje y combustible, sin incluir seguros ni mantenimiento del carro.

Llegué a la conclusión de que prefiero aguantarme el trancón diario en mi carro particular antes que someterme a Transmilenio. Por lo menos durante el trancón en mi carro voy cómodo, oyendo radio y hablando por celular con el manos libres. En Transmilenio no puedo hacer nada de lo que hago en mi carro y en este llego más rápido.

 

Las motos impunes

En días pasados me dirigía en mi carro por la calle 1ª con carrera 10. En el semáforo en rojo un motociclista golpeó fuertemente mi carro por detrás y cuando me bajé a reclamarle, arrancó, pasó el semáforo en rojo y se fugó. Traté de ver la placa de la moto pero me fue imposible, y cuando la busqué en el casco, me encontré con un artefacto negro con decoraciones de color blanco y sobre este dibujo estaba el número de la placa en blanco, perfectamente mimetizado e ilegible. Desde ese desagradable momento he estado observando que es una práctica común entre los motociclistas, tanto que me atrevo a decir que más de la mitad de ellos la utiliza, encontrando algunos que portan un casco blanco con las letras de la placa en blanco. ¿Será que el Código de tránsito no es claro en el sentido de que la placa debe ser completamente legible? ¿Si esto no se controla, no estarán las mismas autoridades promoviendo el uso de las motos como vehículos para cometer robos, fleteos, y en el mejor de los casos costosos golpes y rayones a los vehículos, quedando en la impunidad? También he visto cómo nos invadieron en la Circunvalar, donde transitan con máquinas de baja cilindrada a baja velocidad y por la izquierda generando grandes trancones, o van por toda la mitad irrespetando a los demás usuarios de la vía. ¿No se dan cuenta de que el 80 por ciento de los accidentes en los cuales se involucran son mortales? ¿Las autoridades no se habrán dado cuenta de que este tema se les salió de las manos hace rato y su parsimonia solo está generando una guerra entre autos y motos, en la cual siempre el motociclista saldrá peor librado?

Roberto Rico.

Óscar Hernández Villamil.

 

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