Correo de los lectores de Revista Motor 606

Correo de los lectores de Revista Motor 606

Redacción Motor

10:42 p.m. 01 de julio del 2014

¿Qué hacer sin frenos?

Quiero saber cómo actuar cuando un carro se queda sin frenos.

R./ Grave situación que con los sistemas de hoy y la forma como van cruzadas las líneas es altamente improbable, pero puede ser. No conozco peor sensación de susto y desconcierto que la de pisar el freno y que el pedal vaya al fondo sin respuesta.

- Primero, no apague el motor porque pierde la asistencia de la dirección y puede ser clave evitar obstáculos. Además, se cancela el vacío del booster, que ayuda a la presión en la línea sobreviviente, si la hay.

- Utilice el freno de estacionamiento; su ca­pacidad de detención en la gran mayoría de los carros es mínima, pero ayuda.

- Trate de poner cambios de la caja más bajos, sin precipitarse dentro de la angustia na­tural del momento, porque si aborta una pasada se queda en neutro. Esto va a ayudar pero de manera muy lenta y en mucho espacio. Tenga presente que la frase 'lo paró a punta de caja' es bastante incierta porque, como le digo, necesita espacio y tiempo para hacerlo, lo cual no siem­pre está disponible.

- Buscar sitios contra los cuales detener el vehículo. Si tiene sangre fría y opción, la idea no es estrellarlo de frente sino buscar recostarlo contra un andén, un barranco o algo así, pero de la manera más paralela posible, porque si va en ángulo fuerte puede volcarse. Inclusive, con las debidas precauciones, si es que puede tomarlas, tratar de apoyarse en otro vehículo, claro, que esté en movimiento y en el mismo sentido en el cual va usted. Habrá daños de latas y eso, pero seguramente menores de los que podrían sobrevenir.

- Si va en bajada, no espere a que el carro coja más impulso. Tome alguna de las decisiones citadas o todas las que se le ocurran y proceda de inmediato.

- Si, además, la situación se da con animales o una persona al frente, trate de dirigir siempre el vehículo hacia la parte trasera de los mismos. Ni las personas ni los animales reaccionan en un caso de esos moviéndose hacia atrás. Se quedan quietos o corren más, luego poniendo su rumbo en sentido contrario puede crear un espacio a su favor.

- ¡Mi última recomendación es que lo acom­pañe la SUERTE…!

 

Aceite VS. Potencia

Le cambié el aceite a mi Aveo Family de 10W30 a 10W40 y siento que funciona mal. ¿Debo regresarlo al anterior, o ya no se puede? Siento que quedó lento y sin fuerza, y tan solo cuenta 28.500 kilómetros.

César Ariza.

R./ El aceite no influye en la potencia de una manera que se note, y si lo hace, debería andar más con 0/30 porque es menos viscoso. Regrese cuando pueda al aceite que manda la fábrica.

 

¿Graduar el motoventilador?

Quisiera saber si se puede graduar el tiempo de funcionamien­to del motoventilador en el Renault Logan, pues noto que dura muy poco prendido y como consecuencia hace que trabaje con la temperatura elevada. No es el falso recalentamiento que se co­noce en estos vehículos. Busco su ayuda en este caso, pues es un problema que persiste.

Édgard Martín.

R./ La temperatura de funcionamiento la controla el termostato que va en el sistema de agua, y el motoventilador solamente ayuda a que esa no suba cuando el vehículo va en marcha lenta o está detenido en el tráfico y no hay flujo de aire en el radiador. Tanto la pera que activa el motoventilador como el termostato están calibrados para que actúen en el momento requerido para mantener el motor en su mejor punto de temperatura, para el cual está calibrada la mezcla por parte del computador, luego eso no se debe tocar. Si prende poco o por intervalos muy cortos es porque no se necesita más aire. Andar con un motor por debajo de su temperatura ideal prevista acelera el desgaste, pues el computador ordenará una mezcla más rica en gasolina, que diluye prematuramente el aceite y traumatiza la lubricación.

 

Fallas de la doble calzada

Hace algunas semanas leí en la revista MOTOR y en otros medios acerca de la terminación de la doble calzada entre Bogotá y Girardot. Soy usuario frecuente de esa vía y no puedo entender tal afirmación. Esa vía es una colcha de retazos, llena de huecos, maletines plásticos a lo largo de la vía, falta de demarcación en el pavimento, tierra regada por doquier, etc.

