Dakar ¿La carrera más peligrosa del mundo?

Hace unos días tuve la posibilidad, gracias a una cordial invitación de Autogermana, representante de la marca Mini en Colombia, de asistir a vivir parte de la experiencia de un Rally Dakar.

Redacción Motor

10:38 p.m. 14 de enero del 2015

El Dakar 2015 en imágenes

Seguidor y practicante del automovilismo, siempre tuve la curiosidad sobre el Dakar. Era clave saber si de verdad es tan demandante para los pilotos y máquinas como lo que había oído en los diferentes relatos de gente que conozco que participó en alguna de sus ediciones.

Con esa duda inicié mi viaje, partiendo con la premisa que iba invitado por el equipo que, a mi parecer, es el mejor preparado para el desafío. Mini defiende el título este año, cuenta con 9 vehículos dentro de su estructura, el grupo de pilotos más preparados para el Dakar y un montaje logístico que cualquier escudería de Formula Uno envidiaría.

Debo confesar que, a pesar de seguir el rally de otros años esporádicamente, no tenía claro cuáles eran los pilotos más importantes y representativos y eso se convirtió quizá en la primera razón para estar tranquilo y sin filtros cuando tuve la oportunidad de conocerlos. Llegamos a una cena en el espectacular Puerto Madero en la ciudad de Buenos Aires, Mini tenía todo coordinado para que sus invitados compartiéramos un tiempo relajado con su equipo y pilotos, sin embargo, yo no tenía aún el programa por lo que no sabía el objetivo de la comida. Inocente me senté en compañía de un periodista paraguayo en la esquina de una de las mesas a conversar un poco de fierros y mientras tanto la comitiva de periodistas empezó a llegar al tiempo con personal de Mini, perfectamente vestido con las prendas oficiales del equipo.

En la medida que llegaban tomaban sus puestos ubicados estratégicamente en medio de los periodistas para compartir con todos, en la mesa en la que me encontraba se sentaron un corpulento español, un inglés que dejaba ver su experiencia en su aspecto físico y un pequeño argentino. Me pareció normal estuvieran con nosotros como parte del protocolo dictado por el equipo Mini, razón por la cual continué con mi conversación de carros con el periodista paraguayo. Pasó un rato hasta cuando el tema obligado de conversación llegó a la mesa y el Rally Dakar se convirtió en el protagonista y, en ese momento pude darme cuenta que aquellos foráneos con ropa del equipo eran nada más y nada menos que Nani Roma, piloto defensor del título, Orly Terranova, argentino que corre para Mini y Sven Quandt, director del equipo.

Superada la pena interna, empezamos a conversar sobre la carrera, Nani Roma empezó a dictar cómo tenía pensada la defensa de su título, que sería de la misma manera en la que logró la victoria el 2014: tomar una de las etapas largas, salir con todo y esperar que el Mini, el navegante y su manejo lo dejaran hacer una diferencia importante en tiempo para administrarla durante el resto de la competencia. En ese momento Sven Quandt nos dice lo siguiente: “El Dakar es 70% suerte, 10% piloto, 10% navegación y 10% restante el vehículo¨, claro mensaje de lo duro que puede ser el reto por lo cual casi todo está en contar con la suerte suficiente para sobrevivirlo.

Hablamos de Peugeot y su nuevo prototipo, la amenaza que representa el equipo Toyota, relatos de las diferentes vivencias del Dakar, el montaje y logística que requiere correr la carrera más peligrosa del mundo y, en fin, de muchos temas que me pusieron en contexto para entender aún más lo que estaba por venir.

