La gasolina de contrabando

La gasolina de contrabando

Redacción Motor

09:28 p.m. 10 de febrero del 2014

Según el incisivo y acucioso Juan Ricardo Ortega, director de la Dian, el 15 por ciento del combustible que mueve el país se surte del contrabando que fluye impávido por la frontera con Venezuela, donde la gasolina es práctica y literalmente regalada. Tanto que la semana pasada Rafael Ramírez, ministro de Energía y Petróleo de ese país, dijo que “se ha llegado el momento o no de cobrar la gasolina, porque en este país no se paga por la gasolina, sino que es Petróleos de Venezuela la que paga para que echen gasolina. Con una botella de agua mineral de 7 bolívares se compran 72 litros de gasolina, con lo que se paga por un periódico se echan 100 litros de combustible y por un refresco de lata a 12 bolívares se echan 250 litros de diésel; esto no tiene sentido para nada”.

Según la última tabla publicada por el Banco Mundial, el litro de gasolina allá cuesta 0,02 centavos de dólar, contra 1,28 dólares en Colombia. En palabras nuestras, llenar el tanque de un carro normal con 10 galones de corriente allá significan 14.000 pesos redondeando números. Acá pagamos casi 90.000 pesos, es decir seis veces más.

Con ese margen de ganancia, el contrabando hacia Colombia se estima en 100.000 barriles de gasolina diarios que ingresan especialmente por La Guajira, tradicional ruta del contrabando, y se instalan en pimpinas a lo largo de las calles de los pueblos donde forman un perfecto polvorín para que ante cualquier chispa vuelen casas y mueran cientos de miles de personas convertidas en teas humanas.

“El Estado colombiano ejerce cero control” sobre este fenómeno, le dijo Ortega a Portafolio a finales del año pasado, por lo tanto la avanzada de las pimpinas sigue caminando a diario en bidones hacia el centro y otras zonas del país y, por supuesto, en carrotanques con enormes dosis de ese combustible ilegal hacia Bogotá, donde se mimetiza en los depósitos de estaciones inescrupulosas, y ya se sabe de sitios donde hay abastecimiento al detal en tarros.

Con una cuestionada y ligera ley de fronteras aprobada en el gobierno pasado se legalizó en ciertas zonas del vecindario internacional ese tráfico manual de la gasolina, pero, como es lógico, la mancha de octanos se extendió sin control de la autoridad hasta convertirse hoy en un problema de alcances sociales muy complejos de reversar.

Más allá del sancionable proceder –que no la ha habido– hay que decir que esa cantidad de gasolina ilícita significa una caída del recaudo de los ya enormes e ingentes impuestos que le aplican al combustible legal en el resto del país, y quienes lo usamos estamos subvencionando esa plata que se deja de recibir, todo porque al Estado este asunto también le quedó enorme y sus autoridades pistonean cada vez que asoman las narices en esos oleoductos humanos de donde las sacan a cachuchazos limpios. O con el tanque de las motos y los vehículos rebosados a precio inferior al del huevo cocinado en esos solazos.

El remedio a este asunto por supuesto ya no está en nuestras manos ni en las de nuestras entidades de control. Parece que va a llegar desde el propio país vecino, que se prepara para dar un necesario y obligatorio paso hacia el aumento de los precios de sus gasolinas para tratar de recuperar su quebrada economía, que, se estima, debe ser del ¡2.600 por ciento! Las cuentas dicen que llenar el tanque de una SUV del tamaño que allá gusta pasará de 17 a 68 dólares, y esto da la dimensión del polvorín que se puede despertar entre los consumidores, que siempre han pensado que viven sobre una fuente de petróleo que les da derecho a quemarlo prácticamente gratis.

Ningún gobierno de ese país se ha atrevido a tocar este subsidio o regalo, sin embargo la ruta del presidente Maduro parece llevarlo indefectiblemente hacia esa medida que seguramente será gradual pero de todas maneras rápida si quiere cuadrar sus cuentas, así sea en desmedro de su popularidad y hasta de su permanencia, ya que claramente a nadie le va a gustar ese salto, que sería una catapulta para su oposición.

Si por ese lado algún día no muy lejano se logra controlar el contrabando hacia Colombia, eso no quiere decir que haya un gran pecado de gestión e indolencia de nuestros agentes pertinentes en el estado que nos dejaron infiltrar y chuzar hasta la médula -también en este aspecto- que afecta todas nuestras finanzas estatales y personales.

FRASE
“Al Estado colombiano este es otro asunto que le quedó enorme y sus autoridades pistonean cada vez que asoman las narices en esos oleoductos humanos de donde las sacan a cachuchazos limpios. O con el tanque de las motos y los vehículos rebosados a precio inferior al del huevo cocinado en esos solazos”.

ACLARACIÓN: Por un IMPERDONABLE error, en la última revista salieron mal los datos del récord de vuelta del Autódromo de Tocancipá, pues las cifras se pusieron en horas. La verdad exacta es: El récord de la pista vigente es el impuesto por Juan Pablo Montoya en las 6 Horas de 1995, con 1 minuto, 2 segundos y 077 milésimas. Óscar Tunjo, en un prototipo West del Sesana Racing Team, giró en 1 minuto, 2 segundos y 766 milésimas, a 6,89 décimas de la marca en la última edición de la carrera, en diciembre de 2013. Disculpas a todos.

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