¿Hay suficiente prevención?

¿Hay suficiente prevención?

Redacción Motor

07:05 p.m. 06 de agosto del 2013

Los recientes y lamentables accidentes que se han vivido, no solamente con la intervención de conductores embriagados sino también con la incidencia de vehículos con evitables problemas mecánicos, como el de la buseta que literalmente aplastó un carro particular, han desatado con justa razón toda una oleada de protestas, comentarios y propuestas para ponerles un mayor control y sanción a esas dolorosas situaciones.

La gran mayoría está enfocada a penalidades y responsabilidades aplicables cuando el accidente está causado y ya es un daño irreversible. O sea, los efectos de estas medidas –si se toman– van a ser intimidantes y disuasivas, pero posiblemente no ataquen la raíz de estas calamidades que, además, por la errática aplicación de los procesos judiciales, los convierte en unos sucesos mediáticos en los cuales quedan al descubierto las inconsistencias y diferencias de criterios y acciones de los encargados de aplicar las normas actuales. Que no son laxas si se ejecutan con rigor y equidad. Aunque pueden ser mucho más severas.

Dentro de las propuestas posaccidente que estudia el Gobierno están las de afectar el costo de las primas de seguros, lo cual no es algo que vaya a controlar a los choferes alicorados, pues las pólizas no cubren daños ni perjuicios cuando el conductor está fuera de sus cabales.

Otra es la de sancionar el vehículo con la enajenación o sacarlo temporalmente de circulación, idea tan idiota como la de vender el sofá de la casa para castigar malas costumbres domésticas. El vehículo no tiene ninguna culpa, y aplicar una sanción de ese tipo puede perjudicar a personas que nada tienen que ver. Como a alguien que ha prestado su auto, a quien tiene un conductor, a quien no ha formalizado el traspaso de propiedad y hasta a todos los ciudadanos si se trata de un vehículo oficial, que es propiedad pública.

Es el momento de analizar bien el entorno legal y operativo en el cual se desarrolla esa parte de nuestra movilidad. Por supuesto que las sanciones personales deben existir y prevenir, como sería la suspensión de la licencia de conducción a quien incurra en la falta. Igualmente la multa por haberla cometido debe ser cuantiosa y ejemplar sin necesidad de que medie un accidente. Y cargar con los agravantes si causó un percance en un estado impropio para manejar y más si proviene de ingerir licor.

Pero los controles son muy débiles. Los retenes de la policía operan a la hora de la fiesta en sitios obvios, evidentes y, por lo tanto, eludibles. Las ciudades en la noche son un caos de tránsito cuando los taxistas se pasan todos los semáforos en rojo, hacen gavilla y bloqueos en las esquinas, andan a altas velocidades y la situación es de sálvese quien pueda, por lo cual el escenario para un accidente, con o sin trago, está instalado por falta de autoridad, que en esos horarios disminuye su personal y presencia.

A la vez, muchos de los vehículos que circulan son tan peligrosos por su mal estado mecánico como una botella de licor en un organismo humano. La forma como muchos motociclistas manejan es un tobogán hacia el accidente en el cual siempre el primer señalado es el conductor del automóvil, cuando puede ser la víctima. Muchos peatones ebrios, que hacen fiesta en los andenes y la bailan en las calles, son también un peligro ambulante y sus erráticos pasos pueden meter a un automovilista a la cárcel si tiene la mala suerte de atropellarlo.

En fin. Hay tanto por prevenir y anticipar, sin que ello quiera decir que no haya sanciones equivalentes y proporcionales, que bien vale la pena mirar estas situaciones con menos calenturas y más universalidad para que el control de esta peligrosa mezcla de carburantes en las personas no sea algo circunscrito a hechos cumplidos o a intimidaciones que muchos ignoran.

Por ejemplo, el Ministerio de Educación nunca puso en sus colegios la cátedra que la ley le exige sobre cívica y comportamiento en la vías, con la cual desde la infancia las personas adquirirían una conciencia de sus deberes y responsabilidades. En los exámenes para la licencia de conducción de automóviles no hay ni un solo cuestionario sobre las normas de tránsito, y las de motos las entregan con el recibo de pago. La revisión técnico-mecánica es algo cuya eficacia está por verse.

No se puede desconocer que es mucho lo que se ha avanzado en prevenir el licor al volante, ni mucho menos que existe una conciencia más profunda entre los ciudadanos que acuden a choferes particulares para regresar a sus casas luego de haber ingerido alcohol. Las aseguradoras tienen unos programas de apoyo gratuitos y hasta la policía ofrecía el servicio de "angelitos", y el conductor elegido es hoy algo ya presupuestado.

Pero hay que hacer más tareas antes de las tragedias, con programas educativos correctos, acciones preventivas más eficaces, y luego un régimen sancionatorio justo, proporcional y, sobre todo, debidamente ejecutado.

FRASE:
"HAY QUE hacer más tareas antes de las tragedias, con programas educativos correctos, acciones preventivas más eficaces, y luego un régimen sancionatorio justo, proporcional y, sobre todo, debidamente ejecutado".

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