Saliendo del peaje de Chusacá y bajando unos kilóme­tros hacia Granada, a los expertos de Invías o de MinTransporte les dio por construir reductores de velocidad o sobresaltos en cemento y piedra que a los ojos de cualquier persona, conductor o pasajero es una ofensa al senti­do común de movilización. Esos adefesios fueron construidos de manera antitécnica. Son dema­siado altos y muy seguidos y ya han generado accidentes, pues los vehículos que no conocen o usan con poca frecuencia esa ca­rretera deben frenar bruscamen­te, y allí vienen los problemas. Ni qué hablar de los kilómetros de trancones los fines de semana y puentes festivos, originados por la extrema reducción de velocidad pues se deben pasar máximo a 5 km/h, es decir, ape­nas rodando. Saliendo de Silvania a Bogotá, un carril de la vía nueva y recién puesta en servicio se fue abajo. Ahora hay restricción a un solo carril, pero nadie dice nada. Ahora mismo están reparchando tramos que llevan menos de dos meses en servicio. ¿Cómo se atreve alguien a pensar que la vía fue terminada? ¿Qué dice la se­ñora ministra, que supuestamente ya transitó y recorrió esa vía?

Por otro lado, el concesionario constructor aún mantiene en la vía la demarcación antigua en los tramos donde era de doble senti­do. Conduciendo en la noche es difícil saber uno para dónde va. Aún hay dobles líneas amarillas, líneas blancas que siguen rectas estando en plena curva, etc. Esto es alto riesgo de accidente, y eso que supuestamente son vías de tercera generación.

Qué triste ver que se esfuman recursos por causas corruptas. Carreteras sin diseño ni estudios, y más aún cuando debieron ser entregadas años atrás. ¿Cuándo tendremos un ministerio que se preocupe técnica y profesional­mente de las carreteras del país?

Felipe E. Rodríguez P.

 

Cambiar el chip

A diario se evidencian distintos episodios en nuestras calles, algunos de ellos terminan en tragedia producto del coctel de gasolina y licor, pero existe otro revuelto mortal, y es el resultante de mezclar ignorancia, arrogancia, violencia, imprudencia, desprecio e intoleran­cia de un buen número de conductores que comparten las deterioradas vías de nuestro país.

Si así no más, con las calles llenas de hue­cos y turupes, resultado de pésimos trabajos de reparación vial, muchos conductores, especialmente los amarillos, se las arreglan para aprovisionarnos diariamente de este be­bistrajo, y se aseguran de que no nos falte por lo menos una dosis regular de este amargo revoltijo, no quisiera ni pensar cómo serían las cosas si tuviéramos redes de autopistas como la Autobahn alemana, donde el costo de los peajes es ínfimo frente a su organización y disposición.

Ver rodar las minúsculas patinetas amari­llas transportando personas a altas velocida­des sin el menor temor de terminar volcados o hechos 'chicuca' contra otro vehículo; camiones de todos los tamaños y modelos que humeantes transitan pareciendo cobrar venganza de alguna desgracia personal; buses, busetas, microbuses y colectivos de transporte escolar operados por personal inoperante bloqueando las salidas vehiculares de los edificios, y en muchos casos son vehículos de modelos obsoletos donde el cumplimiento de la reglamentación técnica es más un decir que un hecho; ver los mamotretos azules del SITP varados, ocasionando interminables tran­cones y haciendo de las suyas transitando de manera criminal en contra de su razón de ser, que es la de eliminar la guerra del centavo; ver cómo en un semáforo de giro llegan cernícalos altaneros, algunos de ellos vestidos de verde con luces en el techo y otros en motocicletas haciendo doble carril y entorpeciendo el tránsito; y ni hablar de esos injertos que resultan del cruce de una bicicleta panadera con motor de guadaña que transitan por las ciclorrutas.

Todo esto hace que cada día me convenza más y más de que el tema más importante es pensar en reprogramar el chip de comportamiento social. De nada sirve fantasear con tener vías sin huecos ni turupes, autopistas decentes, metro para Bogotá, vehículos de última generación, si no existe un cambio radical en la manera de pensar y proceder, en que la tan mal nombrada malicia indígena sirva de algo, no solamente para no hacer fila en los ban­cos o para pasarse por la galleta la revisión técnico-mecánica, que entre otras cosas sigue siendo un negocio de particulares con participación política, con alquiler de llantas antes de entrar al CDA o las tales prerrevisiones con complicidad de los inspectores para no rajar a los automo­tores en dudoso estado mecánico.

