Haga usted mismo el trámite para sacar el auto de los patios y evite a tramitadores

Historia de un puente festivo sin descanso por culpa de una imprudencia inicial de la víctima y la astucia de algunos pícaros que operan en Álamos.

Redacción Motor

05:00 a.m. 29 de agosto del 2008

¿El 27 de junio parecía un viernes común y corriente¿, recuerda *Andrés Peláez, quien agrega que, quizás, el único cambio de su rutina de fin de semana ¿normalmente en casa- era la comida de cumpleaños programada para su cuñada en un conocido restaurante del norte de Bogotá.

Todo transcurría normalmente, también al lado de su esposa y de un exquisito menú que luego del Happy Birthday fue acompañado por un par de copas de vino. A las 12:35 de la mañana, con la casa como destino y la carrera 15 como ruta a seguir, un retén de la Policía de Tránsito detuvo el automóvil en el que se movilizaban.

¿Pensaba que era algo normal, nada especial y por el contrario, bienvenido si se trataba de las rutinas de rigor para preservar la seguridad en las noches¿, recuerda Peláez, quien entregó los documentos del carro y la identificación de acuerdo con los requerimientos de la autoridad.

Luego de revisar y comprobar que la documentación estaba en orden, el agente le dijo a Peláez que se bajara del vehículo para hacerle la prueba de alcoholemia, orden que acató sin problema y con la seguridad que le producía el hecho de no haber ingerido grandes dosis de licor.

Sin embargo, la prueba resultó positiva. En el rango mínimo, pero positiva, lo que obligó a la autoridad a llevarse el automóvil a los patios ubicados en Álamos (al occidente de Bogotá) y a castigarlo con el comparendo de 461.500 pesos. La grúa procedió¿

¿Pensé que era injusto, si se tenía en cuenta que conocía casos en los que algunas personas en verdadero estado de embriaguez podían volver a su auto luego de sobornar a la autoridad¿, recuerda Peláez, quien reconoce que aunque contempló la idea, no se atrevió a hacerlo.

¿Sin embargo ¿agrega-, quizás hubiera sido mejor para no vivir el vía crucis que se inició el sábado al medio día cuando fui a seguir con el papeleo propio de esta serie de procesos, que ¿de hecho- ese mismo día, a las 7:30 de la mañana, se había iniciado con la llamada al 195 para pedir la cita de audiencia, que quedó pactada para las 10:30 de la mañana del martes primero de julio, en la sede de la Secretaría de Movilidad destinada para estos menesteres, en la calle 13 con 37.

Aves de rapiña

En compañía de un amigo, Peláez se dirigió a Álamos donde al llegar, como si se tratara de una madriguera, varias personas aparecieron hasta agolparse alrededor del carro para ofrecer los servicios de orientación en un lugar que el nuevo visitante solo conocía por referencias.

¿¿Viene a hacer el inventario de su vehículo? ¿Qué infracción tiene? ¿Nosotros lo orientamos?...¿ Y así, entre preguntas y más preguntas, Peláez dejó entrever su inexperiencia en estas lides y de forma equivocada entregó parte de los papeles e incluso, la licencia de conducción para que los ¿asesores¿ le dijeran a dónde dirigirse.

Acompañado de estos personajes y sin el control de la situación, se acercó a la ventanilla de los patios donde la receptora de los documentos hizo el trámite de rigor. Un par de sellos, la firma y, de nuevo, ellos con los papeles en su poder. ¿Ya sabía que algo andaba mal¿, recuerda Peláez, quien comprobó la sospecha de inmediato, cuando los corruptos tramitadores lo increparon: ¿Mire señor, por su infracción le van a quitar el pase, mínimo, un año y va a quedar reportado. Nosotros le ayudamos a que eso no suceda, tenemos gente que nos colabora, que lo borran para que quede limpio, sin infracciones¿¿.

Sin ninguna intención de optar por los ¿servicios¿ de los intermediarios de ocasión, Peláez exigió la devolución de sus papeles un par de veces. ¿Fresco, tómelos, pero si nos necesita, vuelva. Nosotros le hacemos la vuelta¿¿.

Trago amargo

Con los papeles en la mano, Peláez se acercó al automóvil de su amigo y se alejó del lugar. Sin embargo, otra sorpresa estaba por venir. Camino a casa, sobre la Avenida Eldorado hacia el oriente, se dio cuenta de que los documentos no estaban completos. Faltaba el pase.

