Las cosas y adornos que debe evitar llevar en su carro porque aumentan el riesgo de sufrir un accidente automovilístico

El juguete debajo del pedal, las borlas en el panorámico o la mascota son elementos nocivos para la concentración del conductor y muchas veces ocasionan accidentes en las vías.

Redacción Motor

05:00 a.m. 29 de agosto del 2008

¿Prestar atención significa dejar ciertas cosas para tratar efectivamente otras¿, dijo a finales del Siglo XIX el filósofo William James, un difusor del pragmatismo filosófico y estudioso de la conciencia humana.

Es el mismo principio que usan los publicistas para que los consumidores volteen la mirada con sonidos estridentes, colores fuertes o movimientos exagerados, o los conductores ¿creativos¿, que llenan las cabinas de sus vehículos de ¿chucherías¿ para marcar la diferencia.

Tanta creatividad, sin embargo, puede ser peligrosa, más cuando los adornos intervienen directamente con la concentración. Para la muestra, algunos botones que pueden alterar sus cinco sentidos a la hora de coger el timón.

Juguetes peligrosos
Colgandejos en el retrovisor. El primer patín del bebé, la camándula o la silla de montar en miniatura son algunos de los muchos elementos que se mueven al vaivén de los miles de huecos de la ciudad. Lo malo: el desplazamiento brusco de un objeto provoca reacción en el cerebro y tiene una gran capacidad de atracción.

Borlas en el panorámico. Estos tejidos multicolores, que muchas veces tienen un valor sentimental para los conductores, pueden convertirse en un verdadero peligro cuando de atención se trata. Lo malo: los colores intensos son grandes distractores y, en el caso de las borlas, también intervienen en el campo visual de quien va manejando.

Luces multicolores. La perilla luminosa de la barra de cambios, las figuras religiosas que adornan el panorámico y las estroboscópicas que titilan en el capó cada vez que el conductor aplica el freno, son los adornos más llamativos del habitáculo de un vehículo. Lo malo: los estímulos que producen contraste son muy atrayentes y poco ayudan al momento de una emergencia.

Muñeco de peluche. A falta de mascota, muchos conductores ¿recuestan¿ encima del espaldar de la banca trasera un gran muñeco de peluche. Lo malo: en maniobras de reverso, frenadas bruscas o cambio de carril durante la marcha, la visibilidad trasera es indispensable para saber qué hacer. Y si lo único que se ve es un tigre acostado¿

Elementos con autoadhesivo. El perrito desnucado (que mueve la cabeza incesantemente), la Virgen del Carmen, el portacelulares de Velcro o el carrito de colección que emula al que rueda son algunos de los elementos que algunos conductores pegan encima del tablero del vehículo. Lo malo: no solo son distractores visuales y hasta auditivos, sino que, mal pegados, pueden caer en la zona de los pedales y alterar la conducción.

Objetos intrusos
La botella que rueda. Un viaje largo deja mucha basura en la cabina, especialmente latas o botellas plásticas, que ruedan de atrás para adelante cada vez que el conductor frena o acelera. Lo malo: la repetición de un sonido leve tiene un gran poder de atracción y si el elemento se mete debajo del pedal del freno, impide su recorrido y altera la conducción.

Carga pesada. Por ahorrarse unos pesos en el acarreo, muchos conductores deciden cargar el negocio entero en la banca trasera del vehículo, así las cajas lleguen hasta el techo y amenacen con irse hacia adelante en cada semáforo. Lo malo: aunque el tamaño no atrae tanto como los colores intensos o el ruido excesivo, cajas apiladas son un peligroso obstáculo desde donde se les mire.

La mascota. Jamás debe ir en el puesto de adelante, ni siquiera en la banca de atrás, pero sí en el ¿baúl¿ de la camioneta o el campero, bien acostada y en silencio. Lo malo: una mascota demasiado ¿cariñosa¿ interviene en la conducción de su amo, y si anda suelta por todo el habitáculo, puede convertirse en un proyectil al momento de una frenada de emergencia.

