Se despejan todas las inquietudes con respecto al uso de la nueva mezcla de gasolina con alcohol

Desde el mes entrante, en ciertas zonas del país se comienza a agregar un 10 % de etanol a las gasolinas. En febrero debe llegar a Bogotá.

Redacción Motor

10:44 p.m. 14 de marzo del 2011

Por José Clopatofsky

Desde el primero de noviembre, la gasolina colombiana que se venda en ciudades con más de 500 mil habitantes se irá mezclando con etanol, en una proporción del 10 por ciento. Este paso, como el que se tomó hace ya bastantes años cuando se eliminó el plomo y posteriormente se agregaron los aditivos para combatir los depósitos de carbón en las válvulas, actualiza las gasolinas colombianas y las pone en un nivel de avanzada con respecto a muchos países del mundo.

La incorporación del etanol a las gasolinas llega luego de un largo tránsito legal de la idea, que fue aprobada  inicialmente por el Congreso en el año 2001, por lo cual el asunto no es una disposición transitoria, ni capricho de gobierno, sino un mandato que cobija a todos los colombianos.

El programa se llama de oxigenación de las gasolinas, lo cual por simple análisis químico, indica que las gasolinas con ese tratamiento tendrán una mejor combustión y, por lo tanto, menos residuos contaminantes para el medio ambiente.

Naturalmente, agregar etanol no es un cuento fácil porque hay que tener una suficiente producción de ese alcohol que se  deriva de la caña de azúcar y puede lograrse también procesando papa, yuca, remolacha y sorgo, productos que contienen carbohidratos que se fermentan y se pueden convertir en alcohol.

 Para ello se necesita todo un proceso agrícola, con altísimas inversiones tal como sucedió en Brasil, que es el país que más ha avanzado en el mundo en este tema. Colombia tiene una gran producción de azúcar gracias a los ingenios que funcionan primordialmente en el Valle del Cauca, pero para producir etanol se requerían grandes trabajos y plata, por lo cual la misma ley les garantizó precios y condiciones estables para que, quienes produzcan etanol, sepan que al final de la cadena hay un comprador obligado, que serán los distribuidores de combustibles.

 Las cuentas globales del proyecto de estas nuevas gasolinas indican que se deberán sembrar más de 103 mil hectáreas de caña y que podría haber una generación de 170 mil empleos cuando el programa esté atendiendo todas las ciudades previstas.

 Se ve que esto no se logra de la noche a la mañana y de hecho han pasado cinco años hasta poder arrancar este aporte de etanol.
 Naturalmente, el proceso ha tenido cuestionamientos políticos, por la favorabilidad que tiene para los ingenios del Valle, que finalmente van a encontrar una rentabilidad y frente de negocios más estable y seguro que el que tienen con el azúcar en los mercados internacionales e interno.

También levantó reparos claros, aún nuestros, sustentados en las preocupaciones de la industria automotriz porque la resolución reglamentaria inicial indicaba que en el segundo año de mezcla de etanol el porcentaje debía subir al 20 por ciento, proporción que es técnicamente inviable en el país y fue rechazada de plano por empresas del peso de Colmotores, que es la que mejor información tiene al respecto debido a que una gran parte de sus carros e ingeniería proviene de Brasil.

 Al tenor de esos reparos, el Ministerio de Minas nos confirmó que mantendrá toda la coherencia necesaria para que este proceso del etanol nunca supere los límites recomendados, pues en un parque automotor viejo y heterogéneo como el colombiano, hay muchos miles, pero bastantes, cuyos componentes no soportan una mezcla de más del 10 por ciento por la corrosión comprobada que genera el etanol en las partes que están en contacto con este.

 O sea, se han hecho los ajustes y se han escuchado las recomendaciones, según el propio Ministro de Minas, Luis Ernesto Mejía, nos lo aseguró, y el proceso se hará ajustado a la realidad técnica, así esta contradiga las expectativas iniciales de los gestores que pretendían mucho más aporte de alcohol del que es viable.

 El etanol, agregado a la gasolina, debe ser un alcohol anhidro, es decir, sin agua. Esta se retira en el proceso de fabricación y luego se decanta también en todos los puntos de almacenamiento.
Como el agua pesa más que el alcohol, se asienta en el fondo de los tanques y se puede fácilmente drenar la parte nociva.

 Si hay errores de manipulación y transporte, esa agua será altamente oxidante de las partes mecánicas que están en su ruta en los motores y los transportes desde los ingenios hasta los tanques de acopio.

Se harán operativos de limpieza de los tanques de las estaciones y deberán existir controles mucho más severos para garantizar la pureza de la mezcla final. Como tal, la mezcla de etanol y gasolina no se desestabiliza, por lo cual lo que el cliente reciba en la manguera del surtidor siempre estará mezclado en la proporción inicial.

El caso Brasil

En Brasil, pionera del tema de los alcoholes, han conocido y aprendido de todo el proceso. Hace bastantes años tuvieron carros que funcionaban con alcohol puro, pero eso conlleva muchos problemas técnicos cuando se opera con carburadores, por lo cual prácticamente se desmontó.

Posteriormente retomaron el uso de alcohol con las mezclas y se venden la gasolina corriente, la gasolina especial o premium que Petrobrás llama Podio, con un 20 por ciento de etanol y alcohol puro.

Quienes tienen carros de vieja tecnología pueden recurrir a la gasolina normal. Los modernos usan la Podio sin problemas y ahora, gracias a los sistemas electrónicos, existen los carros ¿Flex¿, dotados de sensores que saben qué tipo de combustible está entrando y se ajustan automáticamente tanto para la gasolina normal, las intermedias o alcohol puro. 

Los carros ¿Flex¿ tienen gran aceptación ya que le permiten al consumidor entrar en el juego de precios porque el alcohol tiene costos muy fluctuantes, de cosecha, y a veces es más barato usarlo, como en otros momentos es mejor echar gasolina o mezcla.

Naturalmente, la gran infraestructura azucarera que se había creado previamente abastece todas estas alternativas del mercado, dimensión que Colombia está lejos de ofrecer aún.

El biodiesel

La mejora del ACPM que actualmente usan los motores Diesel es el siguiente paso, y bastante importante, dada la baja calidad del colombiano y su retraso con respecto a los niveles internacionales.
 El Biodiesel se puede obtener de aceites de palma y soya, que en el país existen en cantidad. Es biodegradable, tiene prácticamente cero azufre (que es el gran enemigo del ACPM) y se genera un 50 por ciento menos de emisiones de CO2 y bajan los hidrocarbonos y el monóxido de carbono en el escape.

Se le considera como el primer avance concreto para liberar a los motores Diesel de la dependencia de los combustibles derivados del petróleo y le permite al sector agrícola ingresar al mercado de la energía. Inicialmente es de aplicación en nichos de usuarios.

En Colombia no hay en este momento planes concretos al respecto, pero considerando el potencial agrícola y el gran consumo de ACPM en el transporte, es una alternativa perfectamente viable y necesaria debido a que los crudos de los cuales derivamos el ACPM no son del mayor potencial para que este combustible resulte competitivo con las nuevas exigencias de los motores Diesel de última y próximas generaciones.

* Agradecemos a Petrobrás por la invitación que nos hizo a sus instalaciones y oficinas centrales en Rio de Janeiro, Brasil,  para conocer de primera mano su programa de alcoholes y las tecnologías que han desarrollado al respecto, ya que son pioneras de estos temas en el mundo.

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