Al día siguiente empezaba la experiencia Dakar. Fue el momento de la salida simbólica, el espacio para que todos los competidores y sus vehículos desfilen por primera y única vez con su vestido impecable (sin polvo y marcas de batalla) frente a la afición más fierrera y amante del automovilismo que se pueda encontrar. No en vano los argentinos tienen la categoría del deporte con más antigüedad en el mundo, la Turismo Carretera. En una de las calles circundantes a la Casa Rosada, la organización del Rally instaló su pódium o rampa de salida por la cual desfilaron uno a uno los participantes presentándose de manera formal. Ahí tuvimos un primer pero lejano contacto con los representantes colombianos dispuestos a asumir el reto.

Después de una noche de descanso, nos trasladaron al lugar donde tendría lugar la partida del Rally, un kartódromo ubicado cerca a Buenos Aires donde fueron llegando primero las motos y cuatrimotos, luego los carros y los últimos en partir, los camiones. Entusiasmado por ver a nuestros embajadores me ubiqué en un lugar estratégico para tener contacto con ellos. El primero fue Juan Esteban Sarmiento, “Chilo”, quien tomó partida en el turno 80. Luego Juan Sebastián Toro y cerrando el grupo de las motos Mateo Moreno. Luego arrancó el único representante en cuatrimotos, Cristian Cajicá, quien se notaba más nervioso que los demás pues tomaba la partida por primera vez. Por último, salieron los carros, Mauricio Salazar quien iba como copiloto y la finalmente reconocida camioneta Nissan de Juan Manuel Linares y Daniel Pereira. Todos iniciaron la carrera haciendo un pequeño recorrido en el kartódromo y desaparecían en un recta con sus motores acelerando a fondo. Se había iniciado el reto.

En el día tres del viaje por fin veríamos la acción para lo cual nos trasladaron a la provincia de San Juan para estar al paso de la segunda jornada del Rally y ver el primer contacto de los participantes con el desierto. Nos recogieron en una caravana de 18 vehículos 4x4 para viajar con todo el grupo, rodamos alrededor de 130 kilómetros para desviarnos e ingresar al lugar donde veríamos la etapa.

Al rodar en el desierto de cierta manera empiezo a comprender lo duro que es el Dakar. El terreno es totalmente agreste y desolado, lo que de paso me hace cuestionar hacía donde nos llevaban pues no creía que tuviéramos la posibilidad de sobrevivir en ese lugar por mucho tiempo. Luego de andar por 30 minutos, a lo lejos se vislumbra un oasis en el desierto, que era un campamento perfectamente instalado con todos los lujos que no se imagina se puedan disfrutar en un lugar como ese. Parquearon los vehículos y nos dispusimos a descender. Abro la puerta del carro y llega un golpe de calor nunca antes vivido, de 43 grados, algo absolutamente insoportable. Nos reciben con una champaña fría y la cosa empieza a mejorar obviamente y nos sentamos en la mesa y disponemos de tablas con las mejores carnes frías jamás probadas y todas las bebidas que se requirieran, un sueño.

Pasado un tiempo se ve a lo lejos una nube de polvo. Por fin la primera moto se acerca a nuestro punto. Tomé la cámara y me ubiqué para tomar algunas fotos. Sin embargo, de nuevo el calor ataca y no duré más de 10 minutos bajo el inclemente sol. Pasa un tiempo y me preparo para el segundo round: bloqueador solar, agua fría y de nuevo a la ruta y en ese momento comprendo lo duro que están viviendo cada uno de los competidores. Yo estaba con todas las comodidades posibles y apenas era soportable mientras estos tipos iban a fondo, al máximo de la exigencia física y con el conocimiento del Rally que apenas iniciaba y que los esperaban más de 15 días de esa “comedera de mier….” (perdón pero es la mejor manera de describir el Dakar). Para ponerlos un poco en contexto, ese día se canceló una parte de la etapa pues el calor estaba afectando a los corredores.

Manejar en el rallye no es solo ir por el camino. Se debe seguir la hoja de ruta, un mapa que indica los lugares por donde deben pasar todos los participantes y los waypoints o puntos geográficos que se deben cruzar. Mejor dicho: si ya era un problema ir a fondo en el desierto como para sumarle la lectura del camino a seguir, imaginen eso de pié en una moto o a toda velocidad en un cuatrimoto. (Los carros y camiones corren con navegantes).

