Días sin Petro

Días sin Petro

Redacción Motor

05:08 a.m. 05 de mayo del 2015

Este título dista ya mucho de ser original. Cuando se impuso a la brava por parte de la Alcaldía el reciente ‘día sin carro’, segundo del año, en las redes sociales circuló profusamente la frase de “Un día sin Petro”. Con todo su humor y sarcasmo, lo retomó Daniel Samper Ospina en su última columna de Semana, en la cual se dedica a estudiar las enormes posibilidades de desarrollo y mejoría que tendría Bogotá si estuviéramos al menos un día sin el gobierno arrogante e impulsivo de nuestro alcalde. (http://www.semana.com/opinion/articulo/daniel-samper-ospina-el-dia-sin-petro/425304-3). Pero no sobra retomarlo.

Conocido su talante, no resultó raro que al terminar el día sin carro de hace unas semanas, que coincidió con la circulación de nuestra anterior revista y de esta columna, en la cual expusimos todos los motivos que tenemos para descalificar esa jornada impuesta de esa manera repetitiva y caprichosa, Petro, en lugar de oír todas las quejas, propone ahora hacer casi mensualmente el ejercicio del ‘día sin carro y sin motos’.

Ya están probadas la poca utilidad y la caducidad de la mayoría de los propósitos del día sin carro obligatorio que una consulta popular aprobó hace ya años. Es más que suficiente esa jornada anual de “reflexión” y son más que evidentes los perjuicios colaterales que conlleva para la dinámica del comercio y la movilidad de las personas que deben someterse a un empaque inhumano en el inseguro sistema de transporte masivo de la ciudad. Cuyos atracos y peligrosidad el propio alcalde, impávido, desconoce.

Ese segundo día sin nuestros vehículos les permitió a miles de personas calibrar las deficiencias de Transmilenio y sus líneas alimentadoras. Las mujeres sienten miedo y sufren lo indecible en los buses, pues son acosadas de manera permanente. Los colados son una turba de descarados que se burla de la gente que hace las filas y paga su pasaje, y se aprovechan del estado de las puertas (?) de las estaciones, que en su enorme mayoría están inservibles y sin asomos de arreglo. En la bocatoma de las estaciones, la gente corre grave peligro de ser empujada o de caer frente al siguiente bus porque no hay ninguna protección. En los corredores, algunos auxiliares o agentes de policía ni se atreven a controlar a estos vándalos porque con la misma desfachatez con la que se roban el pasaje, los atacan. Cuando salieron con el cuento de las multas, un policía en televisión dijo que no existían los formularios ni los mecanismos para imponerlas. Fue puro bla, bla y más bla…

La descoordinación de las líneas de buses azules es patética. Las rutas no se conocen ni se descifran. Pasan desocupados y hay filas de esos aparatos, muchas veces bloqueadas por otro de esos buses varado, ya que se trata de viejas máquinas maquilladas bajo el ojo tolerante de la autoridad que, como siempre, hace lo que los transportadores digan.

Algunos dicen que no hay perjuicios económicos con esa jornada porque quien iba a comprar ese día lo hace al siguiente. Pero nadie puede almorzar doble ni repetir muchas actividades que tienen fecha y necesidades fijas. Las cifras de la caída de las ventas publicadas por Fenalco no son mentiras y de ahí se deduce que hay dos perjudicados: los negocios y quienes no pudieron comprar o asistir a algún servicio. O sea que el efecto es de doble vía y no de vitrinas para adentro.

Debo reconocer que hay ciertas cosas que han funcionado gracias a la terquedad del alcalde, como las máquinas tapahuecos, que sí han remendado muchos cráteres, con lo cual se demuestra que es posible mejorar racionalmente la malla vial sin tener que esperar años y miles de cotizaciones en el paquidérmico IDU. Ojalá, como él mismo dice, pudiera traer más aparatos de esos, así sea haciéndolos pasar por reactores nucleares y que los importe Colciencias.

Pero es inconcebible, por ejemplo, que las motos eléctricas de la policía no funcionen o arranquen en reversa por su deficiente calidad, algo que era evidente desde cuando adjudicaron ese contrato. O que los compactadores de basuras se trajeran a los 'trancazos', sin las especificaciones ni el soporte correctos.

Si el alcalde tuviera buenos asesores o él mismo supiera o viviera los problemas de la movilidad de la ciudad, estoy seguro de que no haría tantas fanfarronadas ni propondría medidas que nada arreglan, cuando sí hay muchas cosas de acción inmediata que podría implementar con su reactivo temperamento.

Pero sucede que nuestros funcionarios de todos los niveles apenas asumen un cargo dejan de sentir las debilidades de toda la supuesta movilidad de la ciudad. Les dan carro blindado, les ponen motos que van sacando a la gente de la vía sin ninguna consideración para que pasen el doctor, su señora o su familia, quienes ya no se mueven como ciudadanos sino levitan detrás de los vidrios oscuros. Que tienen su segunda razón de ser, porque debería darles pena marcar esa diferencia con la gente que paga sus salarios. Mejor que estén escondidos.

Desafortunadamente, los usuarios de carros y motos particulares no tenemos los mecanismos de protesta que otros utilizan. Somos millones de indefensos e impotentes, a diferencia de quienes atraviesan diez camiones y se convierten en ministros de Hacienda o de quienes parquean los taxis y les imponen a los alcaldes sus condiciones.

De ahí que el único consuelo que nos queda es que, así como el alcalde quiere más días sin vehículos privados, nosotros deseamos también unos cuantos días sin Petro.

FRASE

“Los usuarios de carros y motos particulares no tenemos los mecanismos de protesta que otros utilizan. Somos millones de indefensos e impotentes ciudadanos, a diferencia de quienes atraviesan diez camiones y se convierten en ministros de Hacienda o de quienes parquean los taxis y les imponen a los alcaldes sus condiciones. Por eso, juegan caprichosa e irrespetuosamente con nosotros”.

Zona Comercial
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