Reitero mi comentario sobre la importancia de reprogramar el chip para que las futuras generaciones nazcan con índices nulos de 'cafresina' en la sangre.

Carlos Alberto Rojas G.

 

El negocio de los comparendos

El pasado 10 de junio fui detenido en la vía Briceño-Sopó por un mecánico policía de carreteras, que luego de una cuidadosa y demorada inspección ocular, teniendo cuidado de no ensuciar sus pintadas uñas e impecable uniforme, dic­taminó que mi vehículo tenía escape de aceite, por lo tanto, en su omnipotente conocimiento de la norma y la mecánica, inmovilizaba el vehículo. Procedió a tomar fotos de la falta cometida y a fabricar el comparendo, procedimiento que de­moró 37 minutos; llegó la grúa y en un minuto la camioneta ya estaba arriba y asegurada.

Con la arrogancia que los caracteriza, me indicó subirme a la grúa e ir a los patios de La Diana, a pocos kilómetros del lugar.

La descargaron dentro del destartalado lote y no recibí información alguna, ni escrita ni verbal, ni del policía, ni del conductor de la grúa, sobre qué debía hacer para recuperarla.

Finalmente la celadora del lote me dijo que debía ir a La Calera, que el servicio de grúa tenía un costo de $ 130.000 y el parqueadero $ 45.000 el primer día y $ 42.000 los subsi­guientes.

El negocio está montado para que el sancionado no solo deba pagar mínimo dos días de garaje y disponer al menos de un día sin poder trabajar. Llegué a las 7:00 a.m. al vetusto, antihigiénico, sucio y descuidado lugar donde funciona la destartalada oficina de tránsito de La Calera, que ni siquiera tiene baños.

Alrededor de esta oficina están los indispensables nego­cios de fotocopias, tramitadores y alquiler de uso del baño, muy aseado, a $ 500 la diligencia. Luego de hacer una fila de 25 minutos para pagar el curso, esperé hasta las 9:45 para en­trar al aula, tan destartalada como el resto de la edificación.

El curso fue una larga charla de diferentes temas, por espacio de dos horas y con mucho relleno. Enseguida foto­copias del comparendo, licencia de conducción, tarjeta de propiedad, seguro obligatorio, revisión técnico-mecánica, de asistencia al curso y cédula. Otra larga fila para liquidar el comparendo, otra para pagar en el banco, en ventanilla con­tigua a la de liquidación; luego al 2° piso y otra espera de 40 minutos para recibir la autorización de retirar el vehículo del lote, y la sorpresa: una anotación que dice que no lo puedo sacar de allí sino en grúa.

Me desplazo de La Calera al lugar de los patios, a 30 mi­nutos, debo pagar lo de la grúa por llevarla, dos días de lote y luego me proponen grúa para sacarla de los patios y bajarla en la esquina, por $ 60.000 más. Preferí conseguir una y lle­varla al taller para corregir la fuga.

Pregunto: ¿De quién son las grúas? Un negocio que en 40 minutos hizo seis viajes a $ 130.000, y en un viaje puede ir un vehículo y varias motos. ¿De quién es el lote? ¿Qué reciben los policías?

¿Qué se hace tanto dinero porque ni siquiera tienen unas decentes, dignas y limpias instalaciones? ¿Quién controla estos negocios y a los policías que se lucran de él? ¿Qué preparación mecánica han recibido para tener tanta potestad? ¿Cómo pueden robarnos nuestro tiempo de esta forma y además hacernos pagar tan onerosas y desproporcionadas sanciones?

Vi a un celador que le quitaron su moto por no funcionar una luz direccional y, con ello, su salario de 20 días de trabajo.

En Guasca, Sopó y La Calera hay hasta cuatro retenes de inspección, mínimo con cuatro policías cada uno. También la CAR les montó competencia y está equipando vehículos pa­ra revisión de gases y así aumentar sus ingresos, también con el negocio de patios.

Tenemos peajes, impuestos, revisiones, seguros, combus­tible, todo caro; policía hambrienta de controles y sanciones, nada preventivo, malas carreteras y ciclocarreteras… ¿qué más quieren?

Manuel Ignacio Gaitán B.

Zona Comercial
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