Prueba de manejo a la KTM 790 Duke

De la rutina diaria, que cumple sin quejas, a la envidiable diversión que entrega en carretera. Muy versátil para cualquier manejo.

Por Redacción Motor

11:33 a.m. 16 de octubre del 2018
KTM 790 Duke

KTM 790 Duke

Sexta marcha, velocidad apenas superando las tres cifras. El asfalto va quedando atrás junto con el resto del tráfico de un domingo madrugado. La KTM Duke 790 avanza con sus 105 caballos a un ritmo constante y llevadero mientras el frío viento mañanero golpea el cuerpo y aleja de las piernas el calor expelido por el motor bicilíndrico de 799 cm3.

La topografía del camino muestra las diferentes caras del horizonte a medida que avanzan los kilómetros y sin ser una rutera por naturaleza la 790 es en estos momentos la ideal compañera de un viaje en solitario. Porque además tiene bajo la manga una receta que despierta los sentidos cuando llega la hora de tomar un desvío.

KTM 790 Duke

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Un desvío que de la autopista abierta lleva a la montaña y a la carretera que sigue la ladera con sus curvas. La palanca que navega por los seis cambios empieza a usarse con frecuencia, aunque no el embrague gracias al quick shifter, y salir de cada giro en la marcha indicada y el modo Sport se traduce en una aceleración que lleva a la siguiente curva en poco tiempo.

KTM 790 Duke

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Aun sin tener el mejor tacto los tres discos de freno detienen con fuerza los algo más de 169 kilos de esta Duke, se rebaja el cambio con una suavidad que no pierde esa sensación gratificante, se acerca el posapié al asfalto y la mirada se enfoca en la salida que llega tan rápido como la valentía (y el control de tracción) lo permita. Cómo no querer repetir y repetir.

KTM 790 Duke

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Tiempo después la cola pide un descanso de una silla que poco cede y las piernas aprovechan para respirar aun sin haber sido castigadas por una posición incómoda. Al contrario. El cuerpo se deja caer sobre la moto con naturalidad, los pies algo retrasados y las muñecas (también agradeciendo el descanso) sosteniendo parte del peso del tronco.

KTM 790 Duke

KTM 790 Duke

Volviendo al ruedo la adrenalina recupera su ritmo, hace olvidar el frío e incluso las gotas de una lluvia que no fue, y se repite nuevamente el ritual de enlazar curvas con rapidez; un ritual de goce que no aminora con la velocidad ni el paso de los kilómetros.

Pero sí con el tráfico. Porque las curvas empiezan a desaparecer y después de un rato dan paso a semáforos, tráfico, a un ritmo que desciende junto con las emociones.

KTM 790 Duke

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Al menos la agilidad no se pierde y su tamaño compacto le permite a la 790 escabullirse con soltura entre la rutina que pide a gritos una sexta marcha, curvas entre la montaña y un horizonte que cambia su cara tras cada una de ellas.

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