Un inviable país feudal

Un inviable país feudal

Redacción Motor

04:51 p.m. 28 de noviembre del 2011

  Queda uno aterrado y completamente desconcertado con declaraciones como las que leí de un alto funcionario de la CAR, en las cuales dice tranquilamente que "tenemos que acostumbrarnos a vivir inundados con frecuencia". Mejor dicho: la sabana de Bogotá va a ser una piscina con cada aguacero y eso es todo. No hay una sola medida de fondo para organizar el río, recuperar el cauce, canalizarlo o hacer cuanto sea necesario técnicamente para manejar este tema, que no es de hoy. Lo que se ha oído es puro papel o anuncios cuando tienen el agua al cuello.

La leyenda de la región habla de una colosal inundada en tiempos muy pretéritos que colapsó la sabana hasta cuando la magia de Bochica abrió el boquete del Salto del Tequendama y arregló el problema. Luego esto del Niño y la Niña no es nuevo para las entidades que han debido prevenirlo, no hace seis meses sino hace muchos años y corregirlo con medidas de urgencia y determinantes cuando bajaron las aguas de la pasada crisis. Pero hoy solo hay cosas hechas a medias, las carreteras de acceso a la ciudad siguen por debajo del nivel de los ríos, los estudiantes van a clase al borde de las piscinas y todo pretende arreglarse a punta del color de las alertas, el paso de los días y la esperanza de un próximo veranito.

Bien decía el Gobierno central que a las CAR, Corporaciones Autónomas Regionales, había que arreglarlas, reformarlas, acabarlas o conseguirles a los descendientes de Bochica para que las manejen. Porque es imperdonable que, salvo unos cuantos jarillones, la mayoría de origen e iniciativa privada, estamos en las mismas y vamos a seguir igual. Ese sí es un invierno colosal de dirigencia en esas entidades que los angustiados paraguas del eficaz y serio gobernador de Cundinamarca no logran ocultar.

Claro que no son cosas que hagan en tres meses de tregua de las lluvias, pero es que no se ve un plan de fondo ni inmediato en marcha.

El otro tema grave es el de las carreteras. Que la Línea se tapone cada dos horas ya no es noticia, porque lo raro es que haya paso. Esos cerros chorrean barro con cualquier llovizna y la carretera hoy soporta un peso colosal con el aumento de la capacidad y cantidad de los camiones. El pobre ministro Cardona ya debe haber agotado la dotación de botas pantaneras y cascos de su
despacho y solo le falta empuñar el bulldozer para destapar esa arteria en un desesperado ejercicio de cateterismo vial que no acabará de evitar el infarto que significa aislar cada mitad de nuestra tierra.

Colombia es un país feudal. En cerca de 1.000 kilómetros del río Magdalena no creo que haya una docena de puentes para cruzarlo y cada mitad de país queda cortada por distancias increíbles. Y si uno logra pasar del oriente al occidente del río, las dos cordilleras solo tienen tres posibilidades de acceso. Una por la abandonada vía de Sonsón hasta Medellín, intransitable desde cuando la inauguraron porque nunca se pavimentó adecuadamente.

Otra, la frágil ruta del Páramo de Letras, y queda la famosa Línea, que ya no aguanta más y en medio de la cual el anciano puente de Cajamarca, construido hace medio siglo, es un inderrumbable homenaje a la buena ingeniería civil de otros tiempos en cuyas matemáticas no cabían las cifras de circulación de hoy.

Harán pasos, muritos tranca cerros, pero pienso que eso no será más que analgésicos, y el país debe pensar en otras soluciones de fondo. Se necesitan trazados diferentes y alternos y meterse en cosas grandes como poner ferrocarriles de alta capacidad con los debidos túneles y viaductos que solventen la débil geografía sobre la cual pasan las actuales carreteras. Claro que si estamos peleando por 15 kilómetros de tren en Bogotá y a estas alturas el alcalde electo ya piensa cambiarle el rumbo del trazado político que les ofreció a sus potenciales electores por el que le sugiere la alcaldesa saliente, y siguen jugando al tren como si fuera una maqueta doméstica, es totalmente ingenuo y optimista imaginarnos que haya ideas y posibilidades de replantear toda la circulación del país de una vez por todas. Y para siempre. Debe costar fortunas, pero nos las estamos gastando a puchos cada día con la situación de infraestructura actual y el costo de sus diarios colapsos.

De pronto sí tiene razón el funcionario de la CAR en el sentido de que debemos acostumbrarnos a vivir con el agua al cuello y el barro a la cintura pues en todas estas crisis lo único que se ha visto son remiendos y no hay un solo anuncio terminal y con futuro en el Gobierno en el cual la prosperidad democrática puede naufragar si no se pone las pilas.

"La prosperidad democrática también va a naufragar si el Gobierno no se pone las pilas con soluciones de fondo, técnicas y futuristas sobre las carreteras, ni mete en cintura de una vez a las ineficaces CAR".

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