¿Hay crisis en la calidad de los vehículos nuevos?

El director de Motor, José Clopatofsky, comenta sobre la vulnerabilidad que afecta a los vehículos modernos por la cantidad de tecnología que incorporan pero que debe ser entendida en su justa medida.

Redacción Motor

09:56 p.m. 18 de enero del 2011

Hace ya varios años, el presidente mundial de Toyota había advertido que la cantidad de electrónica y la complejidad de los sistemas de los automóviles modernos estaba conduciendo a la industria a unos problemas de calidad muy difíciles de manejar.
Tiempos después, su compañía, reputada como de las mejores en controles de producto tuvo conocidas dificultades en millones de sus vehículos.

El caso de Toyota, como el que ha afectado recientemente a una familia de motores de BMW fabricados en años anteriores, ha tenido una gran repercusión internacional y local porque han sido presa de los medios para los cuales un problema de estos es una excelente oportunidad para alimentar las audiencias.

Es lamentable que alguna marca en cualquier nivel tenga estos contratiempos, sobre todo cuando se supone que todas las tecnologías de diseño y fabricación de los miles de componentes de cada carro son una certeza de perfección y larga vida de las partes. Esto es verdad y se refleja en la cada vez mayor confiabilidad de los autos, de las garantías extendidas en el tiempo y la distancia que atienden los fabricantes. Antes, los carros tenían un amparo de seis meses, y un año en marcas generosas, y usualmente 20 mil kilómetros, lo cual es ahora la fecha para la primera revisión.

Pero en mecánica siguen existiendo fierros que no son infalibles y la estructura de la industria que funciona en un alto porcentaje con la figura de "outsourcing" en la cual son proveedores externos los encargados de suministrar las partes, dificulta el control cualitativo permanente en millones de componentes.

Por ello, desde su invento, el automóvil ha sido siempre objeto de correcciones y revisiones, llamadas "recalls" o campañas de servicio que en el curso de la vida y uso de las partes de un vehículo cambian o modifican componentes que han presentado fallas recurrentes.

"Recalls" los ha habido, y seguirán llegando probablemente más, no necesariamente en número, sino en notoriedad, pues con los medios de comunicación a la mano e inmediatos, estas fallas se reportan y difunden masivamente en pocas horas. No solo en autos. Recuerden, por ejemplo, los defectos de los modernísimos Iphones hace unos meses, oriundos de la "perfecta" Apple. Estos casos en el pasado se reparaban como boletines aislados y confidenciales que las marcas manejaban con mucha discreción y pudor para salvaguardar su nombre.

El cliente también ha cambiado su actitud frente el automóvil. En la medida en que este avanza en accesorios y sistemas de seguridad y funcionamiento, para el usuario es inaceptable que haya problemas. Hace años compraba el carro a sabiendas de que tenía que invertir de manera permanente en su servicio y reparación y, además, por su cuenta.

También hay una equivocada percepción sobre la relación directa entre precio e infalibilidad. Es cierto que en los autos de gamas altas también se paga una buena suma por su ingeniería, manufactura y nivel de los materiales. Pero hay elementos comunes en los cuales no hay diferencia, especialmente en materia de seguridad, entre fabricantes serios y reputados. Por ejemplo, un airbag tiene que prestar la protección básica similar tanto en un Rolls Royce como en un carro barato o los frenos deben funcionar proporcionalmente con la misma eficiencia pues no sería explicable que se presentaran diferencias en cosas que conllevan la salvaguardia de la vida de los ocupantes de un carro.

También hay un contrasentido que para la gente no es tan asimilable. Mientras más sofisticado es el automóvil, más vulnerable puede ser. Por ejemplo, una silla de conducción puede tener ocho motores para regulación y el conjunto de un vehículo puede llevar más de cincuenta unidades motrices adicionales, para citar solo un ejemplo menor. A eso se refería el presidente de Toyota. Ese cúmulo de accesorios son puntos muy sensibles desde el punto de vista operativo y en muchos casos, superfluos e innecesarios para el funcionamiento del vehículo.

No se trata de justificar ni de perdonar esas fallas de los autos modernos, pero sí hay que saberlas interpretar y no ponerlas simplemente en la relación precio-problema. Lo que sí es imperativo es que existan los remedios oportunos y satisfactorios para atenderlos con toda la prontitud y claridad, sin rodeos.

FRASE

"Hay un contrasentido que para la gente no es tan asimilable. Mientras más sofisticado es el automóvil, más vulnerable puede
ser".

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