Hay que aterrizar el impacto de los TLC

Hay que aterrizar el impacto de los TLC

Redacción Motor

08:31 p.m. 24 de octubre del 2011

  La aprobación del TLC con los Estados Unidos volvió a suscitar toda suerte de especulaciones entre la gente acerca del eventual comportamiento del mercado de precios y vehículos en el futuro inmediato. Inclusive se leyeron comentarios en los cuales asimilan al TLC con la apertura inmediata de una puerta para que el país se inunde de automóviles más baratos.

No está por demás volver sobre el tema y dejar las cosas claras alrededor del tratado que entrará en proceso pronto como con el que se está cerrando con la Unión Europea, que debe estar firmado en pocos meses. Con Europa solo sucederá si el gobierno expide las normas que ese convenio le impone sobre los porcentajes futuros de etanol y biodiésel en los combustibles que la Unión Europea ha puesto como condición "sine qua non" para proceder a su implementación y que deben estar promulgadas a partir del próximo primero de enero. Condiciones que no son un capricho de negociadores sino las que la tecnología actual dicta a nivel mundial y en las cuales, hasta el momento, el país hace un inexplicable "cambuche aparte".

EL TLC con Europa, como el de Estados Unidos y el de Canadá que ya rige, también entrará por el mismo marco de desgravación gradual de los aranceles de exportación, lo cual, en plazos entre 8 y 10 años, dejará a los carros que tengan ese origen, manufactura y componentes integrales con su pasaporte, en la misma condición en que hoy están los mexicanos en Colombia y en la cual se venden los ensamblados localmente.

Estos dos convenios no son tan sensibles para el entorno industrial nacional pues la gran mayoría de los carros "made in USA" ya se están vendiendo en Colombia sin aranceles y sin cuotas por la vía de México y allá se agregarán en poco tiempo algunos modelos que pueden faltar.

Además, el TLC con Estados Unidos les abre las puertas a los carros japoneses que se hacen en ese país, Nissan, Subaru, Honda y Toyota, por lo cual los fabricantes nipones no se sienten tan lesionados por un trato discriminatorio hacia sus marcas.
También de Estados Unidos deben llegar con favorabilidad algunos Mercedes, Hyundai y BMW que tienen plantas allí.

Los europeos como Volkswagen y Fiat (no hechos en México), Peugeot, Volvo, Renault, Citroën, BMW, Mercedes, Audi, Porsche y Seat, entre los grandes, tendrían el mismo trato y quedarían nivelados en el mercado nacional con su competencia al cabo de una década. Queda por ver el desarrollo de las conversaciones con Corea pues ese tratado sí tiene una gran incidencia sobre la viabilidad de las ensambladoras nacionales, especialmente de Mazda, que se queda sin corresponsales en el desmonte de aranceles y de Colmotores, que podría preferir importar todos sus autos de ese origen en vez de fabricarlos acá con la consabida caída del empleo calificado y del cierre de los autopartistas que los proveen.

Con este panorama de que habrá carros más baratos, la gente se precipita a una conclusión sobre la avalancha de vehículos que, creen, se avecina. Pero no hay tal pues para que las ventas se disparen se requiere que la capacidad de compra tenga el mismo detonante, la cual no va a cambiar súbitamente ni en proporciones como para que, de un día para otro, aparezcan cien mil o más compradores adicionales de autos. Lo que va a suceder es que su opción para escoger va a ser mucho más amplia ya que vehículos cuyo precio hoy está fuera de alcance, poco a poco se acercarán a los similares que en este momento navegan en la comodidad y desproporción del pago de un impuesto diferencial. Los TLC no son un cheque adicional para que los compradores se lancen a comprar sino una ventana más amplia de oportunidades para partir el ponqué en pedazos más pequeños y con mayor probabilidad de sabores. Si el mercado crece en los mismos ritmos de este año es porque la economía anda y Colombia necesita vehículos, no por efecto inmediato de los tratados. Aunque, obviamente, si el comercio exterior empuja más en el largo plazo, la necesidad de transporte de carga debe subir.

Lo claro es que en el mercado de los usados en pocos años habrá otro sacudón porque a medida de que los carros nuevos de referencia de cada modelo -de los que se verán cobijados por los TLC- comiencen a bajar, así sea a cuentagotas, van a caer en la reventa de manera notoria todos sus descendientes porque efectivamente el nuevo costará algo menos cada año y porque en la proyección la gente tiene que calcular que cada 12 meses llega un obligado recorte del valor de importación. Aunque de momento serán mucho más significativas e impactantes las variaciones del dólar y el euro que las del arancel.

Comenzamos a acercarnos a un mercado más coherente con la situación mundial del automóvil pero seguimos rodando en una infraestructura franciscana y rigiéndonos por normas muy obsoletas y al mando de un gobierno que, en materia automotriz, sigue sin apuntalar sus políticas por la simple razón de que no las tiene, ni sabe cómo ni hacia dónde conducirlas. En este campo, ya que están en contacto con los países avanzados en la materia, deberían aprovechar la otra vía de los tratados para implementar acá toda la normativa técnica internacional del automóvil que ya está inventada. Y que, además, debe ser consistente con la de quienes serán nuestros socios.

Ahora que nuestros dirigentes están en contacto con los países avanzados en materia automotriz, deberían aprovechar la otra vía de los tratados para implementar acá toda la normativa técnica que ya está inventada. Y que, además, debe ser consistente con la de quienes serán nuestros socios.

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