Niños peleones. Ruido excesivo, movimiento de la carrocería, golpes involuntarios, intervención del campo visual¿ tres niños peleones en el asiento trasero suelen convertirse en un elemento disociador para quien va al volante. Lo malo: por detener una ¿fucha¿, el padre de familia conductor les dedica sus cinco sentidos a sus hijos y ni uno solo a la carretera.

Tecnología ¿despunta¿
Súper equipo. Sonidos de mucha intensidad son capaces de desviar la atención, pues el oído está diseñado para aguantar hasta 65 decibeles, según la Organización Mundial de la Salud. Lo malo: los audífonos del iPod o el volumen excesivo del radio ¿desconectan¿ al conductor y le impiden escuchar llamados de advertencia, como una ambulancia, el pito del agente de tránsito, la bocina de otro carro o un ruido mecánico que requiera de su atención.

Pantalla LCD. Aunque el Código de Tránsito las prohíbe, muchos conductores se la incorporan a sus vehículos para que los pasajeros puedan ver películas o videos musicales durante un viaje largo. Lo malo: si un equipo de sonido a todo volumen es de por sí un distractor peligroso, un video musical al alcance del ojo del conductor es una invitación directa a un accidente.

El ¿manos libres¿. Poco a poco está siendo desplazado por el Bluetooth, una tecnología sin cables que permite conectar el celular al equipo de sonido y que, con tan solo accionar un botón, el conductor puede hablar y oír a través de los parlantes. Lo malo: el ¿manos libres¿ tradicional trae un pequeño gancho que debe ir pisando la corbata, la solapa o el cinturón de seguridad para que no se enrede con la palanca de cambios.

¿Ayudas¿ que poco ayudan
Visera antilluvia. Es una especie de alero plástico (muchas veces de color más oscuro), que recubre todo el borde superior de la ventana y le permite al conductor mantener el vidrio abajo, sin que el agua ruede al interior del habitáculo. Lo malo: restringe la visibilidad lateral, especialmente al momento de una maniobra difícil o una curva.

Espaldar caído. Común entre los taxistas que buscan mayor comodidad para sus pasajeros, el espaldar del copiloto ¿recogido¿ hacia delante, ayuda a la visibilidad de quien se sienta atrás. Lo malo: el único escudo que tenía el pasajero para apoyarse en caso de una frenada de emergencia era ese espaldar, que ahora hace las veces de mesa auxiliar para el conductor.

Timón peludo. Hay forros de forros para el timón. Uno de ellos es el de peluche, el cual permite una conducción placentera, gracias a la sensación de suavidad que le dan sus hilos de lana. Lo malo: además de ofrecer una higiene dudosa, suele soltarse con facilidad porque está amarrado con cordones. Al tomar una curva rápida, el conductor podría mover el forro, pero sin ¿mosquear¿ el timón.

Bolsa de basura. Hechas especialmente para quienes ¿comen y duermen¿ en su vehículo, estas bolsas se cuelgan a cualquier botón del tablero y son muy útiles para mantener el habitáculo aseado. Lo malo: difícilmente se les encuentra un sitio del tablero que no intervenga con la palanca de cambios, los botones del radio o las perillas de la calefacción.

LO QUE NO DEBE PONERSE
Chancletas. Vestirse bien debe significarle a un conductor ropa cómoda y aireada, sin elementos que le puedan ¿enredar¿ la vida, como las chancletas. Lo malo: por su diseño, la chancleta puede engarzar el pedal del freno o el del acelerador, y embutirlo entre las tiras de plástico y los dedos del pie, con la consecuente pérdida de maniobra para la extremidad inferior del conductor.

Sombrero alón. Les da sombra a los ojos y obliga al pelo a quedarse quieto cuando la ventana está abajo. Muchos conductores lo usan para ¿bajar a la finca¿. Lo malo: cuando el sombrero es muy grande, el radio de acción de la cabeza se altera, pues éste se golpea constantemente con el apoyacabezas y el marco de la puerta.

Exceso de ropa. Si la finca es en tierra fría, el sombrero alón se reemplaza por la ruana o abultadas chaquetas que mantienen al conductor lejos de las temperaturas extremas. Lo malo: nada más enredador que una ruana y, en cuanto a los chaquetones, poco ayudan con la movilidad de los brazos.

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