¡G: la Clase más extrema de Mercedes Benz!

Es la edición AMG con motor V8 de 5.5 litros y 507 caballos de potencia que le dan el comportamiento de un auto deportivo y los sistemas electrónicos 4x4 que la hacen apta para los peores terrenos.

Redacción Motor

05:46 a.m. 08 de agosto del 2011

La versión más poderosa del Mercedes Benz clase G se presentó en Brasil. Es una bestia.

Vea fotos de la Clase G de Mercedes Benz

Desde hace más de 30 años 'extremo' se escribe con G en Mercedes Benz pues es la letra con la cual se denomina la línea más robusta, fuerte y potente de los vehículos particulares que vende la marca alemana. La clase G es la camioneta 4x4 de lujo por excelencia y hace apenas una semana se presentó en Brasil la edición AMG de este tremendo aparato.

Este nuevo modelo, que ya trae incorporada una ligera actualización estética que no disimuló su rudo perfil externo, hecho con escuadra, se convierte en el más poderoso de los vehículos todoterreno de la marca, pues con las modificaciones de AMG en motor y accesorios, se multiplicaron varias veces la potencia, el lujo y la exclusividad.

Los arrestos de esta fiera, que hace rato se volvió un clásico, tuvimos ocasión de palparlos en la planta que tiene Mercedes Benz, en Campina, Brasil, a pocos minutos de Sao Paulo. Allí dispusieron una pista de 3 kilómetros con toda suerte de rampas, ascensos, descensos, inclinaciones, vadeos, huecos, piedras y recovecos donde esta camioneta se sometió a las más exigentes pruebas sin que le 'doliera una muela'.

El solo montarse a la G 55 AMG, a pesar de su amplio estribo, supone ya la primera disposición 'extrema' pues para poner el primer pie en la cabina hay que levantarlo unos 60 centímetros del suelo. Una vez adentro, el hermetismo es impecable, los acabados en cuero subliminales y las aplicaciones en el volante, el tablero y la palanca en madera de primera clase.

Los asientos son climatizados, se ajustan con mandos eléctricos y puede guardar en la memoria hasta tres posiciones para el mismo número de conductores. Los espejos enormes tienen luces de cruce con leds como es norma ahora, y aunque la consola central invita a encender la pantalla digital, es preferible poner en marcha la camioneta sin ningún tipo de distracción.

El silencio adentro se rompe cuando se presiona el botón de encendido, pues inmediatamente el rugido del motor V8 de 5.5 litros de cilindrada y 507 caballos de potencia abruma los sentidos y provoca una inmediata tensión de las manos sobre el volante, como un acto reflejo. Apenas se roza el pedal derecho se revienta el aire detrás de los cuatro exhostos cromados y, si no se trata con mesura, saldría disparada hacia el horizonte sin que le hicieran mella las 2.5 toneladas que marca sobre la balanza.

Una vez en marcha firme sobre el terreno irregular la suspensión trabaja como un reloj suizo: es confortable como un auto, se mueve lo justo y pasa sobre lo que encuentre sin quejarse. El primer ascenso tiene por lo menos unos 9 metros de longitud y una inclinación de 40 grados al punto de que no se ve nunca en dónde termina la rampa. Con un botón se bloquea el patinado del eje trasero y se asume la cuesta con una ligera presión del acelerador y de inmediato la camioneta se convierte en un tractor que avanza sin vacilaciones.

La dirección es precisa y dócil y hace que cualquier maniobra sea rápida y efectiva. Ni la tierra suelta, ni los vadeos, ni el barro hacen que el clase G pierda su trayectoria. Luego llega otra prueba de fuego. Hay que poner la camioneta de forma lateral sobre una rampa que tiene una inclinación de más de 50 grados, algo así como 'acostarla' de lado para que el piloto pueda tocar el suelo con sus manos. La maniobra suena como para dobles de película pero es tan sencilla que con dos botones se bloquea el eje trasero y el diferencial y si no fuera porque hay que acelerar, la camioneta haría todo el trabajo, recorriendo unos 12 metros y manteniendo
siempre en esa inclinación si no se gira el volante.

