¿La industria de los comparendos?

La semana pasada se dio un episodio muy indicativo de la forma como en el gran fondo del asunto funciona en el país la industria de los comparendos.

Redacción Motor

04:26 p.m. 09 de septiembre del 2014

Unos audios que se difundieron en la FM con conversaciones sostenidas en el entorno del mayor Gilberto Pulido, comandante operativo de Tránsito (?) de Bogotá, en los cuales se oye la exigencia proveniente de la Secretaría de Movilidad de imponer 4.000 comparendos diarios en la ciudad, pusieron el asunto en las antenas.

Naturalmente, así todo eso fuera cierto, vino la cascada de rectificaciones por parte de la dirección de la Policía, la Secretaría de Movilidad y autoridades del Distrito, desmintiendo que haya amenazas de crear un cuerpo de “policías azules” paralelo a los policías oficiales para aumentar el recaudo de multas en la capital.

Nuestro buen “amigo en el camino”, el general Palomino, ahora comandante de la Policía Nacional, dijo textualmente: “A través de audios el país se ha venido enterando de un hecho infortunado e inadmisible en todo sentido, toda vez que la Policía jamás puede ni permitirá recibir presiones de ninguna naturaleza, ni dentro de la misma institución para hacer cumplir la ley, ni tampoco permitir presiones externas en medio de un convenio o contrato o de la misma ley”.

Es lo que corresponde a su fuero, cargo y pensamiento, pero en su declaración el general no desmiente que existan las presiones sino más bien las acepta, aunque las califica como intolerables. Por su parte, la Alcaldía, con su usual desdén, dijo que la plata de ese rubro eran chichiguas que no merecían esas angustias de parte de la Secretaría, y esta misma entidad llamó a la prensa y su titular sentó al lado al general Carlos Mena, director nacional de Tránsito, para desvirtuar lo que se había oído y que muy seguramente es algo que tiene bastante de verdad.

Total, decapitaron en las siguientes horas al mayor Pulido por sus palabras que alguien captó y difundió, en una acción propia de la disciplina castrense, que de ninguna manera disipa las circunstancias, pues es bien sabido que, en Bogotá al menos, ha existido en algunos momentos una cuota de partes mínima por agente, que en un tiempo servía para un fondo de financiación de vivienda o algo por el estilo.

La industria del comparendo no es nueva. Los guardias azules que hay en muchas ciudades y carreteras, los contratistas de cámaras que instalan los municipios para multar los excesos de velocidad y que reparten los “producidos” que deberían ser de destino exclusivo para las arcas del lugar, salen a la calle a poner partes a como dé lugar, tanto que la gente ya no dice que la multaron sino que la “partieron”, tan despiadada es su acción, en algunos casos, o arbitraria en otra buena dosis.

¿Quién se explica que en Bogotá, por ejemplo, pasen con grúas recogiendo carros a la medianoche en zonas residenciales donde los ciudadanos deben estacionar forzosamente en la calle, pues los edificios los hacen sin estacionamientos adecuados?

¿Qué destino o defensa tenemos los usuarios de la carrera 7a cuando empiecen a poner multas por usar un carril delimitado sin ninguna técnica ni consideración dizque para los buses, que suelen andar en tropel y atropellando precisamente por el lado opuesto de la vía sin control ni compasión, y en cambio a uno le ponen comparendo por cruzar hacia el garaje de su casa?

¿Cuál es el afán de hacerle cada vez más imposible la vida a la gen¬te que NECESITA Y DEBE usar su automóvil, pues los Transmilenios se volvieron una feria de calamidades, las puertas de las estaciones no funcionan, la gente roba, empuja y agrede; los buses auxiliares azules viven varados porque son bichos viejos dizque repotenciados, pasan cuando les provoca en serie y desocupados, hacen lo que les da la gana y la gente no tiene chance de moverse?

La Policía tiene 1.000 hombres o algo más para el tránsito de Bogotá, de los cuales hay efectivos unos 500 en acción. Si hacen su misión de organizar, controlar, ayudar, ordenar −que es lo que les corresponde primariamente−, es lógico que no les quede un instante para dedicarse a multar gente por el más mínimo desliz.

Pero que los policías salgan con cuota fija a la calle es inaudito, y eso sucede, así los protocolos y jerarquías deban rechazarlo de oficio. Y que las presiones puedan provenir de esa entidad es más que sabido hace mucho tiempo y se ajustan a su espíritu y actuar, porque la Secretaría de Movilidad de eso poco tiene y su forma de proceder no parece provenir de una entidad con alguna tecnología y sentido común que le permita tratar de hacer fluir esta ciudad que hace tiempos se le resbaló dolorosamente de las manos a esta incompetente administración.

FRASE
“La Secretaría de Movilidad de eso poco tiene y su forma de proceder no parece provenir de una entidad con alguna tecnología y sentido común, que le permita tratar de hacer fluir esta ciudad que hace tiempos se le resbaló dolorosamente de las manos a esta incompetente Administración”.

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