Impresionante radiografía de la complejidad de los sistemas que un piloto regula durante una carrera

Los consumos de gasolina, el débito eléctrico, las suspensiones, la tracción, todo debe graduarse vuelta a vuelta. Y, además de eso, manejar el carro a las velocidades más altas posibles en una pista.

Redacción Motor

04:46 p.m. 22 de abril del 2014

¿A qué horas manejan?

Están muy lejos los tiempos cuando a un piloto le bastaba echar una ojeada ocasional a los indicadores de la calentura del motor y la presión del acei­te, que eran y son las variables fundamen­tales de la máquina, porque las revolucio­nes se controlaban casi siempre al oído y por el punto de la pista. El resto era tra­bajo manual: pasar los cambios con doble embrague y punta y taco entre el acelera­dor y el freno, poner las ruedas en el sitio perfecto con un timón simple y elegante. Y pare de contar. Ni siquiera había radios.

Hoy, los F1 son unos aparatos que no le caben en la cabeza a uno ni tampoco a muchos de los grandes ingenieros de la velocidad. Por ejemplo, la tercera carrera de este año ya despachó al director de Fe­rrari porque el auto 2014 pena por seguir al pelotón de los motores Mercedes.

La planta motriz, compuesta por un motor de combustión y el aporte eléc­trico generado por dos sistemas de recu­peración de energía cinética y térmica, tiene enormes variables de rendimiento, por lo cual el piloto debe graduar desde el timón muchos sistemas de tracción, de la acción del diferencial, el consumo, la entrada de los frenos traseros, que ahora son manejados por computador. Y etc.

Basta con leer –si lo logra– toda la infografía pa­ra hacerse una idea de lo que tiene que hacer una persona debajo de un casco y amarrada a un tabaco de fibra de carbono para poder al menos sacar el carro de los pits. Ni hablar de correrlo.

En solo tres años, el cambio de los mandos de los F1 tuvo un giro dramático. A tal punto que el timón del McLaren del 2011 parece sencillo junto al del Sauber actual. Y ese ya era bien complejo.

DATOS
El puesto de mando del Lotus 33 de Jim Clark en el mundial de 1966. Eran los tiempos en que todo lo que el carro hacía en la pista lo ordenaba el piloto. Ahora, computadores regados por todo el mundo meten ‘mano’ en un Fórmula 1.

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