¿Busqué, una y otra vez en la billetera, y no encontré nada. Volví al lugar, pero no hallé al personaje, solo a uno de sus compinches, quien me dijo: ¿No se preocupe, eso no se la ha perdido, debe estar refundido. La cuestión es que ya cerraron los patios, pero seguramente debe estar adentro. Entonces, me citó al día siguiente (domingo) a las 8 de la mañana¿.

Preocupado por la pérdida del documento, Peláez cumplió la cita. ¿Les dije que quería mi pase y que estaba seguro de que lo tenían. No estaba dispuesto a darles dinero ni a dejarme robar, lo que no les gustó. Por eso, simplemente atinaron a decirme que estaba de malas pues los patios habían cerrado. Entonces, me citaron para el día siguiente (lunes festivo), pero no acepté¿¿.

Ante esto, y con la preocupación de no tener la licencia que seguramente tendría que dejar el día de la audiencia, como parte de la sanción, Peláez puso la denuncia de su desaparición. ¿No tenía más opción. El martes tenía la audiencia y, definitivamente, no estaba dispuesto a dejarme robar por esos pícaros¿.

Y agrega: ¿Resignado, sin automóvil y sin pase, lo único que quedaba era esperar hasta el martes, rezar por un milagro para que aceptaran la copia de la denuncia y sacar el carro de los patios¿, recuerda Peláez, a quien, como lo preveía, le exigieron presentar el pase original.

¿Afortunadamente, logré que me dieran cita de audiencia el mismo martes, a las 2:30 de la tarde y, entonces, el siguiente afán fue sacar un nuevo documento. Alcancé pero tuve que enfrentar otro obstáculo: el abogado que atendió la audiencia me exigió el pase antiguo, con toda razón, quizás pensando que me había inventado su pérdida para tenerlo y seguir conduciendo ¿sin problema¿¿¿.

Cansado, solo con la expectativa de sacar el automóvil de los patios, lo miré y le pregunté si tenía tiempo para escuchar por qué no lo tenía. Le conté esta historia, me miró fijamente y solo atinó a decirme: ¿¿Le creo. No es al primero que le pasa, muchos caen y pagan convirtiéndose en cómplices de esos delincuentes. Hizo bien¿¿.

¿Una expresión de sonrisa en silencio dejó por un instante la sensación de frustración. Me quitaron el pase por ocho meses, pagué el comparendo, pero no alimenté las arcas de los ladrones de ocasión que, en promedio, le roban a cada persona entre un millón y 1,2 millones de pesos, en promedio, sin contar el valor del comparendo y otros gastos de rutina.

*El nombre fue cambiado por petición del afectado.

Errores y aciertos

- Andrés Peláez es consciente de que el primer, y grave error, fue manejar luego de haber consumido licor. ¿Así hubieran sido un par de copas es un hecho que el alcohol puede ocasionar trastornos en los reflejos, en la manera de reaccionar ante cualquier situación imprevista. De ahí que la decisión más sabia sea no consumir alcohol cuando vaya a manejar. Las consecuencias son impredecibles¿, asegura el doctor Eduardo Granados.
- Dejarse llevar por las promesas de arreglarle el problema es un error. Si cometió la infracción, asuma las consecuencias.
- Haberle dado papeles y documentos a los pícaros que esperan en las afueras de los patios. Allí, simplemente, debe acudir directamente a la ventanilla sin atender a quienes, como aves de rapiña, le ¿caen¿ para convencerlo. ¿Son ladrones, bandas que se aprovechan de la angustia del usuario¿, asegura un abogado de la Secretaría de Movilidad.

El acierto
- No haber negociado en ningún momento con los miembros de esas bandas. No darles ni un peso.

Para destacar
- La celeridad en las oficinas de los SIM (Sistema Integrado para la Movilidad).
- Los excelentes oficios en los CRC (Centros de Reconocimiento de Conductores), donde realizan los exámenes para refrendar las licencias (motrices, físicos, de optometría y audiometría).
- El buen criterio del personal de la oficina de la Secretaría de Movilidad en la Calle 13 con Carrera 37. ¿Esto incluye al personal que programa las citas y a los abogados; bueno, por lo menos los que me atendieron¿, concluye Peláez. 

El consejo
Realice los trámites usted mismo y no le dé los papeles a nadie diferente de la persona en la ventanilla.
 

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