Ese día visitamos el “bivouac” que es el lugar al cual llegan los equipos con sus camiones de asistencia y mecánicos para recibir a los corredores y hacer todos los ajustes mecánicos y técnicos a los carros, motos y camiones. Para los pilotos, es el sitio en el que pueden descansar, recibir un merecido masaje para enderezar de nuevo el chasís y comer algo previo a iniciar el día siguiente. Ahí logré ver las dos caras del Dakar: el suntuoso equipo Mini cuya infraestructura de servicio ocupa casi una manzana con camiones con cocina, lavadora y secadora, un grupo enorme de personal logístico y técnico, con un montaje impresionante que afirma el porqué son el equipo a vencer en esta carrera. Y al otro lado, el 90% de participantes que no están bajo el manto de un equipo oficial (cuentan con el mejor apoyo técnico y facilidades para su personal) y que deben vivir un Dakar durmiendo en carpas donde cabe justo su bolsa de dormir, deben trabajar en sus vehículos, comer lo que encuentren en el “bivouac” y soportar todas las inclemencias que ese reto representa.

Algunos de los participantes que no cuentan con suerte durante el recorrido de la etapa, llegan al “bivouac” con el tiempo justo para hacer los ajustes al carro, comer de afán y descansar un rato que cargue las baterías apenas para asumir el día siguiente.

En total vivimos cuatro días del Dakar 2015 suficientes para entender que sí es la carrera más peligrosa y difícil del mundo. Son 8.181 kilómetros que se recorren en 13 días. Se corre en desiertos, salares, montaña y hasta en la vía pública cuando se trasladan a los puntos de partida y hacen los diferentes enlaces. Físicamente es absolutamente agotador por la exigencia al cuerpo con etapas que pueden sumar hasta 800 kilómetros o más, poco descanso y una alimentación que cubre escasamente la necesidad básica del cuerpo y que conlleva a un agotamiento máximo. También hay que sumar el efecto de climas extremadamente cálidos o fríos, los percances mecánicos que se puedan presentar, el riesgo de conducir a fondo por terrenos desiguales con trampas ocultas y todas las variables que se les puedan ocurrir para encontrarse en lo límites. Es el pan que cada día les ofrece el Dakar a quienes quieren domarlo.

Más de 400 participantes toman la partida, 54 nacionalidades se entremezclan en un ambiente de competición y camaradería, una logística impecable permite que todo funcione sin contratiempos y, que dentro de lo implacable que es el Dakar, hacen que la experiencia sea inolvidable y la gente decida volver cada año a tratar de vencer la carrera más difícil del mundo.

Queda mucho por contar, solo quería escribir un poco sobre una vivencia increíble, una lección de resistencia muy dura y un reto que se corre cada año que todos vemos en la comodidad de la casa sin entender a fondo lo duro de la competencia.

Hoy se cumple la décima etapa del Dakar, Mateo Moreno por un accidente no sigue en competencia. El resto de tripulaciones continúa con el reto, llevando en alto el tricolor colombiano. Personalmente profeso un respeto y admiración absoluta para Juan Manuel, Daniel, Chilo, Christian, Mauricio y todos los que han participado en alguna edición. Y por último, Juan Sebastián Toro, a quien además le agradezco de todo corazón correr con el casco pintado con el diseño que solía usar mi hermano Gonzalo cuando corría en autos. Un honor que le permita acompañarlo y cuidarlo durante toda la carrera. A todos felicitaciones y esperamos verlos y aplaudirlos, una vez más, en la meta.

Juan Pablo Clopatofsky G.
Asistimos al Rally Dakar gracias a una cordial invitación de Autogermana, representante de la marca Mini en Colombia.

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