El trayecto sigue y hay que medirle en medio de los árboles y los obstáculos los ángulos de entrada y de salida. La robustez se prueba al rodar sobre un terreno lleno de huecos, similar a una caja de huevos, cada una de las llantas.

El recorrido llega a un punto donde hay que poner en la cúspide de una rampa la camioneta e iniciar el descenso sin tocar el freno. Se contiene el aliento y los nervios afloran, mientras el aparato hace una caída libre de un segundo hasta cuando el control de descenso entra en acción, frena el vehículo y devuelve el alma al cuerpo. Después, el resto de la pista se convierte en rutina en la cual se termina de comprobar que el ajuste de la clase G está a la altura de sus prestaciones, al igual que su comodidad, la visibilidad
y la capacidad de maniobra.

Una vez terminada esta etapa, del barro se pasó al asfalto. Allí la camioneta se disfruta bajo otra óptica, pues una vez en la vía devora kilómetros con una velocidad impresionante y transmite toda la adrenalina de un auto deportivo pues en menos de 6 segundos el velocímetro llega a 100 y el tráfico se acerca de manera vertiginosa.

A pesar de sus 2 metros de altura, el agarre es perfecto y la estabilidad destacada pues en las curvas ni saca la cola, ni se siente la torsión característica de la carrocería que uno intuiría como natural por el perfil de esta camioneta.

De nuevo, con el freno de parqueo puesto, la realidad aterriza al piloto y le hace comprender que precisamente el éxito de esta clase G radica no solo en las prestaciones y el lujo, sino en su pinta cuadrada que precisamente la hace diferente a las de su tipo y cuyas líneas clásicas, que se plasmaron como proyecto militar en 1972 y que salió de producción en 1979, se han conservado con un estoicismo al que su mercado responde cada año con una demanda de 200 mil unidades.

Su precio, como sus prestaciones, está más allá de las fronteras de la normalidad, pues antes de impuestos hay que firmar un cheque por 290 mil dólares, casi unos 600 millones de pesos sin arancel, dinero que los conocedores de este modelo saben que lo vale desde la parrilla hasta la llanta de repuesto.

Con el toque AMG
AMG es una división del Mercedes-Benz que se encarga de las versiones deportivas y personalizadas de los carros de serie. Por eso cuenta esta camioneta con su sello, usa motor V8 más turbocompresor que le permite tener 507 caballos de potencia y un torque de 700 Nm. Su velocidad máxima se limitó a 210 kph y la caja es automática de 5 velocidades. En este modelo AMG también están los rines de aleación, el tapizado en cuero y amortiguadores de regulación deportiva, entre otras aplicaciones.

Genes 'todoterreno'
Con tres botones se puede bloquear el eje delantero, el trasero y el diferencial para evitar la pérdida de energía por falta de adherencia de las ruedas y puede repartir un 50 por ciento de la fuerza entre ambos ejes o entre cada una de las ruedas del mismo eje. Entre las ayudas electrónicas tiene tracción integral en las cuatro ruedas, sistema de control electrónico de tracción (4ETS ) y el control electrónico de estabilidad. Su ángulo de ataque es de hasta 27 grados y el de salida es de 36.

FRASES

La más reciente renovación incluyó nuevas luces, bómperes, parrilla, rines y accesorios de lujo adentro y afuera.

La clase G puede asumir pendientes de hasta un 80 por ciento de inclinación y ángulos laterales de hasta 54 grados.

Se venden dos versiones de cabina, corta de 3 puertas y de 5 puertas, y su capacidad de arrastre es de 3.500 kilos.

En su equipo se cuentan ocho airbags, interfaz bluetooth por mandos de voz, sistema de entretenimiento para 6 DVD y un equipo de sonido profesional.

Giovanni Avendaño.

** Asistimos por una gentil invitación de Mercedes-Benz de Colombia.

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